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Cartas al director

Un mentiroso compulsivo

Antes de nada, debo reconocer que he intentado escuchar al presidente del Gobierno. Vaya, si a un presunto delincuente, antes de finalizar el acto del juicio oral, se le tiene que conceder el derecho a la última palabra, a este señor, que espero ver como, más pronto que tarde, se sentará en su debido momento ante la Sala Segunda del Tribunal Supremo, pues también se merece ser escuchado, políticamente, en sede parlamentaria. Ya vendrán las responsabilidades criminales, llegado el momento procesal oportuno, tras la elevación y concesión del Suplicatorio.

Pero, no le he podido soportar, ni dos minutos seguidos sus mentiras, su desparpajo, su desvergüenza. Pedro Sánchez miente, descaradamente y sin pudor alguno. Ya es que lo hace como el respirar, inspira y a la hora de expirar suelta una cochina mentira. Es incapaz de soltar una verdad en su vida. Los españoles, no solo los ciudadanos de Ceuta, tenemos un serio problema y se llama Pedro Sánchez.

El dilema es claro, y no por una cuestión democrática de alternancia: No es entre izquierda o derecha, progresistas o conservadores. Es permitir que un mentiroso compulsivo nos siga mintiendo, impunamente, a la cara, o echarle de una vez, como sea. Apuesto por lo segundo.