Cartas al director
La rebeldía del amor
Hace una semana me encontraba en medio de un grupo de rebeldes. Rebeldes de los que podrían acusarles de románticos. Aquellos que viven o parece que viven fuera de nuestro tiempo. Los discípulos de Benito de Nursia.
En Leyre hay una abadía, la de San Salvador. Dicho monasterio acoge a poco más de una doce de hombres que cualquiera de nosotros pensaría que han huido del mundo. Que viendo el panorama que nos rodea se han bajado, como dice constantemente Mafalda. Pero nada más lejos.
Esta comunidad benedictina está mucho más en medio de la sociedad que tú o que yo. Aún estando detrás de unos muros gruesos de piedra se hacen cargo de la necesidad de cambiar la sociedad, de hacerla mejor. Pero ellos en vez de acciones directas lo logran a través del ora et labora. De la misma forma que cualquier ciudadano que considere que tiene fe: la oración y los quehaceres diarios.
La radicalidad de su vivir, a ojos de una persona que no tiene una vocación al monacato y pasa unos días con ello, es el amor y la pausa con la que viven cada minuto de su día por esa persona. El tiempo es secundario, lo principal es amar a quién les ama. Dedicando todo el tiempo que sea necesario. Sin prisas. Sin estrés. La rebeldía del amor.
Desde esas paredes románicas de la Abadía de Leyre no solo se oyen sus campanas, sino que el tiempo se transforma, como perseguía comprender San Virila hace unas centurias. La pausa pone orden y te unes a esa rebeldía. El entorno ayuda, pero el ejemplo de estos rebeldes de nuestro tiempo más.
Y como dicen en varias ocasiones en su liturgia de las horas: «Que Dios nos conceda que seamos más en número y santidad». Amén a esa rebeldía.