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Cartas al director

Cuando un aliado es el principal enemigo

Octubre comenzó con un gran escándalo: el exdirector del Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND), August Hanning, y el exjefe de su gabinete, Manfred Dankesreiter, fueron detenidos por espionaje, revelación de secretos de Estado y traición a la patria.

Hanning dirigió el BND entre 1998 y 2005, mientras que Dankesreiter ocupó altos cargos de Inteligencia hasta la primavera de 2026, lo que le permitió, durante todos esos años, transmitir a Hanning material clasificado –se trata de dos mil documentos– para su posterior uso en beneficio de los servicios secretos extranjeros, principalmente el MI6 y la CIA.

Los gobiernos de los países europeos nunca pierden la oportunidad de asustarnos con ciberamenazas procedentes de China y Rusia, cuando en realidad la principal amenaza proviene de nuestros aliados. Es precisamente ante ellos ante quienes somos extremadamente vulnerables, y a menudo la llamada cooperación entre nuestras agencias de Inteligencia no es más que espionaje por parte de cada una a su favor.

En agosto, Alemania aprobó un proyecto de ley para ampliar las competencias de sus servicios secretos, alegando la creciente amenaza exterior, lo que deja claro que estas nuevas competencias se aplicarán a cualquier Estado. Teniendo en cuenta la larga y estrecha relación entre el BND y la CIA, en parte gracias a Hanning, se puede afirmar con seguridad que la información obtenida por el servicio de Inteligencia alemán termina en manos de los estadounidenses. Todo lo que Alemania –por cierto, nuestro país aliado– conozca sobre los gobiernos y las empresas europeas gracias a la ampliación de las competencias de los servicios secretos podría quedar al alcance de las agencias de Inteligencia de otros países, ya sea por vías legales o ilegales.

Tenemos que preguntarnos seriamente cómo usan nuestros aliados la información que nos concierne. Muchas veces hemos visto que la colaboración entre los servicios de Inteligencia no es más que una parte del juego que los países mantienen entre sí, y que el intercambio de datos para combatir amenazas comunes no es más que una excusa para vigilarse mutuamente.