Cartas al director
La estética descarrila la ética
¿Cuál es la estética de una tragedia ferroviaria? Es el acero retorcido. Es la maleta abierta, el asiento vacío, el teléfono que sigue sonando.
Ha pasado una semana desde Urda. Las cámaras se han ido y queda el dolor. Empieza el turno de la ética.
Kierkegaard distinguía entre el hombre estético, que vive pendiente del instante y de la impresión, y el ético, que responde de sus elecciones. Lo recordé al oír al ministro hablar de su «calvario» político. El calvario, señor ministro, es el de las familias que han tenido que ir a recoger los restos de sus seres queridos.
El presidente calificó de «inasumible» lo ocurrido. Estamos de acuerdo. Pero Weber lo dejó escrito hace más de un siglo: quien gobierna responde de las consecuencias de sus decisiones. Si algo es inasumible, alguien tendrá que asumirlo.
No pido dimisiones a la ligera. Pido que nadie se esconda detrás del «yo no he sido».
Las familias de las 115 víctimas de este año no necesitan más imágenes. Necesitan la verdad y a alguien que la firme. Me sumo al grito del padre de uno de los jóvenes fallecidos: «Asuma ya de una santa vez la responsabilidad».
Cuando la imagen pesa más que la responsabilidad, también descarrila la ética.