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Cartas al director

De Jesús de Miguel y Fátima Báñez

En el mundo hay guapos, feos, altos, bajos, simpáticos, antipáticos, buenos, malos y peores.

Un tal Alberto Ibáñez con estudios de no sé qué –como comprenderán es que entonces no ha sido capaz de acabar nada y se ha colocado donde nada exigen, en la política– ha hecho un elogio fúnebre a Fátima Báñez a la altura de sus méritos académicos y exponente de su cobardía, bajeza y maldad. Tampoco podíamos esperar menos de este Pericles a lo Compromís.

Uno quiere escribir de algo y después deriva a otras cosas.

El motivo era el fallecimiento de Jesús de Miguel. No sé cómo sucedió y si fue pura mala suerte o algo más.

Hoy ha sido un fallecimiento, mañana puede ser una fractura que retire para siempre a un jugador… En muchos casos, gajes del oficio, como sanitarios que, a pesar del uso de todos los EPP, se contaminan o los chóferes que mueren en la carretera a pesar de cumplir exquisitamente la ley, un reventón, una carretera en mal estado, un loco que se salta un stop…

No soy árbitro, no soy entrenador, no soy jugador y mis conocimientos de la materia son mínimos, pero ahora que todos nos lamentamos de que Adamuz y Urda se podían haber evitado si el latrocinio y las medidas preventivas no hubieran ido en direcciones opuestas, me atrevo a sugerir algo: en el relativo poco tiempo que lleva instaurada la medida, defensas y porteros y, claro, también los delanteros del equipo contrario, se han jugado el físico para que después se pitara fuera de juego.

Lo de Jesús, aparte de terrible mala suerte podía, si no haberse evitado —no conozco, repito, cómo se comportó el portero— haber sido gratuito si después de la patada pitan fuera de juego

Ahí lo dejo.