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13 de junio de 2024

Editorial

Un Gobierno insostenible

El enésimo espectáculo entre el PSOE y Podemos es inadmisible y retrata a un Gobierno que genera inmensos problemas, pero nunca paga la factura

Actualizada 01:30

El enfrentamiento público y destemplado entre los dos socios de Gobierno, ya prácticamente por todo, es una falta de respeto a la ciudadanía, tanto por las formas cuanto por el fondo.

Porque esa división no procede de una desigual manera de afrontar los formidables problemas que padecen la sociedad, los hogares o las empresas; sino de las estrategias electorales de cada uno y del temor a que queden afectados por las leyes que ambos aprobaron, delirantes desde un punto de vista ideológico y funestas a efectos prácticos.

Que ese choque, obsceno, se represente en el mismo Congreso, denigrado de antemano por las andanzas del Tito Berni y su trama, demuestra la ausencia de límites en el PSOE y Podemos, auténticas trituradoras de la imagen, el prestigio y el buen funcionamiento de todas las instituciones españolas.

Desde el Poder Judicial hasta la Corona y, ahora, las Cámaras de representación popular, han sido mancilladas de palabra y de obra por una coalición desnortada, insensible a las necesidades reales de los ciudadanos y generadora de reiterados desastres por los que nunca paga un precio.

Porque si Podemos piensa del PSOE que es un partido machista entregado a la «ultraderecha», ¿por qué no se marcha del Gobierno? Y si los socialistas asumen que su socio ha perpetrado una ley en favor de los delincuentes sexuales y, lejos de ayudar a enmendarla, se empecina en defenderla, ¿por qué mantiene en el Consejo de Ministros a semejantes peligros públicos?

La cohesión gubernamental obedece, en exclusiva, a la indisimulada ansia de poder que mueve a los dos partidos, sin ningún proyecto compartido pero, también, sin ningún afán por pagar la cuenta que sin duda cargan en la ciudadanía, ya a un precio insoportable.

España no se merece gobernantes de tan poco nivel político, intelectual y moral, como resume la desoladora estampa del Congreso: dos ministras de Podemos abandonadas por el resto de sus compañeros y el presidente ausente para subsanar el estropicio creado por él mismo. Ausente hasta el punto de no votar. Sería bueno saber si su grupo parlamentario le va a sancionar por su ausencia o cuál es la excusa que presentó para no tener que votar a favor de reformar la ley que él mismo promulgó.

Que el PP actuara como salvador de una reforma imprescindible, con Vox también dispuesto a hacerlo de haber sido necesarios sus votos, retrata del todo a Sánchez y a su descompuesta coalición.

Porque ha sido la oposición, pensando en los intereses de las mujeres y no en las expectativas electorales propias, quien ha tenido que rescatar a Sánchez de sí mismo, de sus decisiones, de sus socios y los estragos que todo ello junto genera.

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