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12 de junio de 2024

editorial

Sánchez devalúa España ante el mundo

Al conflicto con Argentina le añade otro con Israel, y todo por proteger la escandalosa trayectoria de su mujer, bajo sospecha, pese a todo

Actualizada 03:41

Apenas 24 horas después de desatar un conflicto internacional con Argentina, Pedro Sánchez desató otro con Israel al anunciar que España reconocerá oficialmente al Estado palestino el 28 de enero, en compañía de Irlanda y Noruega y al margen de la Unión Europea, los Estados Unidos y la OTAN, los tres ámbitos naturales de acción exterior de nuestro país.

Los dos conflictos obedecen, en exclusiva, a la perentoria necesidad del líder socialista de desviar la atención de los negocios de su mujer, Begoña Gómez, aunque sea al precio de someter a España a unas tensiones internacionales simplemente inaceptables.

Porque ni Europa ni América han negado nunca la existencia de Palestina, por mucho que Sánchez se presenta ahora a sí mismo como inductor de una vanguardista solución, pero el universo musulmán jamás ha aceptado su coexistencia con Israel, amenazada por un integrismo que solo aspira a su exterminación.

El Estado hebreo tampoco ha puesto pegas desde hace décadas a la creación formal de un Estado que una Cisjordania y Gaza y tenga por capital una parte de Jerusalén, pero nunca ha logrado que el fundamentalismo acepte esa convivencia, practicada de hecho por Israel al ceder en su momento la franja gazatí y albergar en su seno a cientos de miles de palestinos, sin ninguna reciprocidad.

Que Sánchez se permita ahora saltarse el guion, emprender un camino unilateral e intentar colgarse una medalla solo es una prueba más de su frivolidad, especialmente dañina en ámbitos que superan su tradicional impostura doméstica y perjudican la geopolítica mancomunada que cabe esperar del líder de una de las naciones más señeras del mundo.

Ahora, en los centros de decisión internacionales, se percibirá a Sánchez como un negligente capaz de alterar el delicado ecosistema político global, en un momento especialmente delicado, por razones íntimamente relacionadas por la falta de ejemplaridad propia y de su esposa, que es el origen evidente de este nuevo volantazo diplomático.

Que Hamás, una organización terrorista cruel como pocas, se haya felicitado de la decisión de España, es suficiente indicio de la deplorable decisión de Sánchez, acostumbrado a transformar los asuntos de Estado en un recurso más para su propia supervivencia. Sánchez ha destrozado en un día la hermandad con Israel y Argentina, ha puesto en duda la solvencia de España y, además, no ha logrado ni despistar a la ciudadanía con Begoña Gómez, ni ayudar en un conflicto en el que todo el mundo sufre, sin duda, pero en el que un dirigente serio ha de estar del lado de Israel. Siempre.

Dar este salto internacional al margen de los aliados tradicionales de España cuando, además, Hamas mantiene secuestrados a más de cien israelíes tras haber asesinado vilmente a miles, añade una gota de iniquidad a una decisión adoptada a la desesperada por un negligente que está dejando por los suelos la imagen de seriedad que cabe esperar de un país como España, ahora devaluado, desgraciadamente, por su propio Gobierno.

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