Andalucía exige en nombre de toda España que Sánchez se vaya
Un tercio de los españoles ha votado desde diciembre en distintas regiones con el mismo resultado: quieren otro Gobierno con urgencia
Con o sin mayoría absoluta del PP, la victoria de la derecha en Andalucía es en cualquier caso abrumadora, tanto como la debacle del PSOE y de la izquierda en su conjunto: 68 diputados en un bloque, los populares junto a los de VOX, solo 41 en el otro, el de la izquierda extrema.
Más allá del reparto exacto de escaños por siglas y de la lectura que cada una de ellas haga, lo cierto es que una opción ha arrasado y la otra se ha desplomado: en 1982 el PSOE logró 60 diputados; hoy se despeña y pierde más de la mitad, hasta convertirse en una fuerza irrelevante a efectos de Gobierno y de oposición, con el añadido simbólico de que la cara de ese fracaso es la mano derecha de Pedro Sánchez, lo que hace aún más visible su propia derrota.
Juanma Moreno ha revalidado con rotundidad su victoria, y además ha enviado al sótano del descrédito a un emblema del sanchismo, remitiendo junto a VOX un mensaje para toda España: entre Andalucía, Castilla y León, Aragón y Extremadura ha votado ya el 33 por ciento de los españoles desde diciembre, y en todos los casos con idéntico balance: la derecha arrasa y la extrema izquierda, encabezada por un PSOE radicalizado, se desploma.
Un político decente y responsable tomaría nota de ese plebiscito reiterado y procedería en consecuencia. Esto es, disolviendo las Cámaras y convocando Elecciones Generales anticipadas, sin apurar el ciclo natural, con un año aún pendiente de calvario. Pero ese tipo de dirigente no hubiera forzado su propia investidura, en 2023, compensando su derrota en las urnas con un cambalache de escaños por prebendas que encaja en la aritmética legal, pero defrauda el espíritu del pacto parlamentario.
La ausencia de una mayoría parlamentaria estable y la imposibilidad escandalosa de aprobar Presupuestos Generales del Estado en toda una legislatura es la prueba de que Sánchez carece de escrúpulos y sacrifica los intereses de España por los suyos propios, espurios y dañinos.
La conclusión es que estamos en un momento de excepcionalidad democrática dramática, con un Gobierno roto, paralizado, dividido y entregado a los caprichos de partidos irrelevantes cuyo único interés en mantener a Sánchez en La Moncloa radica en utilizarlo para culminar sus planes, todos ellos contrarios a la Constitución.
Y lo cierto es que, ante esa evidencia, los españoles reaccionan allá donde les dejan con un mensaje contundente: revocar a Sánchez, aislar a sus socios y entregar el mando de forma abrumadora al PP o a la suma de éste con VOX, con índices de apoyo históricos en Comunidades donde la izquierda llegó a ser más que hegemónica.
La reacción de Sánchez a esta evidencia es la misma que le llevó a forzar sus investiduras tras clamorosas derrotas en todos los ámbitos, sean nacionales, municipales, autonómicos o europeos, con la excepción del año 2019 y de Cataluña: despreciar la opinión de los ciudadanos, forzar mayorías artificiales y emprender una deriva antidemocrática para encajar sus expectativas en un tablero de juego inédito en el que las urnas, de repente, no son decisivas.
El mensaje autoritario del líder socialista es obvio desde su primera derrota en 2015, y los movimientos que ha hecho desde entonces solo sirven para devaluar el Estado de Derecho, convirtiendo sus reglas y sus contrapoderes en una especie de molestia conspiradora que conviene anular, en nombre de una falsa democracia que solo él representa.
El pulso al sentido común, a la separación de poderes y a los propios ciudadanos ha alcanzado así unas cotas inéditas que conviene no minimizar, pues evidencian unas intenciones capciosas a las que no se adivina límite. Sánchez tiene la obligación de convocar Elecciones hoy mismo, pero buscará la manera de demorarlo y llegar a ese momento con ventajas arteras que la oposición y la sociedad civil deben anular: Andalucía, como antes tantas otras regiones de España, han marcado el camino de la resistencia al abuso y de la certeza del relevo, que es ya una urgencia nacional.