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23 de abril de 2024

En primera líneaRicardo Martínez Isidoro

¿Una Francia inquietante?

La reciente propuesta del presidente Macron en Estocolmo sobre la posibilidad de poner a disposición de Europa la capacidad de disuasión nuclear francesa, podría interpretarse como un nuevo episodio de la construcción de una Defensa Europea

Actualizada 01:20

Convivir con los vecinos no es fácil; con los países con cierto sentido de dominio, intelectual, religioso, militar, económico, etc., arriesgado, como se puede contemplar en la Historia reciente con visión equilibrada; en ocasiones te invaden o te causan quebrantos inasumibles. La diplomacia moderna debilita las consecuencias de estos litigios desagradables y los torna, en su éxito supremo, en amistad internacional, o en cooperación colectiva, incluso en Defensa.
Este es el caso de Francia, no pretendo decir que lo era, puesto que estimo que se trata de un impasse estratégico de nuestro gran vecino del norte, pero hay ciertos signos que inquietan, o vienen inquietando; en algún caso nos relacionan directamente y en otros se refiere a la pérdida de una potencialidad de la que siempre han hecho gala los franceses.
Entre los que nos afectan, parece que se repiten acciones hostiles que nos muestran una Francia desconfiada, de nuestro respeto a las normas comunitarias en materia de agricultura, de nuestros productos, cuidadosamente elaborados, estoy seguro, desparramados en las carreteras francesas, de nuestros vinos, de los mejores de Europa, corriendo libres por los suelos galos, como «hemorragias» en nuestra reconocida amistad; lo corroboran la actitud de la Gendarmería Nacional, de indiferencia sobre estos actos, y los comentarios de altos cargos de nuestros vecinos, denigrando nuestras hortalizas, en algún caso por personajes que estuvieron muy cerca de algún presidente de la República, declarado amigo de España.
Estas visiones, muy desagradables en un amigo y socio, recuerdan a las acciones de los sindicatos franceses del campo en los años 80 del siglo pasado, como el FNSEA («gaullista», en este caso), cuando se negociaba duramente con Francia nuestro acceso a la entonces CEE, con el embargo intelectual, contra España, del apoyo de Francia en la lucha española contra ETA, que costó tantos esfuerzos conseguir.
Ilustración Macron

Paula Andrade

He vivido en París varios años y lo frecuento; en mi familia todos son bilingües en francés, tengo familia francesa, y me sorprende que después de 36 años estemos en la misma posición de competencia, al mayor nivel, en los asuntos franco españoles.
España ha sido un socio fiel en la CEE y en su evolución la UE, pero las contrapartidas galas han sido exiguas; existe en este nuestro país una tendencia natural a considerar a la Unión Europea como un camino imprescindible para la vida y seguridad de la nación española, de tal forma que estos aspectos constan en los documentos de Seguridad Nacional relativos a la Defensa, como es la Directiva 2020 vigente, que también cita a la OTAN con menor énfasis.
Francia ha sido animadora de la UE, una profunda animadora, con una serie de hitos que han jalonado su incierta existencia, desde la Comunidad Europea de Defensa, el paso intermedio de la Unión Europea Occidental(UEO), donde también estaba el Reino Unido muy activo, la pretendida y fracasada Constitución Europea dirigida por Valery Giscard D’Estaing, hasta llegar a la UE y su transformación para admitir, frágilmente, las cuestiones de Defensa, sin que se hayan definido claramente sus intereses comunes (a 27), ni se haya establecido un concepto estratégico válido que obligue a la gran esfera de control europea, aunque sea de geometría variable.
España ha sido un aliado comprometido y no ha recibido plenamente, de Francia, las satisfacciones necesarias ni los retornos políticos que merecía, así, los ferrocarriles de unión entre ambos países, la Alta Velocidad, sufren de retrasos inexplicables, el Corredor Mediterráneo no termina de establecerse en los tiempos que precisa nuestra economía, los de Pirineos Centrales siguen sin abrirse, el «Catalangate» del gas, fue una ilusión pasajera, su conducción por el Golfo de Lyon a Italia, sustitutiva de la anterior, una promesa sin ejecución.
Tampoco, a nivel político, en los contenciosos nacionalistas, Francia ha tenido detalles de apoyo en estos momentos cruciales, cuando sus propios territorios, catalanes y vascos, están a la espera de desarrollos similares, más lejanos por el acierto galo en la organización de su territorio, pero reales, de los que tendrá que precaverse.
La reciente propuesta del presidente Macron en Estocolmo, el pasado 30 de enero, sobre la posibilidad de poner a disposición de Europa la capacidad de disuasión nuclear francesa, podría interpretarse como un nuevo episodio de la construcción de una Defensa Europea, en este caso nada sorprendente, pues Francia ya lo ha enunciado en otras ocasiones, sin éxito, ahora ante la velada amenaza del candidato Trump sobre un hipotético desistimiento en la intensidad de su participación en la OTAN.
La pérdida de influencia, y presencia en África de los galos, prácticamente abandono, ante la incrementada «asistencia» rusa, vía nuevos mercenarios, y la propuesta nuclear citada, por otra parte inviable desde un punto de vista doctrinal, producen una cierta inquietud en el solar europeo y en España.
  • Ricardo Martínez Isidoro es general de División rdo.
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