Por qué algunas víctimas de la Guerra Civil son reconocidas y otras no
Son reconocidas, o no, en virtud de una Ley de Memoria Democrática políticamente partidaria que, además de reescribir la historia en función de los intereses de quienes la han iluminado, suele premiar a los suyos y despreciar a los demás
Hace unos meses me llamó la atención que el Ayuntamiento de Badalona inaugurara una escultura dedicada a Frederic Xifré i Masferrer, alcalde que fue de la ciudad durante los años 1936 y 1937. Una escultura instalada en la plaza que lleva su nombre en defensa –según informa la nota del Ayuntamiento de Badalona– de su «memoria» y su «reconocimiento». El título de la escultura (La silla o La silla con agujeros de bala), efectuada por el artista Pere Coll, es un reflejo de las vicisitudes padecidas por nuestro personaje. Un retrato de la época que todavía persiste en la memoria –no solo en la memoria, para ser exactos– de muchos españoles. De todo ello, alguna lección y alguna pregunta se puede hoy extraer.
Frederic Xifré i Masferrer –militante de ERC– fue elegido alcalde del Ayuntamiento de Badalona en 1936. Durante los episodios de violencia incontrolada que se desataron en la ciudad al socaire del golpe militar de julio del mismo año –ataque, quema y saqueo de iglesias, conventos, cartujas, colegios religiosos, sociedades recreativas religiosas, propiedades privadas y docenas de asesinatos: el terror se dirigió con especial furia a la gente católica, conservadora y monárquica una parte de la cual fue fusilada–, el alcalde se enfrentó a la barbarie anarco sindicalista izquierdista republicana en defensa de los perseguidos. El alcalde, aprovechando un viaje a Bilbao, huyó a Marsella. Finalmente, regresó a Cataluña instalándose en Alella, cerca de Badalona y lejos de toda actividad política. Fue expulsado de ERC por traidor. Acabada la Guerra Civil, un Tribunal le condenó –el acta del juicio no consta en el expediente– a la pena capital a pesar de que la petición del fiscal era de 30 años de prisión. A pesar, también, de los 17 avales de inocencia presentados –personas de a pie, militares, falangistas y religiosos– al Tribunal. Fue ejecutado el 15 de febrero de 1940.
Señalados los hechos, vuelvo al inicio de estas líneas y pregunto, de nuevo, ¿por qué algunas víctimas de la Guerra Civil son reconocidas y otras despreciadas? Dos respuestas. Primera: son reconocidas, o no, en virtud de una Ley de Memoria Democrática políticamente partidaria que, además de reescribir la historia en función de los intereses de quienes la han iluminado, suele premiar a los suyos y despreciar a los demás. Segunda: son reconocidas, o no, a la manera del Pleno del Ayuntamiento de Badalona que, huyendo del partidismo sectario y corrosivo, aprobó el reconocimiento del alcalde ya citado con los votos favorables de todos los grupos municipales, ya sean de derecha o de izquierda.
Lo indispensable y urgente del asunto que nos ocupa son los principios –extraídos de la práctica del Ayuntamiento de Badalona– que guían el que podríamos denominar método de trabajo democrático en la empresa de la recuperación de la memoria histórica. Cinco principios que se deberían tener en cuenta cuando se trata de recuperar la memoria histórica en la España de Pedro Sánchez y a pesar de Pedro Sánchez. A saber: no hay que descalificar/criminalizar gratuitamente al adversario hasta convertirlo en un enemigo secular que combatir; no hay que utilizar la historia con el objetivo de polarizar a la sociedad en beneficio propio; no hay que sacar tajada política, social, ideológica y electoral de una historia reconstruida a la carta de determinados intereses; no hay que convertir la Guerra Civil en una suerte de merchandising tricolor del cual sacar tajada; no hay que tergiversar la historia con la intención de ganar una Guerra Civil que se acabó hace ya 86 años.
El problema/vicio de la Ley de Memoria Democrática, así como el de la izquierda que la ha alumbrado y encumbrado, es el presentismo. Esa lectura descarada en clave de presente –como si el hoy fuera un bis del pasado– que la izquierda hace de la Guerra Civil. Frente a la lectura desvergonzada de la historia –esa izquierda que juega a ser historiadora y hace un uso bastardo de la misma–, conviene defender el pasado de ese presentismo político e ideológico que domina en la tropa progresista. Conviene desvelar la campaña progresista pro recuperación selectiva de la historia. Conviene defendernos de determinadas recuperaciones del pasado que no hacen otra cosa que esconderlo o tergiversarlo en beneficio de ciertos intereses del presente.
Si hace unos meses me llamó la atención que el Ayuntamiento de Badalona inaugurara una escultura dedicada a Frederic Xifré i Masferrer, alcalde republicano que fue de la ciudad durante los años 1936 y 1937, también me llama hoy la atención que el mismo ayuntamiento no haya hecho algo parecido con, pongamos por caso, la iglesia de Santa María, la de los carmelitas, la de San José, la cartuja de Montalegre, el colegio de los maristas –no vale con el nombre de un hermano en el nomenclátor–, el de las franciscanas, el de las adoratrices, el de las clarisas, el Círculo Católico o muchos ciudadanos que desaparecieron –fusilados en la cuneta de la carretera de La Conreria o en el Campo de la Bota– por obra y desgracia del Comité de Milicias Antifascistas. ¿Por qué algunas víctimas de la Guerra Civil son reconocidas y otras despreciadas?
Miquel Porta Perales es escritor