El interés de los españoles
Nadie quiere la guerra ni la resolución de las controversias políticas mediante el empleo de la fuerza, pero no parece razonable decantarse contra uno de los beligerantes en favor del otro en un pretendido ejercicio de equidistancia que obtiene el rechazo de uno de ellos y la felicitación y el agradecimiento del otro
Vivimos en un período de gran inestabilidad global en el que resulta imposible mantenerse al margen de los múltiples conflictos que se producen en el mundo, tanto en el continente europeo como en el africano, en Oriente Medio o en los países iberoamericanos.
La eficacia de las organizaciones internacionales de Seguridad y Defensa de las que formamos parte, tales como la Organización de las Naciones Unidas, la Alianza Atlántica o la Unión Europea, descansa fundamentalmente en la cohesión con la que seamos capaces de afrontar los múltiples retos que, como miembros de estas, compartimos.
Esta cohesión solo es viable si se cimienta sobre la lealtad con el resto de nuestros aliados, especialmente con los más próximos, los de la Unión Europea, en particular con aquellos de entre ellos que forman parte de la Alianza Atlántica. La postura de España ante estos retos que afrontamos ha de ser analizada y, en la medida de lo posible, compartida con nuestros aliados a fin de consolidar la autonomía estratégica perseguida por la Unión Europea sin dejar de cooperar, por ello, con nuestros otros nueve aliados de la Alianza Atlántica.
Ello ha de contribuir a generar una confianza mutua entre todos que asegure que, sin tener que compartir al 100 % todas nuestras percepciones sobre la realidad internacional, nos reconozcamos partícipes de un mismo modelo cultural, social y filosófico, con las particularidades que cada uno aportamos al mismo, pero con un bagaje común nada desdeñable.
Este bagaje se apoya en una serie de valores compartidos sobre los cuales debemos poner el énfasis de nuestras relaciones y que se sintetizan en la defensa de los derechos humanos, el respeto a las libertades individuales, el culto a los principios de la democracia y el sometimiento a las reglas del Estado de Derecho. Al objeto de mantener la deseada cohesión, ejercer la necesaria lealtad y poner el énfasis en los valores compartidos, se considera conveniente no generar y, menos aún, airear desencuentros con nuestros aliados. El Gobierno de España no se ha esforzado por ello en los últimos años.
En la pasada cumbre de la OTAN en La Haya, tras acordar con nuestros aliados enviar un mensaje nítido al mundo de estar dispuestos a incrementar sensiblemente nuestras inversiones en Defensa alcanzando el 3,5 % del PIB en estas para el año 2035, en la rueda de prensa posterior a la cumbre, decidimos desmarcarnos de esa decisión asegurando que, de momento, nosotros éramos capaces de hacer con el 2,1 % aquello para lo que otros necesitaban un 3,5 %. Lo mismo sucedió en cuanto a la postura en relación con Israel durante las actuaciones de este en el conflicto de Gaza o la toma de postura en contra de los Estados Unidos en sus actuaciones en contra de Irán apoyando a Israel.
El último episodio de esta ruptura de la cohesión lo han puesto de manifiesto las críticas a la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen, por su constatación pública de la alteración del orden internacional basado en reglas ante el que la Unión Europea debería analizar las actuaciones con las que enfrentar esta alteración. Esta constatación sirvió al Gobierno de España para promover un nuevo desencuentro a pesar de que la presidenta no manifestara nada diferente a lo manifestado por el primer ministro canadiense Mark Carney en Davos o por el propio Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior, de Seguridad y de Defensa, Josep Borrell, cuando en 2022 aseguró que la Unión Europea debería aprender a hablar con el lenguaje del poder, ante la constatación de la desaparición del orden internacional basado en reglas tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
El Gobierno de España presume de instalarse en el no a la guerra mientras no hay aliado con el que no busque promover un desencuentro, generando con ello un preocupante aislamiento de la postura de España en el convulso escenario internacional.
Lo mismo ocurre en el ámbito nacional, en el que el Gobierno se distingue por la falta de transparencia y el desprecio al Parlamento. Las políticas de Defensa y de Asuntos Exteriores son políticas de Estado que requieren el mantenimiento de posiciones que permanezcan en el tiempo, basadas en la toma de decisiones a largo plazo y en el logro de amplios consensos, para lo que el Gobierno debería buscar y encontrar el apoyo de la mayor parte de las fuerzas políticas con representación parlamentaria, circunstancia que es más bien la excepción que la regla en el caso del actual Gobierno.
En lo que concierne al actual conflicto entre Israel e Irán, con el esencial apoyo de Estados Unidos, que ha asumido un papel protagonista en el mismo, dada su considerable superioridad militar, deberíamos ser capaces de analizar de una manera más racional las razones y orígenes de este conflicto, que, contrariamente a lo sostenido por el Gobierno, no comenzó el pasado 28 de febrero, tras una decisión unilateral de los Estados Unidos, sino que se inscribe en el marco del ya largo desencuentro entre Irán e Israel y Estados Unidos, que tiene su precedente más inmediato en la denominada guerra de los 12 días del pasado mes de junio de 2025, pero que tampoco comenzó en ese momento.
Nadie quiere la guerra ni la resolución de las controversias políticas mediante el empleo de la fuerza, pero no parece razonable decantarse contra uno de los beligerantes en favor del otro en un pretendido ejercicio de equidistancia que obtiene el rechazo de uno de ellos y la felicitación y el agradecimiento del otro. Lo importante, en mi opinión, es contribuir a la desescalada y minimizar las consecuencias de este conflicto en la realidad cotidiana de los españoles, para lo cual, se impone la necesidad de adoptar medidas de choque a nuestro alcance y no conformarse con posicionarse detrás de pancartas sin impacto alguno en la resolución del conflicto ni, lógicamente, en el alivio de sus consecuencias.
Todo ello en el mejor servicio del interés de los españoles.
- Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de División del ET en situación de retiro y senador por Melilla