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en primera líneaJán Figel

El camino del realismo hacia la paz: más allá de la guerra en Ucrania

La experiencia de la posguerra en Europa demuestra que antiguos adversarios pueden convertirse en socios. Si hoy se recuerda esa lección, la búsqueda de la paz en Ucrania podría abrir la puerta a una arquitectura renovada de estabilidad y cooperación en todo el continente

Europa transformó en su día un continente en guerra en un continente en paz. Hoy en día, ese logro se ve amenazado. A medida que la guerra en Ucrania se prolonga sin un final claro a la vista, Europa y la comunidad euroatlántica en su conjunto se enfrentan a una pregunta decisiva: ¿seguirá el conflicto intensificándose o podrá la imaginación política abrir de nuevo un camino hacia la paz?

El Debate (asistido por IA)

Las guerras siempre son más fáciles de iniciar que de terminar. La guerra trae consigo sufrimiento, destrucción e inestabilidad, pero rara vez soluciones duraderas. Sin embargo, incluso en medio de la creciente tensión geopolítica, la búsqueda de la paz debe seguir siendo una responsabilidad política fundamental.

Hoy en día, al observar la guerra en Ucrania, parecen posibles tres escenarios: un conflicto prolongado, una escalada peligrosa o –si la diplomacia recupera impulso– una paz negociada.

En estos momentos, el escenario más probable es que el conflicto continúe. Ucrania ya ha sufrido enormes pérdidas humanas y materiales. A pesar del amplio apoyo occidental, la situación en el campo de batalla sigue siendo extremadamente difícil. Rusia conserva la capacidad de mantener una guerra larga y agotadora, mientras que Ucrania sigue dependiendo en gran medida de la ayuda exterior para mantener su defensa. Sin un nuevo compromiso diplomático, el estancamiento militar podría prolongarse durante años.

Una posibilidad aún más preocupante es la escalada. Europa sabe, por su propia historia, cómo los conflictos regionales pueden derivar en una catástrofe de mayor alcance. La disuasión militar y el apoyo a Ucrania reflejan preocupaciones legítimas en materia de seguridad. Al mismo tiempo, la trayectoria actual plantea preguntas difíciles sobre si el conflicto podría extenderse aún más –geográficamente, políticamente o tecnológicamente–.

El rearme masivo en toda Europa puede reforzar las capacidades de defensa y disuadir la agresión, pero el armamento por sí solo no puede traer la paz. La estabilidad duradera requiere, en última instancia, soluciones políticas que aborden las preocupaciones de seguridad subyacentes.

Los orígenes de la guerra actual se remontan a una compleja serie de acontecimientos políticos y de seguridad que se desarrollaron a lo largo de más de una década. La crisis que siguió al golpe de Estado de 2014 y el posterior conflicto en el este de Ucrania pusieron de manifiesto profundas divisiones dentro de la arquitectura de seguridad europea. Los Acuerdos de Minsk se adoptaron para estabilizar la situación, pero nunca se aplicaron plenamente. A medida que las relaciones entre Rusia y Occidente se deterioraban aún más, la desconfianza se intensificó. La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022 transformó un enfrentamiento, ya de por sí peligroso, en la mayor guerra en Europa desde 1945.

Una paz sostenible, aceptable tanto para Ucrania como para Rusia, requerirá la participación de la comunidad internacional en general y muy en particular la de los Estados Unidos y la Federación de Rusia, sin ignorar a los actores europeos. Los líderes políticos han expresado periódicamente su deseo de poner fin a la guerra mediante negociaciones. El éxito de tales iniciativas dependerá de un esfuerzo diplomático sostenido y de la voluntad de todas las partes de considerar nuevos enfoques para la seguridad europea.

El mayor logro de Europa tras la Segunda Guerra Mundial fue la transformación de las rivalidades históricas en cooperación. La visión de estadistas como Robert Schuman, Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi y Jean Monnet hizo posible la reconciliación entre antiguos enemigos. Su idea era sencilla, pero profunda: una paz duradera requiere intereses e instituciones comunes. La cooperación económica puede hacer que la guerra no solo sea indeseable, sino también materialmente imposible.

Dos iniciativas dieron forma a esta transformación. El Plan Schuman integró industrias estratégicas como el carbón y el acero, sentando las bases de lo que se convertiría en la Unión Europea. Al mismo tiempo, el Plan Marshall apoyó la reconstrucción económica y ayudó a estabilizar el continente tras un conflicto devastador.

El contexto geopolítico actual es muy diferente, pero el principio subyacente sigue siendo válido. Un «enfoque Schuman-Marshall» modernizado podría formar parte de un debate más amplio sobre el futuro de la seguridad europea que combinara garantías de seguridad con cooperación económica, centrándose en la cooperación en sectores como la energía, los recursos naturales y las tecnologías de la información. Un acuerdo de este tipo impulsaría enormemente el crecimiento económico y abriría el camino hacia una nueva comunidad entre Occidente y Oriente.

Un acuerdo integral también debe abordar las consecuencias humanitarias y políticas del conflicto: el retorno de los refugiados y las personas desplazadas, la protección de los derechos de las minorías, el restablecimiento del Estado de derecho y la rendición de cuentas por los crímenes de guerra. Se necesitarán mecanismos internacionales para gestionar los territorios en disputa y garantizar que se respeten los derechos de las poblaciones afectadas.

La reconstrucción es otro gran reto. Igualmente importante será la reconciliación. El diálogo, el fomento de la confianza y los intercambios culturales son esenciales para que una paz estable eche raíces firmes.

La paz nunca ha sido fácil ni se ha logrado por sí sola. Requiere responsabilidad, intereses comunes y perseverancia, tanto por parte de los líderes políticos como de las sociedades. Sin embargo, la historia demuestra que incluso los conflictos más encarnizados pueden acabar dando paso a la reconciliación y la cooperación.

La innovación en política no siempre significa inventar algo completamente nuevo. A veces consiste en redescubrir ideas exitosas del pasado y adaptarlas a las nuevas circunstancias. La experiencia de la posguerra en Europa demuestra que antiguos adversarios pueden convertirse en socios. Si hoy se recuerda esa lección, la búsqueda de la paz en Ucrania podría abrir la puerta a una arquitectura renovada de estabilidad y cooperación en todo el continente.

  • Ján Figel fue comisario europeo, enviado especial de la UE y ex viceprimer ministro de Eslovaquia