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Feijóo, Abascal y nuestro zorro rojo

Feijóo y Abascal deberían reflexionar sabiendo que nuestro zorro rojo, aislado en su madriguera, prepara lo peor. Desde un odio vengativo. Mientras, en la calle le abuchean. La portavoz del Gobierno asegura que la oposición espera ya la derrota. Conoce el pucherazo

El zorro rojo es diferente al zorro plateado criado en cautividad para peletería. Es un animal silencioso, cauteloso, que caza enmascarando sus letales intenciones en la noche y permanece en madrigueras esperando situaciones favorables. Es capaz de sobrevivir en zonas urbanizadas y densamente pobladas por el hombre que no espera sus ataques. Al zorro rojo se le atribuye astucia e inteligencia y ha logrado una imagen que le lleva a aparecer en cuentos infantiles. Otra referencia es El Zorro como héroe de ficción, defensor de las gentes contra los abusos. Encubría al aristócrata Diego de la Vega y fue creado en 1919 por el escritor Johnston McCulley.

El Debate (asistido por IA)

Nuestro zorro rojo, Pedro Sánchez, nada tiene que ver con El Zorro justiciero y sí mucho con el animal oscuro y peligroso que espera, agazapado y cobarde, su ocasión depredadora. Imagino que nuestro zorro rojo, herido en su egocentrismo patológico, resulta hoy más peligroso que nunca. Temo que su reacción sea terrible obviando lo que se lleve por delante: la convivencia ciudadana, la tranquilidad social, la democracia parlamentaria, incluso la unidad de España. Y, desde luego, la Constitución. Para Sánchez el Parlamento sobra, desautoriza a la Justicia cuando afecta a los suyos, ocupa instituciones, maneja su partido como a un parvulario, premia con cargos a sus viejos adversarios internos o los destierra de la política. Su ambición autocrática es ilimitada.

Debemos llegar a conclusiones que, en parte, señalé hace años. La Constitución dejó en el aire aspectos de peso, probablemente buscando consensos. Para el bien general, los consensos son positivos, pero son maléficos para aplazar pugnas que acabarán estallando. Traté, y mucho, a algunos ponentes constitucionales ya fallecidos. ¿Qué pensarían hoy? Estarían arrepentidos de su ingenuidad. Desde luego, no podía suponerse entonces a un falso demócrata al frente del Gobierno que engañase a su partido cambiando las normas internas en su beneficio, llegase al poder por una moción que manipulaba una sentencia tras un fracaso electoral y se mantuviese negando todo lo que prometió, levantando un muro de división entre los españoles. Nadie lo suponía, pero ha ocurrido. Hacía falta un tipo sin ideales, sin conciencia, sin moral política y sin escrúpulos. Aparece uno cada muchos años y nos ha tocado. Su partido obvió el riesgo de caminar hacia un suicidio político.

Completa la felonía la entrega del poder, de hecho, a los enemigos de España desde la compra y venta de apoyos. Herederos del terrorismo, independentistas, comunistas con antifaz o no, son los socios de Sánchez. Los vanos argumentos de Enrique Santiago, Antonio Maíllo, Yolanda Díaz o Ione Belarra, entre otros, me recuerdan aquel periodo de la Segunda República en que, con gobiernos socialistas, se puso de hinojos ante Stalin. Son circunstancias distintas, pero con fines equiparables. Entonces creían remar a favor de corriente y ahora reman en contra de la realidad y de la Historia. El pueblo, al fondo, es un paisaje incómodo; no les preocupa. Y en la cúspide Sánchez, un camaleón al que sólo interesa su yo.

En la cada vez menos oculta agenda de Sánchez figura en primera línea la permanencia en el poder utilizando el camino que entienda más eficaz por avieso que sea. Ya vemos en qué desemboca la falsa memoria histórica –que yo considero histérica– luego democrática: utilizarla para conseguir una manipulación del censo, engordándolo en propio beneficio con millones de votos, sin papeles comprobables ni garantía alguna. Personas, muchas de ellas procedentes de países sin elecciones, o no limpias, por meras declaraciones inverificables, accederán al voto en las circunscripciones de las que, según ellos, procedían sus abuelos, incluso sus bisabuelos. Las procedencias se las señalará Ferraz, atendiendo a que el método D'Hondt hace fundamentales los restos. Engordar el censo le sirvió a Chávez en Venezuela para ganar su referéndum; Sánchez es un aplicado alumno.

Que a un presidente de Gobierno investido por el Congreso este le exija convocar elecciones o presentar una cuestión de confianza, y él se niegue entre risas mientras su bancada aplaude, supone una anormalidad democrática desde una Constitución con evidentes fallos. Ese caso debería estar contemplado cediendo la decisión al Rey, que es, según la Carta Magna, Artículo 56. 1: «Símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…» El Artículo 62.b) recoge que le corresponde: «Convocar elecciones en los términos previstos en la Constitución». Sólo así, no el Rey con su decisión. Una atribución significativa es la del punto h): «El mando supremo de las Fuerzas Armadas».

Hay quienes se muestran mojigatos con ciertas interpretaciones de la Constitución, pero recibieron entusiasmados que el Rey Juan Carlos, de uniforme, abortase, por su cuenta y riesgo, el golpe del 23-F. Luego ni se lo reconocieron; así es España. ¿Qué implica ser árbitro? ¿No pitar las faltas? ¿Ser espectador silente ante lo que sea? ¿Qué supone moderar el funcionamiento regular de las instituciones? ¿No pensar en el conjunto de los españoles? Me lo pregunto pensando en una necesaria reforma constitucional a fondo. También es preciso cambiar la Ley Electoral. Es difícilmente asumible que formaciones que sólo se presentan en algunas circunscripciones condicionen, con exiguos apoyos sobre el conjunto, la política nacional, incluso la propia existencia de la nación. ¿Qué es eso de nación de naciones?

Feijóo y Abascal deberían reflexionar sabiendo que nuestro zorro rojo, aislado en su madriguera, prepara lo peor. Desde un odio vengativo. Mientras, en la calle le abuchean. La portavoz del Gobierno asegura que la oposición espera ya la derrota. Conoce el pucherazo.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando