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En primera líneaFernando Gutiérrez Díaz de Otazu

La vuelta a la normalidad

Deberíamos ser capaces de promover una sencilla vuelta a la normalidad genuina, la de siempre, no una nueva ni revestida de aspectos irreconocibles. La vuelta a la normalidad de toda la vida. Aquella normalidad en la que los Gobiernos eran capaces de ejercer una mínima autocrítica

Se habla mucho estos días de la vuelta la normalidad. Se habla de ella en Ceuta, aunque el Gobierno de España, tan acostumbrado a colocar su relato, la dio por alcanzada prácticamente al día siguiente de producirse la avalancha/invasión de unos 80.000 migrantes forzando la frontera entre España y Marruecos en Ceuta. El ministro de Transporte, Óscar Puente, colocó hasta un mensaje en X diciendo: «Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez». Con un par. Ya le podría aplicar «Verifica RTVE» los criterios que aplica para contrastar la veracidad de las afirmaciones de los políticos no del PSOE. Pero no. Lo dijo un miembro del Gobierno y punto.

El Debate (Asistido por IA)

Se ha hablado también de la vuelta a la normalidad en la reciente crisis sísmica registrada en Granada y en todos y cada uno de los incendios que han asolado el territorio nacional este verano, una vez más, con miles de vecinos desalojados de sus casas ante la proximidad de las llamas con el ansia lógica de regresar a ellas y volver a algún tipo de normalidad.

Cierto es que no es España el único país del mundo en el que la normalidad, alguna clase de normalidad, es echada de menos. Sin hablar de los conflictos, abiertos o soterrados, que se enconan en diferentes partes de la Tierra, no es menos cierto que la estabilidad en el mundo es un valor en baja.

Cuando uno se va haciendo mayor, se da cuenta de que tiene una obligación para con las generaciones más jóvenes de, al menos, concederles la posibilidad de que puedan acceder a algún tipo de normalidad o estabilidad al estilo de la que recuerda haber disfrutado cuando era más joven y que no percibe en la realidad actual. También se siente en la obligación de trasladarles el sentimiento de que la presunta normalidad que vivimos está bastante distorsionada con respecto a la que cabría esperar de un sistema democrático propiamente dicho y de la que nuestra nación ha disfrutado no hace mucho.

Mirando las cosas con perspectiva, se percibe una realidad que ha ido siendo transformada y que ahora se nos ofrecen como normales algunas cosas que hace no muchos años habrían sido consideradas como aberrantes. Da la impresión de que, poco a poco, nos hemos ido acostumbrando a una «normalidad» auténticamente «anómala».

No es normal, en absoluto, que la realidad social española se encuentre embarcada, una vez más, como hace muchísimos años, tantos que forman parte o deberían formar parte de la historia, en una polarización entre españoles de una y otra sensibilidad (denominadas conservadora y progresista, para entendernos) como si no hubiera más espacio de juego que el del conflicto entre españoles.

No es normal, tampoco, que el Gobierno de la nación, el de todos los españoles, se esfuerce tanto por significarse como el gobierno de una parte de la nación (la de sus votantes) contra la otra (la de los que no le han votado, no le votan, ni le votarán) y que, además, vuelca esfuerzos ingentes, con los recursos de todos, para criminalizar a esa parte de la nación, ofreciendo de ella una imagen intencionadamente distorsionada y vinculada a posicionamientos ideológicos trasnochados, cuando no directamente criminales. Con Hitler llegó a equiparar la ministra Morant al líder de la oposición Alberto Núñez Feijóo. Ea.

Tampoco es normal que, al día siguiente de declarar formalmente que España había sido objeto de un ataque a su integridad territorial, el presidente se ausente de vacaciones, permanezca hasta el día de la fecha sin interrumpirlas y se embarque en litigios con nuestros aliados antes que exigir responsabilidades y cooperación al país del cual procede el ataque a la integridad territorial de España.

Qué decir del desacato a la representación parlamentaria de los ciudadanos en las Cortes Generales, ante las que los ministros eligen si dan cuenta de sus actuaciones, cuándo lo hacen, en el caso de que lo hagan y ante qué cámara, la alta o la baja. La comparecencia de los ministros ante las Cámaras, la una o la otra, es obligatoria cuando estas les requieren a ello. Las Cortes Generales representan al pueblo español (art. 66.1 de la Constitución Española - CE), en quien reside la soberanía nacional (art. 1.2 de la CE).

El gobierno tiene la obligación constitucional, igualmente, de presentar anualmente un proyecto de Presupuestos Generales del Estado no más tarde de tres meses antes de que expiren los anteriores. Es decir, no más tarde del primer día del mes de octubre de cada año. Pues bien, ni en 2023, ni en 2024, ni en 2025 y pocas trazas tiene de que vaya a hacerlo en 2026, el gobierno ha cumplido con esta obligación establecida en el art. 134.3 de la CE. Toda una legislatura sin cumplir con este precepto constitucional.

Los jóvenes deben saber que esto no ha sucedido siempre así en el pasado reciente y que esto no es normal. La degradación a la que el Gobierno de Pedro Sánchez, el Partido Socialista Obrero Español y todos sus aliados de izquierda e independentistas, están sometiendo a la realidad social española, no ha formado parte de la normalidad política española antes de la llegada del presidente Sánchez al Gobierno.

Frente a esta nueva normalidad impuesta por la izquierda y sus aliados independentistas, deberíamos ser capaces de promover una sencilla vuelta a la normalidad genuina, la de siempre, no una nueva ni revestida de aspectos irreconocibles. La vuelta a la normalidad de toda la vida. Aquella normalidad en la que los Gobiernos eran capaces de ejercer una mínima autocrítica, o, mejor aún, aceptar las críticas de los demás, empezando por las de la oposición.

También la normalidad en la que a los españoles no se nos sometía a este régimen de polarización al que nos tiene acostumbrados este gobierno. La concordia es imprescindible para acometer los problemas con expectativas de éxito. Todo ello hace prever que mientras el presidente Sánchez no salga del Gobierno no será posible la vuelta a la normalidad.

  • Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de división del ET en situación de retiro y senador por Melilla