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en primera líneaAlejandro Espinosa Solana

Hemos metido al enemigo en casa y le damos nuestra nacionalidad

Hoy en Francia son los hijos de su inmigración africana (magrebíes y subsaharianos) quienes queman institutos en Nantes, Lyon, Lille y Rennes, aunque los medios españoles tampoco lo especifican. Y lo hacen bajo las soflamas incendiarias de La Francia Insumisa de Mélénchon

Desde que este medio tiene a bien permitirme escribir sobre la inmigración musulmana y sus descendientes en Occidente, he dado multitud de datos oficiales que revelan la imposible coexistencia pacífica entre ellos y los autóctonos españoles y europeos. Los musulmanes en España y en Europa tienen las tasas de delincuencia y violaciones más altas, hostilidad, férrea inadaptación y una marginalidad voluntaria en sus guetos. Ostentan el más elevado desempleo y abuso de ayudas sociales. Existen muchos estudios rigurosos que revelan su gravísimo lastre para las economías europeas desarrolladas debido a sus empleos no cualificados con salarios bajos y mínimas cotizaciones. Estas son generosamente complementadas con subsidios por número de hijos, rentas mínimas, complementos de vivienda, comedores sociales (con comida halal pagada por el resto de contribuyentes), bonos transporte y educación … Como detallaba en mi artículo anterior, los marroquíes en España son la comunidad extranjera con mayor desempleo respecto de su porcentaje poblacional (cotizan alrededor de un 40%), y quienes más beneficios sociales reciben. Son la mitad de los extranjeros perceptores del Ingreso Mínimo Vital, además de incontables prestaciones no contributivas. El caso de la mujer marroquí con dos sobrinos en Navarra que cobra más de 4.000 euros mensuales es sólo uno entre muchísimos abusos de nuestras propias autoridades cómplices que nos esquilman.

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El Debate (Asistido por IA)

Los marroquíes sin nacionalizar representan un 2%-2’5% de la población española, pero son el 10% de los presos en nuestras cárceles, el 7’6% de los delincuentes sexuales, y los autores del 8’8% de los delitos de odio. Les ganan los argelinos, que representando sólo un 0’2% de nuestra población, cometieron el 1’91% de ese tipo de delitos. Hace una semana en Banyoles los Mossos detuvieron a un marroquí de 24 años con 62 denuncias previas que volvió a cometer otros cinco delitos en un día. Robaba una aspiradora y otros objetos en un supermercado cuando la Policía volvió a detenerle: les escupió y golpeó el vehículo policial. Estaba acusado de un delito de quebrantamiento de condena, y tres órdenes de detención. Volvió a quedar en libertad con cargos. En Palma, un argelino de 20 años se rompió las dos piernas cuando huía tras el robo de un bolso a una joven en un autobús. Le ingresaron en el hospital ‘Son Espases’ y los contribuyentes españoles pagaremos su esmerada cura. Este verano han continuado las detenciones por la muerte de Carmelina, una mujer de 89 años en Puente Tocinos (Murcia), a manos de jóvenes españoles de origen marroquí al mando de Abdu (20 años), para robarle una bisutería de 2 euros.

Aunque los magrebíes en el País Vasco sólo suponen el 1’8% de la población, en el primer trimestre de 2026 perpetraron el 66% de los robos con violencia. En Bilbao el 53% de los arrestados por la Policía Municipal son marroquíes y argelinos, frente al 25% de españoles (incluyendo nacionalizados).

Desde 1985 ha habido en España 230 muertes a manos de yihadistas. Un 60% de los detenidos son marroquíes o descendientes de marroquíes ya españoles. Cada vez son más jóvenes, incluso menores. En Europa, desde 1994 ha habido 990 asesinatos y 6.711 heridos por ataques yihadistas. Sólo en los atentados del 11-M en Nueva York hubo 2.977 muertos. ¿Cuánto nos cuesta la continua lucha anti-yihadista?

En Ceuta los delitos se han incrementado más de un 60%, 200 al día. Robos en domicilios y comercios, reyertas a machetazos, juzgados y urgencias colapsadas, y hasta una oreja amputada. Tres violaciones al día según varias fuentes, entre ellas la doctora Kuwani Manwani durante el 102º Congreso de Oftalmología en Palma de Mallorca. No tengo palabras para calificar a esos infames oportunistas de la izquierda radical, cómplice y destructiva que nos han hecho creer que los españoles somos machistas, agresores y violadores. Los medios tampoco nos dicen que quienes alquilan los pisos patera o conciertan viajes a la península para los invasores, son ceutíes de origen marroquí, no españoles autóctonos. Aunque fuentes oficiales hablan sólo de 10 o 12 yihadistas detectados entre los más de 80.000 invasores, expertos hablan de más de 100 en dos células diferentes listos para atacar a militares españoles. También hay militares marroquíes infiltrados entre los invasores. Ni uno solo de los 10/12.000 que quedan son vulnerables, ni se trata de una crisis humanitaria. El interés de ningún menor extranjero está por encima del de nuestra propia sociedad. Los contribuyentes españoles pagamos su manutención mientras Marruecos se frota las manos por la gran desestabilización que nos causan: ése es su propósito.

Hoy en Francia son los hijos de su inmigración africana (magrebíes y subsaharianos) quienes queman institutos en Nantes, Lyon, Lille y Rennes, aunque los medios españoles tampoco lo especifican. Y lo hacen bajo las soflamas incendiarias de La Francia Insumisa de Mélénchon.

Sin embargo, los musulmanes nos acusan de islamófobos para acallar nuestro rechazo justificado y blanquear su implantación. También -y esto es importantísimo- para incrementar la animadversión de sus correligionarios hacia Occidente. Mientras tanto, persiguen implacablemente a miembros de otros credos y minorías en sus países de mayoría musulmana. Detallaré todo ello en mi próximo libro sobre la progresiva islamización de España.

¿Ocurre todo esto con otros inmigrantes latinos, ucranianos o asiáticos?

Debemos actuar de forma preventiva, y no sólo esperar a que se cometa cada uno de sus delitos para actuar individualmente a posteriori. Somos dueños de nuestra propia legislación: no podemos seguir jugando a una solidaridad unidireccional y derechos humanos siempre ‘del otro’ –nunca nuestros– mientras nos agreden, violan, esquilman y subvierten. Debemos suspender todas las regularizaciones existentes de nacionales de estados hostiles o antagónicos contra nuestro ordenamiento jurídico por su cultura, origen o religión instrumentalizada políticamente. Simultáneamente, eliminar cualquier tipo de ayuda o subsidio para esas personas ya en situación irregular. Habrá que reforzar la seguridad temporalmente. Si no lo hacemos ahora por difícil que parezca, una posible solución más tarde será mucho más dolorosa y no pacífica. Imposibilitar la obtención de nuestra nacionalidad a aquellos grupos que representan una amenaza para nuestra seguridad colectiva. Eliminar las nacionalidades ya concedidas a quienes cometan un delito o que su situación laboral sea ostensiblemente desfavorable para el contribuyente. Y todas las obtenidas por marroquíes que conservaron la suya. Enjuiciar a quienes han permitido o favorecido nuestra ocupación y paulatina decadencia.

  • Alejandro Espinosa Solana es autor del libro: 'Hacia una Europa Islamizada' (SND Editores)
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