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El discurso de Javier Milei, tanto el que le dio en noviembre el triunfo en las elecciones de Argentina como el pronunciado en Davos el pasado mes de enero, resalta el empírico éxito de las políticas liberales frente al socialismo colectivista. A la vez alerta de la necesidad urgente de defender la libertad hoy en Occidente. Milei, como economista y liberal, basa su discurso en cuestiones económicas, pero también aborda la defensa de las libertades en otros ámbitos de la vida.

En España podríamos pensar que, como la Constitución reconoce la libertad de los ciudadanos y de la empresa, no necesitamos discursitos de esta índole, pero lo cierto es que vivimos cada día más intervenidos y nuestras libertades se encuentran tremendamente mermadas.

Para entenderlo podemos empezar valorando la presión fiscal a la que estamos sometidos, que lleva a miles de ciudadanos, sin ser ricos, a pagar al Estado en impuestos más de la mitad de sus ingresos, y no solo a través del IRPF. Lo mismo les ocurre a nuestras empresas que soportan el elevado 25 por ciento de impuesto de sociedades que limita la inversión y la creación de empleo.

Los exagerados y confiscatorios impuestos que pagamos existen para mantener la estructura política y pública en España que es desorbitada e insostenible, no hay que olvidar que gran parte de ambas se debe a la existencia de nuestro sistema autonómico, que sobre todo ha servido para gastar más, generar grandes desigualdades entre españoles y para enfrentarnos.

Conviene conocer que, de los más de 3’5 millones de empleados públicos en nuestro país, 2’1 lo son de nuestras autonomías.

También tenemos un problema de sobrerregulación, se entiende que en algo tienen que emplear su tiempo los 1.877 parlamentarios legisladores nacionales y autonómicos, así como los 67.500 concejales municipales que hay en España. Y esa sobrerregulación afecta y limita al final todos los aspectos de nuestra vida cotidiana además de la actividad económica.

Este intervencionismo es estructural y aunque proviene de la izquierda se ha consolidado gracias a los gobiernos de ambos colores que hemos tenido durante las últimas décadas.

Además del intervencionismo económico y regulatorio, sufrimos una intervención ideológica y cultural. La nueva izquierda, como recuerda Milei, ha consolidado su influencia en la cultura, en la educación, en los medios de comunicación, e incluso en los organismos internacionales, condicionando el discurso y eliminando ciertas perspectivas del debate público. Por poner algunos ejemplos, nos imponen el lenguaje, en algunas regiones la lengua que hay que hablar, su interpretación de la historia, la educación para nuestros hijos, también la educación sexual de los más pequeños, nos dicen que solo hay un camino válido e indiscutible para combatir la violencia contra la mujer, colectivizando la culpa y atropellando otros derechos básicos por el camino, o se inventan un «derecho al aborto» para no dar cabida al derecho a la vida.

Frente a esta realidad conviene reaccionar con determinación antes de que sea demasiado tarde. Necesitamos urgentemente que alguien promueva y lidere la defensa de la libertad en España, único camino hacia el auténtico progreso.

En nuestra realidad política nacional, el Partido Popular decidió hace años abandonar los principios demócrata liberales para tratar de ocupar un espacio más próximo a la socialdemocracia, como si existiera la necesidad de recuperar a los votantes del viejo PSOE, desde entonces no ha vuelto a ganar elecciones generales con mayoría absoluta, la última vez fue hace más de doce años.

Y Vox, por otra parte, aunque tomó el relevo en la defensa de estos valores, con su estrategia, si es que la tiene, no ha convencido ni entusiasmado al electorado necesario para acometer la transformación que necesitamos.

No hay que irse hasta Argentina para darnos cuenta de que la defensa apasionada, inteligente, valiente y coherente de los principios en los que uno cree puede hacerte ganar elecciones. Lo hemos visto también en Italia con Meloni, y en ambos casos con la prensa en contra. Y si queremos ejemplos mas cercanos, hemos visto como el propio PP, en cuanto se acerca a esa defensa clara de principios liberales y lo hace sin miedo a la izquierda también gana elecciones con amplias mayorías. Así ha ocurrido con Isabel Díaz Ayuso, cuya estrategia dista mucho de la del actual líder de su partido, quien no fue capaz de ganar, ni para sumar con Vox, las últimas generales.

La España de hoy es muy diferente a la de hace 45 años, y los retos son otros, si entonces había que acometer una transición a la democracia y tuvimos quien pudo liderarla, hoy hay que hacerlo hacia la libertad, y en esta guerra, o hay liderazgo y unidad, o no habrá opciones de victoria, porque bien explicado y entendido, estoy seguro que esto es lo que quiere hoy la mayoría.

Miguel Boronat Roda es consultor y empresario