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20 de abril de 2024

TribunaJavier Mou

PSOE o la secta nórdica

En la actualidad, alrededor del 20 por ciento de habitantes en Suecia ha nacido fuera de este país, es decir, unos 2 millones de habitantes; la gran mayoría de los cuales, provienen de países islámicos

Actualizada 01:45

Los viejos del lugar recordarán aquella imagen idílica que teníamos de Suecia, un país lleno de elegantes triunfadores como los de las pelis de sobremesa con las que dormimos la siesta el fin de semana.
Un país de altas y guapísimas amazonas rubias, libres y desinhibidas, que enseñaban a practicar sexo a Alfredo Landa y demás morenitos españoles en Torremolinos.
Pero el tiempo cambia las cosas y Suecia, como el resto de los países nórdicos, ha envejecido peor que Björn Borg y que la música de Abba.
El mito nórdico es, actualmente, tan falso como los fundamentos de la secta social-comunista que gobierna España. No por casualidad, ambos beben de la misma fuente envenenada del progresismo woke.
Suecia siempre ha sido reconocida por tener unos altos niveles de bienestar. Pero ¿qué es el bienestar?, ¿quién define sus ingredientes, quizá los mismos que pontifican sobre el supuesto consenso científico con una chapita de la agenda 2030 en la solapa?
No deja de ser curioso que Suecia y otros países escandinavos aparezcan invariablemente en los primeros puestos en esos dudosos rankings de bienestar y felicidad, cuando, a la vez, también aparecen en el pódium en otros estudios más serios y específicos por sus altísimos niveles de suicidios, alcoholismo y depresión, por ejemplo. No es fácil sobrellevar el frío, la falta de luz durante meses y porcentajes confiscatorios de IRPF por encima del 60 por ciento. Probablemente, los ciudadanos de estos países prefieran pagar menos impuestos y dejar de ser cuidados y tutelados por el Estado… con su dinero.
Pero la gota que lleva muchos años colmando en vaso allí es la existencia de una delincuencia desbocada: Suecia empieza a parecerse demasiado a Sant Denis, ese paraíso de la multiculturalidad y la diversidad y bate dudosos récords año a año: en 2023 superó su propio registro de muertes por tiroteos, con 42 fallecidos; algunos de ellos, pero no todos, pertenecientes a las temibles bandas callejeras, en las que militan, según datos de la policía sueca, ¡30.000 personas!
Quién iba a decirlo hace unas décadas, pero qué bien vendría un Bukele allí, alguien sin complejos que ponga el foco en preservar la vida de las personas trabajadoras y de orden, en lugar de sobregarantizar los resortes legales de criminales y delincuentes bajo pretextos de falsa superioridad moral y de respeto a los derechos humanos.
En la actualidad, alrededor del 20 por ciento de habitantes en Suecia ha nacido fuera de este país, es decir, unos 2 millones de habitantes; la gran mayoría de los cuales, provienen de países islámicos como Siria, Irán o Irak, especialmente a partir de 2015, momento en el que el Gobierno progre sueco abrió las fronteras a miles de refugiados y pseudorefugiados.
El algodón no engaña, pero tendremos que seguir haciendo la vista gorda a las estadísticas, o directamente censurar la realidad, como en la fatídica nochevieja de ese mismo 2015 en Colonia y otras ciudades alemanas y suecas en la que se ocultó la realidad de las docenas de violaciones y agresiones sexuales a jóvenes y adolescentes locales por parte de inmigrantes y solicitantes de asilo.
Pero ya se sabe que, en Europa, y muy especialmente en España, mostrar las estadísticas y estudiar la correlación entre emigración masiva y delincuencia supone jugarse el pellejo o ser reo de delito de odio al formar parte de lo que nuestro presidente felón llama la fachosfera.
En España, como en Suecia, la derecha gobierna pocas veces y, cuando lo hace, debe reparar en tiempo récord los desaguisados de años de políticas suicidas de la izquierda, aunque a veces los daños son de tal calado que resulta imposible. Es el caso actual en nuestro país, con un gobierno-secta empeñado en derribar la meritocracia y en promover la cultura de la subvención entre jóvenes y mayores; con un presidente cuya obsesión es continuar en el poder a toda costa y que se fotografía feliz y sonriente con los subvencionados del cine, solo unas horas después del asesinato de los guardias civiles en Barbate ocasionado por la falta de medios humanos y materiales adecuados.
Acaba la fiesta de los Goya en Valladolid a ritmo de Abba y su famoso Waterloo. Sánchez sale el primero entre una nube de guardaespaldas y sirvientes y, mientras aprieta sus mandíbulas, chilla a Bolaños: ¿quién ha elegido la música?
Unas horas después, Almodóvar –el de Panamá– desfila con sus amiguetes hacia el hotel para dormir la penúltima juerga subvencionada. «Uff… menudo frío hace en estas ciudades fachas. Qué ganas de meterme en la cama y taparme con el nórdico».
  • Javier Mou es experto en capital humano
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