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16 de junio de 2024

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Amnistía: gasolina para el independentismo

Con la amnistía no se va a satisfacer a los independentistas. No hay dolor de los pecados, ni propósito de enmienda. Es más, el independentismo proclama que lo volverán a hacer. La justificación de esa proposición de ley no es la paz en Cataluña, es el apoyo de 14 diputados a la investidura como presidente de Sánchez

Actualizada 01:30

Hay veces que pienso que ellos creen que somos imbéciles. Es verdad que tienen buenos expertos en comunicación y un gran poder mediático y, además, si repiten las ideas, consignas en algunos casos, van a conseguir pastorearnos. Son, entre otros, ministros, fieles militantes, algunos contertulios y líderes políticos de esa coalición Frankenstein que apoya al inquilino de La Moncloa.

Sobre la manipulación sirva de ejemplo la Proposición de Ley Orgánica de amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña que ha sido aprobada por el Congreso de los Diputados y, ahora se encuentra en el Senado. Dieciséis páginas de las que casi nueve las ocupa una exposición de motivos que trata de justificar lo injustificable. Nos quieren hacer creer que con la Ley de Amnistía se va a superar, encauzar y normalizar la vida política y social en Cataluña. Nada más lejos de la realidad, para lo cual basta con asomarse a los telediarios o leer los acuerdos PSOE-Ezquerra Republicana de Cataluña y PSOE-Junts. Con la amnistía no se va a satisfacer a los independentistas. No hay dolor de los pecados, ni propósito de enmienda. Es más, el independentismo proclama que lo volverán a hacer. La justificación de esa proposición de ley no es la paz en Cataluña, es el apoyo de 14 diputados (7 de Junts y 7 de Esquerra) a la investidura como presidente de Pedro Sánchez. Eso en mi pueblo se llama compra de votos. Compra que se complementa con más trasferencias a Cataluña y, dinero, mucho más dinero, aunque se rompa la igualdad y la solidaridad. No importa que una gran mayoría de juristas, organizaciones no gubernamentales, asociaciones de funcionarios, corporaciones de derecho público… consideren que esta amnistía que se propone es inconstitucional y no tiene encaje en la normativa europea. Lo que importa es seguir en el Gobierno.

Para apuntalar la amnistía, esencial para la estabilidad del gobierno de Pedro Sánchez, se repiten mantras como que el PSOE ha normalizado Cataluña; que la amnistía afectará a unas 400 personas por lo que debemos de dejar de hablar de ella; que en España se han concedido casi 11.000 indultos desde 1996 y, no pasa nada; que los indultos a los sediciosos del golpe de estado en Cataluña han pacificado Cataluña…

Cataluña se normalizó cuando se aplicó el 155 de la Constitución española que suspendió la autonomía de Cataluña entre el 28 de octubre de 2017 y el 17 de mayo de 2018. Recordemos que los hechos que motivaron tal medida fueron la celebración de un referéndum ilegal, la aprobación de leyes de desconexión contrarias a la Constitución y al Estatuto de Autonomía y la declaración de independencia. Todo ello en un ambiente revolucionario con violencia retrasmitida por la televisión, por mucho que se nos trataran de convencer que era algo pacífico. No se trata de nada nuevo, la hoja de ruta seguía el proceso secesionista que tuvo lugar en Eslovenia en 1991 para separarse de Yugoslavia, ¡menos mal que la actuación de la Policía y la Guardia Civil no se saldó con un muerto!, habría sido la excusa perfecta para vender fuera de nuestras frontera la opresión del pueblo catalán.

Cataluña se normalizó cuando la visión idealista de una república independiente aterrizó bruscamente en la realidad: España no estaba dispuesta a una secesión de parte de su territorio, Cataluña no se admitiría como un estado más en la Unión Europea; no existía una fuerza suficiente para llevar a cabo la independencia, aunque después nos enteramos de las conversaciones con los rusos que estaban dispuestos a apoyar incluso con la fuerza a los sediciosos y; las empresas no querían estar en esa república catalana, por lo que cambiaron sus sedes a la España monárquica y parlamentaria.

Cataluña se normalizó cuando se aplicó el Estado de Derecho y aquellos que actuaron de forma delictiva fueron condenados e ingresaron en prisión. Es verdad que algunos huyeron, Puigdemont escondido en el maletero de un coche. Otros esperan todavía la finalización de sus procesos. Funcionarios en Cataluña, aunque fueran independentistas, entendieron que con el pan de sus hijos no se juega y acataron el Derecho y la intervención del Gobierno español.

La amnistía no va a normalizar Cataluña, que ya lo está, la amnistía va a echar gasolina al independentismo. Quienes proponen la secesión de Cataluña se han envalentonado en una situación política de máxima debilidad. Saben que sus votos en el Congreso de los Diputados son necesarios y están dispuestos a venderlos caros. La amnistía es solo un primer pago, después vendrá el referéndum y la independencia.

La amnistía es gasolina para el independentismo porque va a inflamar la situación en Cataluña y a los secesionistas van a darles renovados bríos. Pero hay más razones: porque viene a justificar -blanquear- el golpe de estado del 2017; porque se rompe el Estado de Derecho; porque se reactiva la ilusión de un estado independiente de Cataluña; porque se recuperan para la lucha política a los sediciosos indultados –parcialmente, pues subsiste la inhabilitación–; porque Puigdemont por su imposición de la amnistía se ha colado en todos los telediarios con una campaña política gratuita. Este político ha pasado de ser un eurodiputado que no pintaba nada en el Parlamento Europeo a un influyente personaje, estrella de los medios de comunicación que están pendientes de sus suspiros, guiños políticos y solicitudes. Y nos podemos preguntar si es un fraude que quien mueva los hilos de la amnistía, sea precisamente quien se va a beneficiar de ella.

¿Gana algo España o los españoles con la amnistía? Ésa es la pregunta clave y, la respuesta es claramente que no. Es doloroso y decepcionante para quienes no somos políticos que la razón de la amnistía se encuentre en el interés en seguir durmiendo en la Moncloa o, quizás, seguir haciendo negocios desde allí, a costa de partir España.

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