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TribunaGonzalo Ortiz

Quo Vadis Germania

Como en España, hay un problema de hipertrofia del Estado alemán. «Un estado que no funciona» afirma Miguel Otero del Instituto Elcano. Los votos a AfD obedecen a que muchos alemanes aprecian el fallo sistémico de las administraciones

Los resultados electorales del pasado 23 de febrero en Alemania dan para muchos análisis. Lo más sorprendente, para mí, es la pérdida de votos y escaños del SPD, el 21% de la AfD y la despedida del partido liberal del Bundestag, que contaba, hasta ahora, con 92 diputados. Nada está resuelto con respecto a una futura coalición, aunque si se excluye a la AfD por derechista, a los Verdes y a la extrema izquierda (Die Linke) no queda más alternativa que el partido socialdemócrata, es decir, una nueva edición de la Gran Coalición que se estrenó en 1966 con el canciller Kurt Georg Kiesinger.

Se trata de las primeras elecciones con inteligencia artificial y quizás también las primeras en las que Alemania ha dejado de ser el motor de la Unión Europea. Como apunta acertadamente en su «Kaput» Wolfgang Münchau, se ha producido el fin del milagro alemán basado en energía barata, el escudo de defensa de los Estados Unidos, y la maestría en las industrias mecánica, eléctrica, y especialmente del automóvil.

La niebla que impera hoy sobre el futuro de Alemania se proyecta sobre el futuro de Europa, ya que el PIB alemán representa aproximadamente el 25% del PIB europeo.

El gran triunfador es el próximo canciller Friedrich Merz, con una personalidad muy diferente a la de Angela Merkel, con la que se enfrentó y que debe imprimir un sello distinto a la política económica de su país. Según Luis Meana «acabará con las descalificaciones a la empresa, hará rebajas fiscales, recortará drásticamente el gasto, intentará dar solución al problema de la energía, reducirá la burocracia y procurará reindustrializar Alemania con un énfasis mayor en las tecnologías digitales».

En términos de paralelismos con España, el nuevo rumbo que llevará Alemania nos depara al menos siete grandes lecciones:

1. Se puede hacer una gran coalición entre cristiano-demócratas y social-demócratas, excluyendo a los extremos. En España, esta coalición se considera anatema, y Sánchez ha preferido aliarse con la ultraizquierda y los separatistas.

2. Como en España, hay un problema de hipertrofia del Estado alemán. «Un estado que no funciona» afirma Miguel Otero del Instituto Elcano. Los votos a AfD obedecen a que muchos alemanes aprecian el fallo sistémico de las administraciones (como en nuestro país hay un sistema federal muy caro): ha faltado inversión pública, el país está poco digitalizado y ha crecido mucho el endeudamiento estatal.

3. Se puede gastar más en defensa. El giro que está dando estos días con respecto a Ucrania hace imperativo gastar más en una defensa europea militar propia. Alemania está muy cerca de Rusia. En España lo de gastar en defensa parece superfluo.

4. En Alemania se han dado cuenta de la que la inmigración descontrolada es un enorme problema, que afecta tanto a las cuentas públicas como a la seguridad ciudadana. La nueva ley de limitación de la inmigración acordada por CDU y AfD parece confirmar que Merz pondrá en marcha políticas de control de la inmigración irregular. En España parece que sólo a Vox le preocupa el tema.

5. Se respeta la votación popular y el partido con más votos (sí o sí) será el encargado de formar gobierno. En España tenemos un gobierno del partido perdedor (PSOE ), apoyado por una miríada de partidos antinacionales.

6. El SPD, con su esquelético 16%, ha dejado de ser el gran partido nacional de Willy Brandt, Helmut Schmidt y Gerhard Shroeder. Las elecciones de 2025 han dejado al SPD al pie de los caballos. En España, salvo en Asturias y Castilla-La Mancha, el PSOE no consigue mayorías.

7. Los votos se han ido desplazando a la derecha y rechazando la ideología woke. Como rechaza, dice Luis Meana, a «los políticos aventureros, payasos, burócratas encorsetados y oligarcas tóxicos». En España, también, la opinión pública se distancia de una clase política cada vez menos preparada, incapaz de comprender las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos.

¿Hacia dónde va Alemania? ¿Quo vadis Germania? Hacia un mundo donde los Estados Unidos no ven a Europa como aliado, sino como un pesado lastre y que resulta muy caro. La consecuencia es que Alemania dejará de ser el «aliado más fiel» de Estados Unidos en la UE.

El nuevo canciller deberá afrontar la nueva política internacional en términos geopolíticos, sin la ingenuidad de creer que la presencia de sus empresas en China era para siempre, o su compra de gas ruso en grandes cantidades le aseguraba un entendimiento y aproximación con el coloso ruso. Debe recuperar sus retrasos en digitalización, pero para Wolfgang Münchau no se trata de una más de las crisis cíclicas sino un retraso difícil de recuperar.

¿Podrá ser Alemania de nuevo estable y fuerte?. Eso dependerá de la inteligencia y buena suerte (baraka) del nuevo canciller. Lo tiene difícil, porque los Verdes no aprobarán nunca la vuelta a la energía nuclear y los socialdemócratas no querrán limitar en serio la inmigración. Dependerá, también, de las condiciones generales en Europa y el mundo con un «Zeitwende» (un nuevo curso) que Scholz fue incapaz de propiciar. Como dice el embajador Pablo García-Berdoy «Europa necesita una Alemania fuerte» y a nosotros españoles nos va mucho en el empeño.

El curso esperado del nuevo gobierno dirigido por la CDU/CSU es opuesto al que en este momento pilota Sánchez en España y es difícil imaginar una reedición del buen entendimiento que tuvieron Helmut Kohl y Felipe González. Merz tiene, sin duda, una imponente tarea por delante para recuperar la proyección mundial y europea que Alemania había perdido en los últimos años.

Gonzalo Ortiz es embajador de España