Un antes y un después
A través de la Real Provisión del 20 de junio de 1500, reconoció a los indígenas como vasallos libres y declaró ilegales los intentos de venderlos como esclavos. Primera vez que en el mundo se reconocía a las personas como no esclavos, adelantándose muchos años a Inglaterra, EE.UU. y otros países
La visita del Sumo Pontífice ha dejado un reguero de esperanza que deseo vivamente que dure muchos años, pero para eso los españoles tienen que estar más orgullosos de su patria y mirar al futuro con los ojos de la ilusión. Muchas veces, esta apatía no es sólo consecuencia de los avatares políticos que nos rodean, sino también fruto del desconocimiento de la cultura que nos ha traído hasta nuestros días. La educación tiene que sufrir una auténtica reforma y llevar a la juventud a conocer lo que ha significado la civilización en Hispanoamérica y la importancia que ha tenido el Siglo de Oro en nuestra literatura, pintura y arte. Solamente los que viajan por países como México, Perú, Ecuador, Colombia y tantos otros se dan cuenta de las catedrales, de las iglesias, de las universidades que se extienden por todos sus territorios. Se habla español, gracias en gran medida a Blas de Lezo y otros muchos que dejan la semilla allá donde fueron. El espíritu cristiano está extendido por todos esos países cuyos súbditos, como dijo Isabel la Católica, son del mismo nivel que los castellanos o de cualquier otro pueblo. En su última voluntad, firmada en Medina del Campo, encargó a sus sucesores que «tratasen a los indígenas con justicia, exigiéndoles que no consintiesen que recibieran agravio alguno en sus personas o bienes». A través de la Real Provisión del 20 de junio de 1500, reconoció a los indígenas como vasallos libres y declaró ilegales los intentos de venderlos como esclavos. Primera vez que en el mundo se reconocía a las personas como no esclavos, adelantándose muchos años a Inglaterra, EE.UU. y otros países.
¿Y qué saben los estudiantes del Siglo de Oro de nuestras letras y artes? Pues muy poco, seamos sinceros. Sería obligatorio conocer estos aspectos culturales y estimular al alumnado en la lectura y la reflexión, impartiendo lugares de intercambio de pensamiento, como ya se hacía en los foros de la antigua Academia, fundada por Platón (387 a.C.) y que, en los olivares de las afueras de Atenas, recibió el nombre de Academos. Más tarde, Sócrates no practicaba la enseñanza con discursos, sino con preguntas y respuestas, de tal manera que el alumno recibía un conocimiento bidireccional de reflexión y crítica. La educación entraría de esta manera, haciendo que el joven tenga un proceso de aprendizaje más profundo que el meramente discursivo, donde el profesor imparte, aunque a veces expele, ideas y conceptos, muchas veces, fuera de contexto, que no sirven para entrar en el corazón de los alumnos. Es ahí donde radica la falta de sintonía de los españoles. Tenemos que intentar que crean en la Marca España, que la amen, que respeten la bandera y la cultura que nos ha traído hasta aquí.
El poema de Machado lo dice todo: «Caminante, son tus huellas/ el camino y nada más; /Caminante, no hay camino, /se hace camino al andar./Al andar se hace el camino,/y al volver la vista atrás/se ve la senda que nunca/se ha de volver a pisar./Caminante no hay camino/sino estelas en la mar».
Si al alumno no se le enseña a mirar hacia atrás y conocer lo que otros han hecho, difícilmente podremos hacer que ame nuestra tierra. Este tema aborda un problema importante, dado que la migración está alterando la demografía. Tenemos que cambiar las reglas del juego si queremos tener un país cohesionado que tenga unos principios y valores. Si no lo hacemos así, dentro de pocos años seremos un país sin identidad propia, sin saber de dónde venimos y, por supuesto, a dónde vamos. Seríamos como un libro donde la primera parte de las páginas está en blanco y nadie es capaz de escribirlas. La segunda parte podría ser algo sin personalidad, algo equivalente a los que no tienen historia detrás y, claramente, manipulables para los políticos.
Estamos ante el peor momento de nuestra historia y podemos acabar en un país anodino, insustancial, baladí, que no cuente nada en el contexto internacional.
Hay una frase célebre atribuida a Bismarck, aunque con dudas, que reza así: «España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido». Esperemos que el Sumo Pontífice, con el revulsivo que ha significado su visita, sea el germen de algo nuevo que signifique más para España y que nosotros miremos más a lo que hicieron nuestros antepasados.
- Antonio Bascones es presidente de la Academia de Ciencias Odontológicas de España