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tribunaDavid Baeza Moyano

Trabajo, justicia, decencia y libertad. Una reflexión sobre el voto

Necesitamos recuperar la esperanza. Quizá estas reflexiones parezcan ingenuas o idealistas, pero sigo convencido de que una gran mayoría de los españoles desea vivir en una sociedad más justa, más decente y libre. Y precisamente por eso merece la pena recordarlo y exigirlo

Todos los domingos mantengo una larga y enriquecedora conversación con mi párroco, ya retirado de la actividad pastoral. Aunque alejado del ejercicio diario de su ministerio, continúa dedicando gran parte de su tiempo a escribir, grabar entrevistas sobre nuestra fe y ayudar generosamente a quienes acuden a él.

El pasado domingo me recomendó leer el discurso del Santo Padre León XIV titulado A las raíces de Europa por la paz y la unidad. Tras hacerlo, compartí con él una reflexión que quizá también puedan sentir otros ciudadanos. Estoy de acuerdo en que la Iglesia debe mantener una especial sensibilidad hacia los más necesitados y hacia quienes llegan a Europa buscando una vida mejor. De la misma manera, también considero que es necesario mostrar una mayor cercanía a quienes, dentro de nuestro propio país, perciben que se empobrecen progresivamente y contemplan su futuro con creciente preocupación.

Son millones los españoles que trabajan, pagan sus impuestos y cumplen con sus obligaciones, pero que constatan cómo cada vez les resulta más difícil salir adelante. Muchos sienten incertidumbre, desconfianza y una creciente sensación de abandono. Buscan referentes políticos e institucionales en quienes poder confiar.

La mayoría de las personas quieren un trabajo digno, crear y sacar adelante a sus familias, ser tratados justamente, poder confiar en que las leyes se apliquen a todos por igual, y disfrutar de la libertad necesaria para desarrollar su proyecto de vida.

Un sistema educativo de calidad no ideologizado es imprescindible para que las nuevas generaciones adquieran los conocimientos y habilidades que exige una sociedad cada vez más tecnológica y competitiva. Disponer de una energía asequible ausente de intereses políticos temporales y de una fiscalidad equilibrada constituye una condición esencial para el desarrollo económico. El deterioro de todos estos factores hace imposible que nuestros autónomos y nuestras empresas tengan un margen para poder crear riqueza e inversión. Debido a ello, se imposibilita poder ofrecer trabajos dignos, y el derecho a la justa remuneración, la distribución de la renta y de la riqueza no se pueden alcanzar.

Tampoco puede existir una sociedad verdaderamente justa cuando la verdad pierde valor, la palabra dada deja de respetarse y la responsabilidad individual se diluye. Sin honestidad y sin ejemplaridad pública resulta mucho más difícil proteger a los débiles, ayudar a los desfavorecidos y construir una convivencia basada en la confianza mutua.

La justicia exige además que todos respondan por sus actos. Cuando los ciudadanos perciben impunidad, privilegios o diferencias de trato según la cercanía al poder, la confianza en las instituciones se deteriora gravemente. Y sin confianza resulta difícil sostener el bien común sobre el que descansa toda democracia.

La libertad necesita apoyarse en una sociedad que garantice oportunidades, justicia y respeto a la verdad. Sin esos fundamentos, se convierte en una palabra vacía.

Como cristianos, estamos llamados a defender nuestros valores en la vida cotidiana y también en el ejercicio de nuestras responsabilidades cívicas. La fe no nos indica a qué partido votar, pero sí nos ayuda a discernir qué comportamientos no deberíamos respaldar. La mentira, el incumplimiento sistemático de la palabra dada, la corrupción o cualquier forma de degradación moral de la vida pública, independientemente del color político de quien las protagonice, deben ser las que dirijan el voto si queremos que se cumplan los principios de la doctrina social de la Iglesia.

Necesitamos recuperar la esperanza. Quizá estas reflexiones parezcan ingenuas o idealistas, pero sigo convencido de que una gran mayoría de los españoles desea vivir en una sociedad más justa, más decente y libre. Y precisamente por eso merece la pena recordarlo y exigirlo.

  • David Baeza Moyano es miembro del Instituto de Estudios de las Adicciones IEA-CEU