03 de octubre de 2022

Pablo Velasco

Una narración mayor

Sí, solo un nacimiento ha cambiado el rumbo de la Historia. Nuestro encuentro con Cristo vivo se da en la memoria de la Iglesia, gracias a otros que nos han precedido

Hace unas pocas semanas recibí un regalo inesperado. Tiempo. Un amigo me había invitado a ir a la exposición Tornaviaje en el Museo del Prado. Este amigo me recibió en la entrada, pero no podía acompañarme porque debía solucionar unos asuntos de su trabajo. Por tanto, no tenía más remedio que dedicar toda una hora para ver la exposición. Entiendan que, para un padre de familia, eso es un regalo inesperado.
La exposición responde a su título como viaje de regreso a la Península, como un hecho que nos permite valorar las aportaciones artísticas de América a España y por extensión a Europa. Se puede ver hasta el 13 de febrero de este año.
Me detuve un buen rato en un cuadro de la Virgen que me resultaba familiar. El rostro de una moreneta con una aureola reconocible. Era la Virgen de Atocha, la de mi barrio, pero desde una perspectiva diferente. Además de ser un cuadro y no una escultura. En ese momento pensé en aquel que marchó a América hace unos cientos de años y al llegar describió esa advocación, la de su barrio, para que un artista reprodujera a la Virgen que reina en la casa de los dominicos en Madrid.
En estas Navidades pasadas hemos visto por las calles de toda España la felicitación de la ACdP. Ya saben, esa que decía «Solo un nacimiento ha cambiado el rumbo de la Historia y no es el tuyo. Feliz Navidad».

Nuestro encuentro con Cristo vivo se da en la memoria de la Iglesia

Ha sido una ocasión fenomenal para recordar que el hombre es un ser histórico, que es una de sus dimensiones esenciales, y que la Historia no ha empezado con el nacimiento de uno (gracias a Dios). Nuestro encuentro con Cristo vivo se da en la memoria de la Iglesia, gracias a otros que nos han precedido, una fascinación por un hombre presente que mueve toda la inteligencia y todo el afecto de quien lo encuentra. Ahí nace la cultura nueva.
Nuestra vida es un work in progress. La narración de nuestra vida la hacemos con nuestras acciones, después vendrá la narración literaria. Y en esta secuencia son fundamentales los acontecimientos que son todo aquello que plantea una amenaza o una posibilidad a una trama que está avanzando. Y como dice José Manuel Mora Fandos, buen conocedor de este tema, a menudo esa amenaza y posibilidad se dan al mismo tiempo: puede ser crisis de crecimiento o de generación.
¿Ese viaje a América generó otra trama más fuerte guiada por un sentido más alto y profundo?, ¿qué consecuencias para su felicidad tuvo esa decisión?, ¿fue una decisión libre? El acontecimiento pide una respuesta, y, desde esa respuesta de la persona, podemos releer toda la vida anterior, encontrar el sentido último.

Nuestro nacimiento es entrar en narraciones que ya existían

Por eso la búsqueda nos constituye, por eso la relectura de los acontecimientos es ineludible, por eso hoy la cuestión se decide entre hombre religioso y hombre supersticioso, siendo el primero el que mira a la realidad y se pregunta por su significado. Y en la lectura de los acontecimientos llegamos a una conclusión necesaria: que nuestra historia tiene encaje en otras narraciones mayores. Nuestro nacimiento es entrar en narraciones que ya existían. Conocer un rasgo de mi identidad consiste en conocer alguna narración de carácter general, que da marcos de sentido a ese rasgo. Vivir en sociedad y vivir en la Historia.
En la relectura vital desde esta perspectiva que es La explosión de la soledad de Erik Varden, leemos que «la Iglesia llegó a ser para mí una inspiradora de memoria. Me permitió leer mi banal y a veces escuálida vida dentro de la narrativa de la redención que no solo alcanzaba los tiempos del principio sino también los recuerdos del futuro, de la eternidad». Sí, solo un nacimiento ha cambiado el rumbo de la Historia. Y de la vida de aquel que viajó a América desde el barrio de Atocha. Y de mi vida.
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