05 de julio de 2022

El Cardenal Grech durante la entrevista que ha concedido a El Debate

El Cardenal Grech, durante la entrevista que ha concedido a El Debate

Cardenal Grech: «El Sínodo debe escuchar también a quienes no vociferan»

El secretario general de Sínodo explica en una entrevista con El Debate cómo está siendo todo el proceso

Una vez finalizada la primera fase local del Sínodo en la mayoría de las diócesis del mundo, este verano se realizará la primera Síntesis de todo el material enviado a Roma. Un borrador en el que intervendrán, por primera vez, fieles que no son teólogos, un grupo de trabajo internacional que se reunirá durante dos semanas.
El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, asegura a El Debate que no se excluye a nadie en este proceso, por lo que «tenemos que escuchar también el silencio de la gente, incluso a aquellos que no vociferan. Y siempre desde una perspectiva de la fe». Un enfoque espiritual del proceso en el que «si no invocamos constantemente al Espíritu Santo, será un fracaso».
–¿Cómo está siendo la participación en el Sínodo?
–La impresión que tengo de los mensajes que recibo es muy positiva. Hay un común denominador de las diócesis de países diferentes de que este proceso ha desencadenado un movimiento en las iglesias locales. Algunos ven como un regalo que en este preciso momento de la historia, la Iglesia haya tomado la iniciativa de invitar a todo tipo de personas a participar en esta consulta.
–¿Cree que se han entendido bien la dinámica y los objetivos?
–Acabo de recibir a un obispo de Hungría. Cuando me ha explicado cómo han celebrado la primera fase del Sínodo me ha impresionado, porque realmente ha sido una experiencia sinodal. Creo que es una sensación compartida. La mayoría de los pastores han aceptado la invitación y han sido capaces de involucrar a los laicos, consagrados y religiosos para organizar esta primera fase de consultas.
–En muchas diócesis de Europa las mujeres han sido las más activas. ¿Es algo general?
–No sé si han participado más mujeres que hombres. Creo que ha habido una buena participación de todo el Pueblo de Dios, más allá de distinguir entre hombres y mujeres. Obviamente, afecta el hecho de que haya más congregaciones femeninas. Pero si no fuera por la valiosa participación de las mujeres en la Iglesia, no estaríamos en esta situación. Es algo que deben comprender con claridad, porque el genio femenino que aportan a la Iglesia se perdería si no abrimos espacios para que tengan una mayor participación.
–¿La presencia de la mujer es uno de los temas recurrentes?
–Es importante insistir en que este Sínodo en concreto no se centra en temas particulares, sino que el tema es la Iglesia Sinodal. ¿Cómo podemos reforzar el espíritu de comunidad?, ¿Cómo podemos dar espacio a la participación de todos, con el objetivo de ser una iglesia misionera? Es algo que vale para las mujeres o no, para los religiosos, laicos hombres o mujeres… Todos están invitados a participar y compartir esta misión. Obviamente, habrá cuestiones que salgan a la superficie más que otros. Pero en esta fase del Sínodo perderíamos el foco si tratamos de abordar una cuestión particular y descuidamos la cuestión central de una iglesia sinodal. Creo que una vez que entendemos qué significa Iglesia Sinodal estamos en disposición de abordar otros temas y otros desafíos.
–En agosto se realizará la primera síntesis de lo debatido en las diócesis e iglesias orientales. ¿Quién realizará este documento?
–En anteriores sínodos, la Secretaría General encargaba el trabajo a una o dos personas que preparaban el primer borrador. En esta ocasión, vamos a reunir a un grupo de 24 o 30 personas de distintos países durante dos semanas en un lugar de Roma para reflexionar juntos. Será un periodo de discernimiento en un ambiente espiritual para elaborar este primer borrador.
–¿Cuál es el perfil de este grupo?
–Habrá teólogos y expertos, laicos y religiosos de diversas disciplinas. Hombres y mujeres de todos los continentes.
–¿Cuándo cree que tendrán el documento final?
–Nos reuniremos en agosto para elaborarlo, pero después tendremos que compartirlo y valorarlo, con la idea de que a finales de agosto, o en la primera semana de octubre, pueda estar terminado y hacerse público. A partir de ahí, lo enviaremos a todos los obispos para que pueda servir a la fase continental del Sínodo.
–¿Teme que las grandes expectativas sobre el Sínodo pueda llevar a una decepción?
–Pensar que hay grandes expectativas es algo que me anima. Es positivo, porque significa que el Pueblo de Dios es consciente y mira al futuro de forma diferente sobre cómo vivir nuestra vocación y cumplir con la misión.
–Durante estas semanas de final de asambleas locales ha habido obispos que han tenido que aclarar que no se trataba de conclusiones finales, son meras propuestas. ¿Teme que se pueda crear confusión?
–Desde el principio se planteó que el camino sinodal constaba de varias fases. Ahora mismo estamos en una fase de escucha al Pueblo de Dios y a aquellos que están fuera. No solo tiene una dimensión ecuménica, sino también de diálogo interreligioso.
A partir de ahí, los resultados de este discernimiento, prefiero llamarlo así y no consultas, porque es un ejercicio espiritual, se enviarán a las conferencias episcopales para después trabajar en la fase continental. Es importante insistir en que no se trata de un estudio sociológico, sino de un proceso de discernimiento. Y por último, en la fase final se realizará un Sínodo de Obispos en el que, en definitiva, son ellos quienes tienen la responsabilidad de guiar la Iglesia y determinar si el discernimiento es acertado o no. Serán ellos, junto al Santo Padre, quienes tendrán la última palabra. Al final será el sucesor de Pedro quien calificará la tarea.
–Hace unos días, un representante del Sínodo de la Iglesia en Alemania afirmó que se ha creado una comisión de trabajo con el Vaticano. ¿Está ya en marcha?
–Que yo sepa, aún no. Es prematuro.
–En la nueva Constitución del Vaticano se ha modificado la denominación de la Secretaría del Sínodo, que ya no solo será del Sínodo de Obispos. ¿Qué significa este cambio?
–El Papa quiere una Iglesia Sinodal y el Sínodo que estamos celebrando es diferente de los anteriores, que fueron Sínodo de Obispos. Toda la Iglesia está en este Sínodo, que consta de varias fases. En la última fase se realizará un Sínodo de Obispos. Creo que el Santo Padre ha tomado esta iniciativa no para borrar el término ‘Obispos’, sino para ensanchar la participación e incluir a toda la Iglesia.
–En ocasiones hacen más ruido las propuestas más radicales. ¿Es posible detectar la opinión de quienes no exigen nada nuevo?
–Los obispos están invitados a escuchar a todos, sin excluir a ninguno. En ocasiones tenemos que escuchar el silencio de la gente. Debemos escuchar incluso a quienes no vociferan. Y escucharles en un contexto de fe. Porque sin la fe, este proceso no tiene sentido.
–¿Quizá esa es la clave de que algunos lo confundan con un proceso político?
–Se trata de un proceso espiritual y si no invocamos constantemente al Espíritu Santo, habremos fracasado. Insisto en que no se trata de un ejercicio sociológico, ni un debate, ni un proceso democrático. Se trata de un proceso de discernimiento.
–En algunos procesos locales se ha hablado de la necesidad de recuperar el espíritu de pobreza en la Iglesia. ¿Es algo que entra en los temas de este Sínodo?
–En el fondo, esta idea revela un concepto importante: rendición de cuentas. Creo que la rendición de cuentas forma parte del estilo sinodal, en el que el ámbito financiero también está presente. ¿Por qué no? Podemos aprender cómo ser más transparentes con el Pueblo de Dios.
–Usted lleva meses viajando y visitando distintas diócesis. ¿Qué es lo que más le ha impresionado?
–Sin duda, la fe de la gente sencilla. No son teólogos, no hablan ex catedra, pero son personas sencillas que viven una vida corriente, con una fe profunda. Han encontrado a Jesús. Y aquí está la clave de este Sínodo. No solo para refrescar nuestro encuentro con Jesús, sino también para disponernos mejor a ayudar a las mujeres y hombres de hoy a tener este encuentro especial con nuestro Salvador.
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