Fundado en 1910

Monseñor Georg Bätzing, obispo de Limburgo y presidente de la Conferencia Episcopal AlemanaHarald Oppitz

El presidente de los obispos alemanes lamenta que no ondee la bandera arcoíris en el Reichstag

«Lo digo conscientemente como obispo católico», ha asegurado monseñor Georg Bätzing, que aboga abiertamente por cambiar las enseñanzas de la Iglesia sobre la homosexualidad

Un disgusto para el obispo católico de Limburgo y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Georg Bätzing: la bandera arcoíris tampoco ondeará este año en el Reichstag de Berlín. Lo ha impedido la presidenta del Bundestag, Julia Klöckner (CDU), lo que ha provocado que el prelado asegure que «me parece una pena que lo haya rechazado este año».

En una entrevista con la revista Stern, monseñor Bätzing se muestra convencido de que este gesto «habría sido una buena señal. Lo digo conscientemente como obispo católico». El prelado se ha mostrado en numerosas ocasiones partidario de que la Iglesia atenúe su doctrina respecto a la moral sexual, y en esta ocasión no ha perdido la oportunidad de recordarlo: «La homosexualidad no es pecado» (como, de hecho, subraya el Catecismo). «En el Camino Sinodal Alemán dijimos que queríamos cambiar eso. También se han modificado otras partes del Catecismo, por ejemplo, la relativa a la pena de muerte», ha añadido, sin dar más explicaciones.

Monseñor Bätzing ha reconocido que la Iglesia en Alemania afronta una grave crisis: «Antes, la gente simplemente se iba. Hoy, las razones se expresan con más franqueza. A veces pienso que es una petición de ayuda. El último intento desesperado por encontrar una conexión que la gente ha echado de menos».

Laicos impartiendo sacramentos

La acuciante falta de sacerdotes en suelo germano también le preocupa: «Sin sacerdotes, nuestra vida sacramental corre el riesgo de secarse y la Iglesia se verá vaciada por dentro», explica en la entrevista, al tiempo que aprovecha para proponer otra de sus medidas «estrella»: «Que a los laicos católicos se les permita administrar el sacramento de la unción de los enfermos para fortalecer a los enfermos y moribundos». «Quiero que nuestros feligreses participen en las decisiones. Esto no supone una pérdida del catolicismo, sino un enriquecimiento», asegura.

En el único punto en el que sí parece alineado con las enseñanzas de la Iglesia es en lo que concierne al aborto: «Creo que esto es algo que la Iglesia católica resiste y que debe persistir. No podemos ni queremos cambiarlo: la dignidad humana es inviolable, incluso en el vientre materno, desde el primer momento de la existencia».