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Poesía de Navidad 2025

Fernando Carratalá

La fe que cabe en las manos vacías: la propuesta de Pemán para vivir lo esencial de la Navidad

Inequívoco mensaje el del escritor gaditano, expresado con un delicado lenguaje metafórico: para recibir al Niño Dios hay que dejarlo todo

La adoración de los pastores, de fray Juan Bautista Maíno

José María Pemán (Cádiz, 1898-1981) desarrolló una intensa actividad política y cultural a lo largo de su vida: enemigo de la II República, desempeñó cargos de relevancia institucional en el franquismo, e incluso desde sus convicciones monárquicas, llegó a presidir, hasta su disolución en 1969, el Consejo Privado del conde de Barcelona, don Juan de Borbón.

Y aunque esta trayectoria política dentro de la ideología del tradicionalismo es en la actualidad objeto de todo tipo de polémicas y le han sumido en el más absoluto olvido, donde «parece» que hay un mayor consenso es en reconocer su categoría como escritor, que fue capaz de cultivar los más variados géneros, desde la poesía y la novela, hasta el ensayo, la oratoria y el periodismo, pasando por el teatro, donde obtuvo notables éxitos con el drama histórico y la comedia de enredo.

Y entre sus poesías no faltan las dedicadas a temas navideños, como las tituladas «Oración del Año Nuevo» o «Villancico de las manos vacías», que reproducimos y comentamos a continuación.

Villancico de las manos vacías

Yo tenía
tanta rosa de alegría,
tanto lirio de pasión,
que entre mano y corazón
el Niño no me cabía...

Dejé la rosa primero.
Con una mano vacía
—noche clara y alba fría—
me eché a andar por el sendero.
Dejé los lirios después.
Libre de mentiras bellas,
me eché a andar tras las estrellas
con sangre y nieve en los pies.

Y sin aquella alegría,
pero con otra ilusión,
llena la mano y vacía,
cómo Jesús me cabía
—¡y cómo me sonreía!—
entre mano y corazón.

19 versos y 4 estrofas

Inequívoco mensaje el de Pemán, expresado con un delicado lenguaje metafórico: para recibir al Niño Dios hay que dejarlo todo («tanta rosa de alegría, / tanto lirio de pasión», versos 2 y 3, en construcción paralelística), e incluso vaciarse uno a sí mismo por completo, porque sólo así, liberados de ataduras (versos 9 y 12, también en construcción paralelística: «me eché a andar por el sendero» —en «noche clara y alba fría»—; «me eché a andar tras las estrellas» —«con sangre y nieve en los pies»— podrá abrazarse la verdadera ilusión que reside en Jesús (es esa «otra ilusión» que se menciona en el verso 15).

El poema está compuesto por cuatro conjuntos estróficos de desigual extensión, formados por 19 versos en total, todos octosílabos a excepción del primero, que es tetrasílabo. Las rimas consonantes quedan así distribuidas: aabba [I] (quintilla), cddc [II] (redondilla), effe [III] (redondilla), abaaab [IV] (sextilla).

Y es altamente significativa la coherencia estructural del poema, al que no es ajena la estructura rítmica: de los versos 4 y 5 (el primero, de terminación aguda; el segundo, de terminación llana: «que entre mano y corazón / el Niño no me cabía...»), se pasa a los versos 17 y 19 (el primero, de terminación llana; el segundo, de terminación aguda, coincidiendo con el final del poema: «cómo Jesús me cabía [...] / entre mano y corazón»).

Y en esa sonrisa del Niño al «yo poético» (verso 18, cuyo carácter exclamativo expresa una alta emoción lírica: «—¡y cómo me sonreía!—» se condensa un proceso espiritual de renuncia a andar por caminos extraviados, sin dejarse cautivar por «mentiras bellas» (verso 10), hasta alcanzar esa «otra ilusión» (verso 15) que encarna el Niño. Y así se cambia la alegría mundana por la celestial.