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Monseñor Robert Barron y el nuevo alcalde de Nueva York, el musulmán Zohran Mamdani

Monseñor Barron le recuerda al nuevo alcalde Mamdani los frutos del comunismo: «Cien millones de muertos»

El flamante regidor de Nueva York realizó un encendido alegato a favor del «colectivismo» y el obispo de Winona-Rochester objetó que «esas formas de gobierno son desastrosas»

Su primer discurso como nuevo alcalde de Nueva York estuvo plagado de promesas, buenas intenciones y propuestas almibaradas. Zohran Mamdani, el nuevo regidor demócrata de «la ciudad que nunca duerme», se despachó el pasado 1 de enero con frases grandilocuentes como «reemplazaremos la frialdad del rudo individualismo por la calidez del colectivismo» o «si nuestra campaña demostró que la gente de Nueva York anhela la solidaridad, que este gobierno la fomente».

«Esa frase me dejó sin aliento», reconoció al día siguiente en su perfil de X monseñor Robert Barron, el obispo de Winona-Rochester y el más influyente en redes sociales de Estados Unidos. «Dijo que pretendía reemplazar 'la frialdad del rudo individualismo por la calidez del colectivismo'. El colectivismo, en sus diversas formas, es el responsable de la muerte de al menos cien millones de personas en el último siglo», observó el prelado, que cuenta con más de 400.000 seguidores en esa red social.

Monseñor Barron dirigía así su crítica al comunismo –ideología que defiende Mamdani– y a la cifra de muertos provocada por su aplicación a lo largo del siglo XX, como documenta la obra de 1997 El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión, coordinado por el historiador francés Stéphane Courtois. «Las formas de gobierno socialistas y comunistas en todo el mundo hoy en día —Venezuela, Cuba, Corea del Norte, etc.— son desastrosas», constata el obispo de Winona-Rochester, que publicó su mensaje un día antes de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenara la intervención, precisamente, en Venezuela.

La Iglesia condena el marxismo

«La doctrina social católica ha condenado sistemáticamente el socialismo y ha abrazado la economía de mercado, que personas como el alcalde Mamdani caricaturizan como 'individualismo rudo'», prosigue el prelado. A juicio de monseñor Barron, la economía de mercado «es el sistema económico que se basa en los derechos, la libertad y la dignidad de la persona humana». «Por Dios, ahórrame la 'calidez del colectivismo'», sentencia el prelado.

Como ha recogido la agencia de noticias CNA, tanto el socialismo como el comunismo han sido condenados por muchos Papas. El primero en hacerlo fue Pío IX en su encíclica Nostis et Nobiscum, de 1849 , apenas un año después de que Karl Marx publicara El Manifiesto Comunista.

El fundamento de la enseñanza social católica se basa en la encíclica Rerum Novarum, de 1891, del Papa León XIII. En ella, el Pontífice rechazó tanto el socialismo como el comunismo, pero también condenó las malas condiciones laborales de la clase trabajadora y a los empleadores «que utilizan a los seres humanos como meros instrumentos para ganar dinero».

«Cada uno necesita al otro: el capital no puede prescindir del trabajo, ni el trabajo del capital», escribió el pontífice del siglo XIX. «El acuerdo mutuo da como resultado la belleza del buen orden, mientras que el conflicto perpetuo produce necesariamente confusión y una barbarie salvaje», preconizó en esa encíclica.

La propiedad privada

El Papa Pío XI, en su encíclica Quadragesimo Anno, de 1931 , escribió sobre la importancia de la propiedad privada, y afirmó que el hombre debe ser capaz de «cultivar y desarrollar plenamente todas sus facultades para alabanza y gloria de su Creador; y que cumpliendo fielmente los deberes de su oficio u otra vocación pueda obtener para sí mismo la felicidad temporal y al mismo tiempo eterna».

El socialismo, dijo, «ignora por completo y es indiferente a este fin sublime tanto del hombre como de la sociedad, y afirma que la asociación humana ha sido instituida únicamente para obtener ventajas materiales». «Socialismo religioso o socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede ser al mismo tiempo buen católico y verdadero socialista», sentenció entonces Pío XI.

Décadas más tarde, l Papa Benedicto XVI diferenció el socialismo del socialismo democrático. En 2006 estableció que, «en muchos aspectos, el socialismo democrático era y es cercano a la doctrina social católica y, en cualquier caso, ha hecho una contribución notable a la formación de una conciencia social».

Un Gobierno que no controle todo

Sin embargo, en su encíclica Deus Caritas Est, de 2005, Benedicto XVI señaló que el Gobierno no debe controlarlo todo, sino que la sociedad necesita un Estado que, «según el principio de subsidiariedad, reconozca y sostenga generosamente las iniciativas que surgen de las diferentes fuerzas sociales y combine la espontaneidad con la cercanía a los necesitados».

El Papa Francisco criticó la ideología marxista, pero también el «individualismo radical» que, según afirmaba en su encíclica Fratelli Tutti, de 2020, «nos hace creer que todo consiste en dar rienda suelta a las propias ambiciones, como si persiguiendo ambiciones cada vez mayores y creando redes de seguridad estuviéramos de alguna manera sirviendo al bien común».

El Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 2425, enseña que «la Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en la época moderna como el 'comunismo' o el 'socialismo'. Asimismo, se ha negado a aceptar, en la práctica del 'capitalismo', el individualismo y la primacía absoluta de la ley del mercado sobre el trabajo humano».