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El sacerdote almeriense Salvador Valera Parra

Salvador Valera, «el Cura de Ars español» que hoy se convertirá en beato de la Iglesia católica

El sacerdote almeriense Salvador Valera Parra será elevado a los altares esta mañana en Huércal-Overa, donde nació y ejerció su inmensa obra evangelizadora

Un gran monumento de piedra blanquecina representa a Salvador Valera Parra en el centro de Huércal-Overa, el municipio almeriense que le vio nacer en 1816, que se benefició de su ingente labor evangelizadora y que lloró la muerte de su párroco en 1889.

El Cura Valera será beatificado en la mañana de este sábado durante una celebración a la que se espera que asistan miles de personas. El Espacio de Usos Múltiples de la localidad, situado en la Avenida Felipe VI, será el escenario en donde, a partir de las 11 de la mañana, presidirá la misa el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, como representante del Santo Padre León XIV. Junto a él está previsto que concelebren el obispo de Almería, Antonio Gómez Cantero; el arzobispo de Granada, José María Gil Tamayo; los obispos de Cartagena, José Manuel Lorca Planes; Guadix, Francisco J. Orozco Mengíbar; Getafe, Ginés García Beltrán; Córdoba, Jesús Fernández González, y Jaén, Sebastián Chico Martínez. También ha confirmado su asistencia el arzobispo emérito de Granada, Francisco Javier Martínez Fernández.

Toda una puesta de largo para conmemorar al nuevo beato, al que arroparán también cerca de 150 sacerdotes y diáconos, junto con 120 seminaristas de las diócesis de Almería, Cartagena, Granada y Getafe, que servirán en el altar como acólitos.

«Hechos portentosos»

En el libro El Cura Valera y sus cosas, su autor, Antonio Jiménez, refiere cómo Huércal-Overa fue testigo de hechos portentosos, como el incendio del templo que se apagó súbitamente cuando el nuevo beato invocó a la Virgen María y decenas de milagros. El entonces arzobispo de Valencia solía repetir de él: «No estoy hablando de un hombre ni de un sacerdote, hablo de un ángel». Eso le llevó a ser conocido como «el Cura de Ars español».

Pero eso no engrió al humilde sacerdote huercalense. Provenía de una familia pobre y humilde, y sus biógrafos recogen que estudió en el seminario de San Fulgencio de Murcia, diócesis a la que entonces pertenecía su municipio. Ordenado sacerdote a los 24 años en 1838, «destaca por un celo ardiente, humildad profunda, sencillez encantadora, generosidad admirable y caridad sin límites».

Ejerció su ministerio en las parroquias de Alhama de Murcia y Cartagena hasta que, en 1868, regresa como párroco a su pueblo natal. Siempre dispuesto a repartir su comida y vestidos, pasa las noches en vela cuidando enfermos y moribundos, ofreciendo a todos el auxilio espiritual. La Virgen se convierte en la principal confidente de sus desvelos. Atendió con heroísmo a los enfermos del cólera en las epidemias de entonces.

Ante el peligro de terremotos nunca quiso abandonar a su pueblo si no lo hacían también los presos a los que socorría. En atención a su entrega recibió varios premios y condecoraciones civiles. El 15 de marzo de 1889, tras una vida sacerdotal entregada y acompañada de signos extraordinarios, muere en olor de santidad.

Su cuerpo reposa junto al altar de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Huércal-Overa. A partir de hoy, su nombre aparecerá inscrito en el libro de los santos.