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El padre Anthony Wieck, SJ, dando una homilíaJesuits Central and Southern

«Qué maravilloso es ser católico»: La historia del jesuita que ha escapado de los misiles de Irán

Lo que empezó como una peregrinación por los Santos Lugares se convirtió en una huida precipitada de la guerra de Irán: estaba apoyado por las oraciones de «cientos de personas»

«no solemos llevar bien nuestras cruces en tiempos de crisis», declara el jesuita Anthony Wieck, SJ, a EWTN News. El sacerdote ha regresado reciente y apresuradamente de una peregrinación a los Santos Lugares, tras el estallido de la guerra de Irán. El jesuita natural del estado de Oregon, incardinado en la diócesis de Lafayette (Luisiana), en el sur de los EE.UU., llevaba una semana en Israel liderando un grupo de veinte peregrinos cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán... y todo se tornó rápidamente en un 'valle de lágrimas'.

Durante esa semana, los peregrinos pudieron visitar la región de Galilea, al norte del actual Israel, lugar de nacimiento y predicación —en su mayoría— de Jesucristo. «Acabábamos de pasar una semana en Galilea y rezamos en los mismos lugares sagrados de las enseñanzas y milagros de Jesús», comenta Wieck. Galilea «es una hermosa tierra que [Dios] creó para sí mismo, para disfrutarla en esta tierra», añade. El grupo de peregrinos se trasladó a Jerusalén, tras su tiempo en Galilea... y se desencadenó la guerra.

Regiones históricas en las que se dividía la provincia romana de Judea en tiempos de Jesús, con Galilea al norteWikimedia Commons

De búnker en búnker

Dos días después de llegar a Jerusalén, EE.UU. e Israel lanzaron un ataque conjunto a Irán, segando la vida del ayatolá y varios altos cargos mahometanos (el pasado 28 de febrero). En respuesta, el país agredido lanzó misiles y drones contra Israel y bases militares estadounidenses en 7 países en el golfo pérsico. Al momento, en toda Jerusalén «empezó a correr la voz de la necesidad de evacuar la región», explica Wieck.

De los veinte peregrinos dirigidos por el padre, «varios pudieron salir de inmediato, mientras que otros que intentaron salir al día siguiente no consiguieron un vuelo y finalmente tuvieron que regresar con el grupo», detalla. Desde Jerusalén, el jesuita y los peregrinos se trasladaron al Aeropuerto Internacional Ben Gurión, cerca de Tel Aviv. «No es un lugar seguro porque hay instalaciones militares cerca», comenta Wieck sobre el aeropuerto. «Se lanzaban misiles iraníes hacia allí, y nuestra gente... fue llevada al refugio antiaéreo, instalado a cinco pisos de profundidad bajo el aeropuerto».

El guía israelí del grupo decía que «simplemente buscáramos refugio cuando sonaran las sirenas», añade. «Quienes viven en Jerusalén —según el guía— están tan acostumbrados a las sirenas de alerta que tienen mucho menos miedo». Wieck estaba ofreciendo una misa cantada en la iglesia Dominus Flevit (en español, 'El Señor lloró'), que se alza donde la tradición sostiene que Jesús sollozó ante Jerusalén (cf. Lc 19, 41-44). Mientras consagraba, se escuchaban explosiones a lo lejos: la Cúpula de Hierro (sistema móvil de defensa aérea israelí que intercepta misiles/cohetes de corta distancia y aeronaves) repelía misiles iraníes.

La Cúpula de Hierro israelí (izquierda), desplegada para detener un ataque de misiles de Hamas (derecha), en 2021Anas Baba/AFP

«Daba miedo, sí, pero continué la misa con confianza, y después de la Comunión pedí a todos los peregrinos que oraran un par de minutos pensando en la situación del Señor», agrega. Después de la misa, un grupo de peregrinos del estado de Kansas se unió a ellos en la iglesia en medio de sirenas y explosiones en la región circundante. La compañía de viajes les ordenó evacuar el país a la mañana siguiente.

El grupo tuvo que partir hacia Jordania, entre evacuaciones masivas: «Un viaje típico de dos horas a Amán, Jordania, nos llevó siete horas», anota Wieck. En tal situación de crisis humanitaria y política, «mi confianza estaba en Dios», asegura. El Departamento de Estado de los EE. UU. proporcionó evacuaciones militares a los estadounidenses en la zona. «Poco a poco, nuestros peregrinos encontraron un vuelo ocasional que los sacaba de la zona de guerra», añade, ante las cancelaciones masivas de las aerolíneas por no sobrevolar el espacio aéreo israelí.

El padre Wieck, consagrando en la iglesia 'Dominus Flevit'Anthony Wieck, SJ, via EWTN News

Finalmente, una semana después del estallido de la guerra de Irán, Wieck y otro peregrino, un religioso de Phoenix, fueron los últimos de todo el grupo en salir de Jordania, el pasado 4 de marzo. El jesuita agradeció que la compañía Royal Jordanian Airlines tuviese la valentía de volar ese día: «Es mi nueva aerolínea favorita», bromea.

«Quería rezar mucho, pero sentía tanto estrés y trauma a mi alrededor que fue realmente difícil», asegura: «Estaba exhausto». Sin embargo, durante la precipitada evacuación, «cientos de personas» en casa estaban animando a los peregrinos con oraciones y sacrificios, porque «sabían que nuestra situación se estaba volviendo un poco más grave», declara.

El Padre Wieck, compartiendo una reflexión sobre espiritualidad ignacianaJesuits Central and Southern

De regreso a su comunidad en el estado de Luisiana, Wieck dice que la experiencia lo ha dejado pensativo: asegura que le ha sido nítido «cuánto necesitamos la ayuda de nuestros hermanos y hermanas en tiempos de crisis». «Ha sido realmente una experiencia católica [...] Como seres humanos, no solemos llevar bien nuestras cruces en tiempos de crisis, pero nuestros hermanos y hermanas en la fe pueden ayudarnos a salir adelante. ¡Qué maravilloso es ser católico!», concluye.