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León XIV, en el domingo 'Gaudete' recordó que «siempre es posible empezar de nuevo»5 Radio

¿Por qué los sacerdotes visten de rosa este domingo?: este es el significado del 'Laetare'

Cada cuarto domingo de cuaresma, previo al Domingo de Ramos, el color rosado irrumpe como un paréntesis luminoso: una invitación a la alegría que comparte espíritu con el conocido domingo 'Gaudete' del Adviento

el próximo domingo es el cuarto de cuaresma, y muchas iglesias verán a sus párrocos revestidos de rosa. Es el Laetare, que es un recordatorio de que en medio de la penitencia típica cuaresmal hay espacio para la esperanza. Su nombre proviene de 'Laetare Ierusalem' (en español, 'Alégrate, Jerusalén'), las primeras palabras de la antífona de entrada de esta misa dominical, inspiradas en Isaías 66,10: «Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis; alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto». Este guiño litúrgico no es casual, y te explicamos por qué.

A diferencia de los tonos austeros y morados que dominan este período litúrgico, el domingo Laetare despliega símbolos que suavizan el ambiente penitencial. El más visible es el color rosado de las vestiduras litúrgicas, que sustituye al habitual violeta. Este gesto se reserva solamente para dos momentos del año: el cuarto domingo de Cuaresma (previo al Domingo de Ramos) o Laetare, y el tercer domingo de Adviento, o Gaudete.

León XIV agregó: «En los desafíos más grandes el Señor camina con nosotros y, con Él, siempre sucederá algo maravilloso»ACI Prensa

Ambas festividades toman su denominación de vocablos en latín: Gaudete significa 'regocijaos', y Laetare, 'alegraos'. Ambos domingos rompen la severidad de sus respectivos tiempos litúrgicos: Gaudete lo hace en clave de espera del nacimiento de Jesús; Laetare, en clave de esperanza ante la cercanía de la Pascua.

Aunque separados por el calendario, Laetare y Gaudete coinciden en su propósito: recordar que la fe cristiana, incluso cuando invita al sacrificio y la penitencia, siempre está marcada por la alegría, que, en el caso del venidero Laetare, se convierte en una espera de la celebración más importante del calendario cristiano: el Triduo Pascual, donde Cristo padece, muerte y resucita por cada uno de nosotros.