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La defensa de la vida no es solo una cuestión religiosa, sino también científica

Los manuales de embriología afirman que el cigoto no es un «proyecto de hombre», sino un individuo de la especie humana. «El embrión es una persona distinta de sus padres», recuerdan los obispos, apoyándose en los avances moleculares y ecográficos

«El aborto nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana», afirman los obisposnatatravel

En la solemnidad de la Encarnación, que se celebra hoy, 25 de marzo, la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida difunde su mensaje con motivo de la Jornada por la Vida. Este año, bajo el lema La vida, un don inviolable, la Conferencia Española ha querido reafirmar la dignidad de toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Además, dada la percha de actualidad, denuncian lo que consideran una creciente incoherencia en torno a la práctica del aborto, que se busca blindar constitucionalmente.

El texto ha sido firmado en particular por los obispos D. José Mazuelos (Canarias), D. Ángel Pérez Pueyo (Barbastro-Monzón), D. Santos Montoya (Calahorra y La Calzada-Logroño), D. Antonio Prieto (Alcalá de Henares) y D. Gerardo Melgar (emérito de Ciudad Real). La invitación a reflexionar arranca recordando el sentido profundo de la memoria de la Anunciación: el momento en el que «el Verbo se hizo carne en las entrañas de la Virgen María», revelando el principio antropológico: «Toda vida humana es un don inviolable y una buena noticia».

La ciencia como fundamento de la defensa de la vida

En su primer bloque, los obispos subrayan que la defensa de la vida no es únicamente una cuestión religiosa, sino también empírica. El mensaje insiste en que la biología contemporánea sostiene de manera unánime que desde la fecundación existe «un organismo humano vivo e independiente, con un patrimonio genético propio» y un desarrollo autónomo y coordinado.

El documento cita expresamente los manuales de embriología, que afirman que el cigoto no es un «proyecto de hombre», sino un individuo de la especie humana. «El embrión es una persona distinta de sus padres», recuerdan los obispos, apoyándose en los avances moleculares y ecográficos. Añaden incluso que los pensadores favorables al aborto reconocen que el embrión es un ser humano desde sus primeros momentos.

A partir de esta premisa, los prelados sostienen que el aborto es «objetivamente inmoral», pues implica «poner fin a la vida de un individuo de nuestra especie», negando la igualdad radical de derechos que debe sostener cualquier humanismo auténtico. El mensaje recoge también unas palabras recientes del Papa León XIV, quien ha rechazado «categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida», entre ellas el aborto, que «interrumpe una vida en crecimiento».

La «paradoja biopolítica»: incoherencias legales y sociales

Uno de los pasajes más contundentes del documento se encuentra en el segundo apartado, donde los obispos denuncian la tendencia a elevar el aborto a la categoría de derecho, incluso con rango constitucional. «El aborto nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana», afirman con rotundidad.

Para ilustrar lo que llaman una «grave paradoja biopolítica», retoman un discurso de D. Luis Argüello sobre la situación de un hospital donde, en una sala, un equipo médico lucha por salvar a un bebé de cinco meses y medio de gestación, mientras que en otra sala se interrumpe voluntariamente la vida de un bebé de la misma edad. «Es totalmente legal», recordaba Monseñor Argüello. Y añadía otra comparación: destruir un huevo de águila puede acarrear multas y penas de cárcel, mientras que la ley permite abortar a un hijo con síndrome de Down hasta el final del embarazo. Para los obispos, esta contradicción revela un debilitamiento de la democracia, incapaz de proteger al más vulnerable: el no nacido.

La Iglesia, «hospital de campaña» para los más pobres

En su tercer bloque, los prelados se inspiran en el magisterio del papa Francisco y del papa León XIV para recordar que la Iglesia debe ser un «hospital de campaña» que cuide la carne de Cristo en los que sufren. Y entre ellos, subrayan, los no nacidos son «los más pobres entre los pobres», pues no pueden defenderse ni siquiera con un grito.

El mensaje amplía la mirada hacia las madres y padres que afrontan un embarazo en situaciones difíciles. Apoyándose en el IX Informe FOESSA, los obispos señalan que muchas mujeres ven frustrada su maternidad por «barreras estructurales» como la precariedad laboral, la falta de vivienda o la debilidad de las políticas familiares.

Ante esta realidad, la Conferencia Episcopal propone una «alianza social para la esperanza» que favorezca la natalidad y cree condiciones para que los jóvenes puedan formar familias abiertas a la vida. El objetivo es que ninguna mujer se vea abocada al aborto por soledad o falta de recursos.

El mensaje concluye con un tono esperanzador. Los obispos invitan a todos —creyentes y no creyentes— a ser «enamorados de la vida» y no meros espectadores acostumbrados a la cultura del descarte. Es de agradecer la labor de tantas organizaciones y personas que acompañan a mujeres embarazadas en dificultades, ofreciendo apoyo integral. En ese sentido, algunos estudiantes se han unido reflexionando en torno al mensaje desde la Universidad con el concurso CEU por la Vida del Instituto de la Familia. «El aborto no es una conquista, sino un fracaso personal y social» clama la CEE en su deseo de que un día a las futuras generaciones les cueste creer que se eliminaron millones de vidas humanas en nombre de la libertad.

El texto concluye con una invocación a la Virgen: «Que Santa María, Madre de la Vida, nos ayude a construir una sociedad donde cada niño sea recibido como un don y cada madre encuentre el apoyo necesario para abrazar la vida».

Marcos García-García es profesor de Doctrina Social de la Iglesia y Bioética en la Universidad CEU San Pablo