Imagen de la Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena
Semana Santa 2026
¿Por qué se indultan presos el Viernes de Dolores?
Este viernes, 27 de marzo, se celebra el Viernes de Dolores o Viernes de los Indultos, en el que las hermandades y cofradías piden la liberación de algunos presos
Este viernes, 27 de marzo, celebramos el Viernes de Dolores, un día en el que la Iglesia conmemora el sufrimiento de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo y abre las puertas a la Semana Santa, esos días en los que recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Este viernes, como parte de una tradición antigua, también es conocido como Viernes de los Indultos pero ¿por qué recibe este extraño nombre?
Viernes de los Indultos
Este viernes tan señalado en el calendario, en España las hermandades u cofradía solicitan al Gobierno la liberación anticipada de presos. Su indulto. De ahí el nombre. ¿Y de dónde viene esta tradición?
Según recoge Juan Ramón Rodríguez Llamosí, doctor en Ciencias Jurídicas y máster en Humanidades, en El perdón cristiano en el Derecho español: los indultos a las cofradías de penitencia, existen dos versiones.
La primera de ellas apunta a que el origen de estos indultos podría estar en la Ley del Perdón del Viernes Santo de la Cruz, proclamada en Valladolid en el año 1477 por Juan II de Castilla, hijo de Enrique III el Doliente y Catalina de Lancáster, y padre de Isabel la Católica.
Según establecía una de las cláusulas de esta ley, «Todos los persones que nos hubiéramos de hacer en cada año se guarden para el Viernes Santo de la Cruz».
La segunda versión apunta a que el origen podría estar en el año 1759, cuando bajo el mandato del rey Carlos III, una epidemia de peste redujo la población de Málaga de forma preocupante. Ante los peligros de la enfermedad, aquel año se decidieron suspender los actos tradicionales de la Semana Santa. Sin embargo, los internos de la prisión se ofrecieron a llevar a hombros la imagen de Jesús el Rico, petición que fue denegada.
Los presos no se conformaron con aquella negativa y protagonizaron un levantamiento dentro del recinto penitenciario. A raíz de este motín, consiguieron salir de la cárcel con el objetivo de llevar en procesión la imagen sagrada por las calles de Málaga. Una vez concluido el recorrido, regresaron por iniciativa propia al centro penitenciario, cerrando así un episodio que ha quedado marcado en la tradición local.
Tras la celebración de la procesión, la epidemia de peste remitió que afectaba a la ciudad remitió. Sobre este desenlace existen distintas interpretaciones, tal como señala un doctor en Ciencias Jurídicas y máster en Humanidades, quien apunta que «quizás por la cera candente que se derramó sobre las calles y por el incienso que purificó el ambiente evitando la propagación de la enfermedad o, quizás, por un verdadero milagro de la propia imagen de Jesús el Rico cuyo brazo articulado da a su paso la bendición». Esta reflexión recoge tanto explicaciones de carácter material como la posibilidad de un hecho de naturaleza sobrenatural, lo que ha contribuido a consolidar el relato en torno a este episodio histórico.
Sea cual fuere la causa concreta, lo cierto es que la Corte interpretó lo sucedido como un acontecimiento extraordinario. De hecho, lo consideró «una especie de bendición divina», lo que llevó al monarca a adoptar una decisión de gran relevancia. En este contexto, se promulgó una Pragmática mediante la cual «permitía a la cofradía de Nuestro Padre Jesús el Rico liberar a un preso cada año, tradición que se ha extendido hasta nuestros días y mediante la cual se concedieron los indultos a las cofradías de Semana Santa», tal y como se recoge en el artículo. Esta disposición institucionalizó una práctica que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las señas de identidad de determinadas celebraciones de la Semana Santa española.
En paralelo, el análisis también incorpora una explicación más técnica sobre el procedimiento que sigue este tipo de medidas en la actualidad. Así, Rodríguez subraya que el proceso para adelantar la libertad de un recluso durante la Semana Santa comienza con una petición formal. Esta solicitud es presentada por la hermandad o cofradía interesada en obtener el indulto y debe remitirse al centro penitenciario correspondiente con una antelación mínima de siete u ocho meses. Se trata, por tanto, de un trámite que exige planificación y cumplimiento de plazos concretos.
Posteriormente, la institución penitenciaria asume la responsabilidad de examinar los posibles candidatos. En este análisis se valoran distintos criterios legales que resultan imprescindibles para poder optar a este beneficio. Entre ellos, se encuentra el buen comportamiento del interno, así como el hecho de que haya sido condenado por un único delito. Además, se exige que el preso se encuentre en tercer grado y que no haya cometido delitos de sangre, lo que limita considerablemente el perfil de los beneficiarios.
De este modo, una tradición de origen histórico y marcada por interpretaciones tanto religiosas como sociales ha derivado en un procedimiento reglado, en el que confluyen elementos simbólicos y jurídicos. A día de hoy, esta práctica sigue vigente, reflejando la continuidad de una costumbre que hunde sus raíces en un episodio singular y que ha sido adaptada a las exigencias del marco legal contemporáneo.