El neo sacerdote de Augsburgo Josef Wagner
«Nadie me obliga: Si hubiera visto que no podía mantener el celibato, no me habría ordenado sacerdote»
No todo lo que llega de la Iglesia alemana es chusco y contestatario: Josef Wagner, que logró cierta notoriedad por sus vídeos en YouTube, ya es cura
Que un joven seminarista se plante delante de una cámara de vídeo para decir que quiere ser sacerdote y que comulga plenamente con la doctrina de la Iglesia no debería ser noticia. Salvo que suceda en Alemania, donde la heterodoxia parece ser la única que tiene voz.
La realidad, sin embargo, es bien distinta, y el clero joven alemán (como ocurre en prácticamente cualquier rincón de la Iglesia universal) busca mantenerse fiel al Magisterio, mientras que el que opta por la heterodoxia languidece. Es el caso de Josef Wagner, un joven sacerdote de 27 años ordenado recientemente en la diócesis de Augsburgo (Alemania), y que ha sido entrevistado por katholisch.de, el principal portal informativo de la Iglesia en aquel país.
«Derboivomseminar» («El chico del seminario», como era conocido en Internet), logró una cierta relevancia en redes sociales cuando se preparaba para ser sacerdote, aunque luego abandonó esa faceta porque, «para mi discernimiento vocacional, fue mejor tomarme un descanso de las redes sociales». Josef reconoce que, durante esos años, llegó a pensar que «quizás Dios se equivocó y eligió a la persona equivocada para esta profesión», ya que «me planteaba dudas sobre mi madurez personal y mi idoneidad como sacerdote». «Algunos me miraban con extrañeza y dudaban de que lo lograra. Pero para mí, era el camino correcto», confiesa.
Su opinión sobre el celibato opcional
En sus vídeos trataba temas tan contraculturales como el celibato opcional de los sacerdotes, y habla desde su propia experiencia personal: «Si me hubiera dado cuenta de que no funcionaba y de que no podía mantener el celibato y vivir así, no me habría ordenado sacerdote». «Creo que es un error pensar que hacerse sacerdote hará desaparecer las dudas sobre la sexualidad. Siempre lo tuve claro: a pesar de la ordenación, sigo siendo la misma persona. Tengo que examinar de antemano si puedo vivir así en la práctica o no. He tenido siete años para hacerlo», agrega. Y, sobre el futuro, es cauto: «Si algún día me enamoraré, aún no lo sé... Simplemente confío en que si le entrego a Dios mi fuerza, mis talentos, toda mi vida... Él hará algo bueno con ello y no me abandonará cuando las cosas se pongan difíciles».
Su opinión sobre el celibato opcional, que algunos se esfuerzan por imponer en la Iglesia, es diáfana: «A mí no me obligaron a nada como sacerdote. Sabía a lo que me exponía e hice la promesa voluntariamente. Si viviera una vida impuesta, no podría vivirla. Siento que tengo vocación de sacerdote». «No tengo ningún problema con eso. Hace poco, una amiga que se casó me dijo: 'Es sorprendente cómo esta cuestión del celibato no se vuelve aburrida', porque a ella tampoco le preguntan constantemente sobre su matrimonio. Ella también eligió conscientemente un estilo de vida», observa.
El padre Wagner, con unos jóvenes
Wagner es consciente de los retos que tiene por delante: «Conozco a un joven sacerdote que renunció apenas un año después de su ordenación. No sé exactamente cuál fue el motivo, pero todo se le hizo demasiado. Pero eso también sucede con las parejas casadas que se divorcian después de unos años». «En mi primera misa, había dos mil personas que compartieron mi alegría y me felicitaron. Fue una celebración maravillosa, pero estaba bastante nervioso. Lo tomé como un regalo y una confirmación de mi camino. Es un apoyo que tanta gente esté ahí para mí. Sentí presión, pero eso fue antes de mi ordenación, porque tenía que decidir si quería ser sacerdote o no. Esa presión ya no existe porque he tomado mi decisión y he llegado a ser pastor», refiere el joven presbítero.
«Creo que Dios permanece con nosotros y nos acompaña en cada situación», asegura el padre Wagner. «Quiero decirles a las personas que la vida vale la pena vivirla. La vida es un regalo. En mi primera misa, había un sacerdote, un buen amigo, que era el decano de Augsburgo. Unas semanas después, falleció en un accidente de bicicleta . Fue un compañero y amigo importante para mí. Por supuesto, me entristeció mucho después. Pero para mi ordenación, me había dado una tarjeta con la siguiente inscripción: Que tu lema para tu primera misa, 'Dios está con nosotros', se cumpla también en los momentos difíciles. Cuando murió, miré la tarjeta y pensé: Mira, ahora esa frase ya se ha cumplido».