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El Padre José María Prada tras ser asesinadoDiócesis de Salgueiro

El sacerdote asesinado por negarse a celebrar un matrimonio inválido: «Preferiría morir»

El Padre José María Prada recibió cinco disparos a manos de un sargento de la policía militar

Corría el año 1991 cuando, en una tarde aparentemente tranquila de abril, en la casa parroquial de la iglesia de San Antonio, en Salgueiro, en el corazón del estado brasileño de Pernambuco, cinco disparos atravesaron el cuerpo del padre José María Prada. El ataque fue causado por la fiel decisión de este sacerdote: no celebrar un matrimonio inválido.

Presiones, sobornos y amenazas

Fue un hombre identificado como sargento de la policía militar del lugar el que precisó de sus servicios para contraer matrimonio. Tras seguir el procedimiento corriente que marca el sacramento, Prada descubrió que el hombre ya había estado casado oficial y legítimamente.

Al enterarse del suceso, trasmitió su rotunda negativa a celebrar el matrimonio. Fueron continuados los intentos del sargento para presionarle, ofrecerle dinero e incluso amenazarle de muerte, pero nada frenó la negativa de este fiel servidor de Dios quien afirmó que antes «preferiría morir».

El 29 de abril de 1991 el sargento entró en la casa parroquial y, sin mediar palabra, apretó el gatillo para propulsar cinco balas que mataron de inmediato a José María Prada.

Fiel servidor de la Iglesia

Hoy los brasileños le siguen recordando por su gran valentía al no ceder en los momentos de dificultad. La inscripción elegida para presidir sus restos fue «mártir de la santidad del matrimonio», frase que refleja el gran amor a su ministerio y a la Iglesia, defendiendo el punto 1640 de su Catecismo hasta la muerte.

Punto 1640 del Catecismo:
Por tanto, el vínculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás (...).

Aún no se ha abierto el proceso de beatificación de José María Prada, pero son muchos los fieles que acuden a su intercesión, confiando en la santidad lograda gracias a su martirio y a las grandes virtudes que mostró en vida.

Esta dio comienzo en 1928 al noreste de Portugal. En su juventud ingresó en la Congregación del Santísimo Redentor y fue ordenado sacerdote en 1953. Desde los inicios de su ministerio, destacó por su gran celo pastoral, que le llevó en 1955 a iniciar su labor misionera en Angola, donde permaneció durante más de veinte años. Tras esa larga etapa en África, se trasladó a Brasil, donde sirvió en distintas parroquias hasta el final de sus días, dedicado a la enseñanza y a la defensa de la doctrina católica como párroco en la iglesia de San Antonio.