Es el mismo Espíritu de Pentecostés el que «viene sobre vosotros que vais a ser ordenados diáconos», hizo ver el cardenal, como dice el rito de consagración: «envía sobre ellos, Señor, el Espíritu Santo». Una presencia del Espíritu que hace a la Iglesia ministerial, diaconal, en la que en el bautismo todos somos llamados a servir, reflexionó el presidente de la celebración. De hecho, «la Iglesia no puede existir sin ser diakonía», subrayó. Una actitud que también aparece en el contexto de la institución del ministerio presbiteral, donde «Jesús lavó los pies y nos mandó que hiciéramos nosotros también lo mismo, constituyendo así el carácter diaconal de toda la Iglesia, de cada bautizado».