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Ian Mckellen interpretó a Gandalf, el blanco, en El retorno del rey

Ian Mckellen interpretó a Gandalf, el blanco, en El retorno del rey

Gandalf entra en el Magisterio de la Iglesia: la cita de Tolkien que el Papa incluye en su encíclica

Justo cuando se cumplen 25 años de las películas de El Señor de los Anillos, León XIV introduce una cita de la novela original de Tolkien en su primera encíclica Magnifica Humanitas

Los fans de El Señor de los Anillos están de enhorabuena... de nuevo. Este año, justo cuando se cumple el 25 aniversario del estreno de la primera de las películas con las que Peter Jackson inmortalizó la saga de la Tierra Media, no sólo llegará a la gran pantalla un nuevo largometraje.

Es que incluso el Papa León XIV ha querido incorporar a su primera encíclica, Magnifica Humanitas, una cita de uno de los libros de la más famosa trilogía de J. R. R. Tolkien.

En concreto, se trata de una cita que el autor británico puso en boca del mago Gandalf en El retorno del rey, la tercera y última parte de las aventuras de Frodo, Sam, Aragorn, Gimli, Legolas y compañía por destruir el anillo único del Señor Oscuro, Sauron. Una cita, por cierto, que no aparece en las películas, sino sólo en el libro.

Palantir y la desesperanza

Casi al final del texto pontificio, cuando el Papa Prevost habla de la importancia de construir una «nueva civilización del amor» ante los retos de un futuro incierto para la humanidad, en el que un mal uso de la Inteligencia Artificial puede desatar graves males contra la raza humana, el Sucesor de Pedro hace alusión a la conversación que mantienen Gandalf y los ejércitos conjurados contra el poder maligno de Sauron.

En ese momento de la novela, en el capítulo La última deliberación, se hace alusión a cómo «las Piedras-Que-Ven» han mostrado un futuro sin esperanza, gobernado irremediablemente por el poder del mal y del imperio tecnológico, porque «contra el Poder que ahora se levanta, no hay victoria posible».

Curiosa y significativamente, esas «Piedras-Que-Ven» son llamadas tanto en las novelas como en las películas las «Palantir», el mismo nombre que ha elegido para sí la mayor empresa internacional que aplica la IA al desarrollo militar, armamentístico y al control de la población.

La victoria de los pequeños gestos

El contexto de la cita es altamente simbólico. Mientras los ejércitos de la Tierra Media, mermados y malheridos, deliberan sobre si atacar o no a las tropas de Sauron, ante las que se encuentran en una clarísima inferioridad, Gandalf el blanco reconoce que «esta es una guerra sin esperanza» en la cual «la victoria no podrá conquistarse por las armas, ya no os mováis de aquí y soportéis un asedio tras otro, ya avancéis para ser aniquilados al otro lado del Río».

La desazón cunde entonces entre los ejércitos que luchan por la libertad frente a la tiranía. También Gandalf se ve conmovido, pero no pierde la esperanza, pues sabe que mientras los grandes del mundo miden su poder a partir del tamaño amenazador de sus fuerzas materiales, él sabe que dos pequeños hobbits, insignificantes y débiles, atraviesan Mordor en un cometido casi suicida, pero fiel a su misión, para destruir el mal a fuerza de pequeños gestos de audacia, valor y bondad.

Es en este contexto en el que se introduce en Magnifica Humanitas la cita de J.R.R. Tolkien, con la que León XIV ha introducido a Gandalf el blanco en el Magisterio milenario de la Iglesia.

Gandalf entra en el Magisterio eclesial

Apunta León XIV: «Un escritor católico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describió así nuestra responsabilidad: 'No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza'».

La cita original añade una frase más: «Pero que tengan sol o lluvia, no depende de nosotros».

Y prosigue el Papa con su reflexión, a partir de las palabras de Gandalf: «La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su ámbito, podemos colaborar en su construcción».

Algo parecido, muy parecido, a lo que más adelante en la novela de Tolkien, ya destruido el anillo, la gran dama élfica Galadriel dirá a Aragorn, rey de los hombres, al despedirse de él: «A través de las tinieblas llegaste a tu esperanza, y ahora (...) ¡emplea bien tus días!».

O, como Peter Jackson incluiría en otra memorable escena de la primera película de El Hobbit: un viaje inesperado –en una licencia cinematográfica que no aparece en los libros pero que sintetiza a la perfección ese pensamiento compartido por León XIV y por Tolkien–: «Saruman opina que solo un gran poder puede contener el mal. Pero eso no es lo que yo he aprendido. Yo he aprendido que son los detalles cotidianos, los gestos de la gente corriente, los que mantienen el mal a raya. Los actos sencillos de amor».

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