El Papa León XIV y el actor Antonio Banderas durante el encuentro 'Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte
El emotivo discurso de Antonio Banderas ante el Papa: «Confieso haber sido víctima del hechizo de Dios»
Vea y lea la intervención completa del actor sobre su búsqueda de Dios
Santo Padre.
Autoridades, queridas amigas y amigos.
Hay encuentros que no se miden solo en el tiempo, sino en su significado. Su presencia hoy en Madrid, Santo Padre, no es solo una visita, es un gesto. Un gesto de escucha, de cercanía, de diálogo con la sociedad civil. Y ésta, sin duda, se lo agradece.
Ese diálogo a veces conviene reforzarlo usando un lenguaje común. Ese lenguaje es, y lo ha sido en muchas ocasiones a lo largo de la historia, el arte. La relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera, ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad.
En el corazón de ese impulso creativo está quien atraviesa los siglos, los estilos y las culturas. Y que, con total seguridad, ha sido la figura más representada en la historia del arte. Se trata de Jesucristo, el gran protagonista de la película de la vida. En todas las artes Cristo como un icono de paz, de amor, de sacrificio, rodeado de un misterio inagotable.
Yo podría reducir mi intervención simplemente a enumerar los grandes artistas que con sus trabajos han engrandecido el mensaje proveniente de la Palabra de Jesús. También podría limitarme a dar una serie de datos que ilustren el camino recorrido entre Iglesia, artistas, intelectuales, filósofos. Pero hoy, Santo Padre, siento una cierta obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia.
Y para ello he de retroceder en el tiempo a las celebraciones de la Semana Santa en mi querida Málaga, allá por los años 60 del siglo pasado. Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de cultura y devoción. Y fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo cuatro o cinco años de edad, nació en mi una pregunta que solo contenía una palabra: Dios.
Poco a poco fui encontrando respuestas, algunas tan simples como la que reconocí en los ojos de mi madre, mientras le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de la Esperanza que pasaba en su trono frente a nosotros en aquellos lejanos años. O a través de la voz que rompía el aire claro de primavera, de los cantaores y cantaoras de saetas. O entre la gente humilde y buena de mi ciudad, que cada año salían y salen a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios.
Y lo hacen dejando tras ellos el 'yo' para agarrarse al 'nosotros'. Y del 'nosotros' pasan al 'ellos', y del 'ellos' al 'todos', y del 'todos' al mundo, y del mundo al universo y del universo a Dios. Para después volver a tomar tierra, intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada molécula, de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada pálpito, de cada suspiro.
Pero el arte no es solo belleza. El arte es pregunta, es reflexión, es contraste, es revolución, es tensión entre lo que sabemos y lo que intuimos. El arte ha sido y debe seguir siendo, el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia. El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia crítica a la sociedad, al propio arte y a la propia religión.
Santo Padre, hemos de compartir una obligación. Estamos obligados a mirar, y a ver, y a tratar de entender las complejidades del alma humana. Todos los seres humanos nos enfrentamos a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿Quiénes somos? ¿Qué sentido tiene la vida y el dolor? ¿Qué significa amar de verdad al prójimo como a uno mismo? ¿Qué hay más allá?
Santo Padre, en un mundo que corre, que se fragmenta, que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés. Un alma que nos susurra que hay algo más. El constante susurro de la esperanza de ese algo más. Necesitamos seguir creando y compartiendo. Seguir preguntando. Seguir buscando belleza, sí, pero también verdad.
Porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad, siempre comienza un camino. Un camino que nos puede conducir hacia lo espiritual. Y esto no es más que la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano, así como en el misterioso corazón de Dios. Decís vosotros que los tiempos son malos. Ser vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo, decía San Agustín.
Santo Padre, yo estoy aquí por Godspell, una pieza de teatro musical creada, compuesta e interpretada en su país de origen. Usted sabe muy bien que godspell significa el hechizo de Dios. Yo hoy estoy aquí, Santo Padre, confesando haber sido víctima del hechizo de Dios.
Muchas gracias.