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Tomas Torres Peral

León XIV y la memoria histórica

Una sociedad que renuncia a la búsqueda honesta de la verdad termina debilitando los fundamentos de una paz duradera. Cuando los hechos dejan de ser objeto de investigación para convertirse en instrumentos de lucha política, el riesgo de división aumenta inevitablemente

La encíclica Magnifica Humanitas no constituye únicamente una reflexión sobre la inteligencia artificial, la revolución tecnológica o los conflictos bélicos que sacuden al mundo. Su alcance es mucho más profundo. León XIV analiza las causas morales y culturales de la violencia política, identificando una crisis previa: la crisis de la verdad. En efecto, no puede existir una auténtica paz allí donde la propaganda ocupa el lugar de la realidad, la manipulación sustituye a la verdad y el poder pretende imponerse sobre la conciencia de las personas.

Esta idea impregna buena parte del pensamiento del Pontífice. Cuando denuncia la existencia de una «cultura violenta del poder», no se refiere únicamente al empleo de la fuerza física. Existe también una forma de violencia moral e intelectual que se ejerce sobre las sociedades y sobre los ciudadanos cuando se dificulta la búsqueda de la verdad, se manipula la realidad o se condiciona la libertad de juicio y de conciencia de las personas.

La sustitución de los hechos por los relatos y la instrumentalización ideológica terminan erosionando la convivencia, porque como decía San Agustín «La voz de la verdad no calla». León XIV considera que la verdad es un elemento esencial de la «Lógica de la paz». En efecto, la paz no puede construirse sin la verdad ni sobre versiones interesadas de la realidad. La convivencia en paz exige verdad, justicia y libertad. Sólo desde esos presupuestos puede consolidarse una paz estable y duradera. La manipulación de los hechos genera desconfianza, polarización y enfrentamiento.

León XIV denuncia que «asistimos a una preocupante pérdida de la memoria histórica» y aunque el Pontífice no aborda expresamente las actuales políticas sobre la materia, los principios morales contenidos en Magnifica Humanitas permiten formular una reflexión crítica sobre cualquier intento de sustituir la investigación histórica por relatos elaborados desde el poder político. La cuestión no radica en recordar determinados acontecimientos ni en rendir homenaje a las víctimas, lo que por sí, es de justicia. Toda sociedad madura tiene el deber de conservar la memoria de sus sufrimientos y aprender de sus errores.

Por ello, resulta legítimo preguntarse si determinadas formulaciones oficiales de la memoria colectiva favorecen realmente la convivencia o si, por el contrario, profundizan las fracturas sociales cuando se presentan como interpretaciones indiscutibles del pasado. La historia y la memoria son conceptos distintos. La primera busca aproximarse a la verdad mediante el análisis crítico de las fuentes, el contraste documental y el debate académico. La segunda expresa experiencias humanas, recuerdos y percepciones necesariamente parciales y subjetivas. Ambas pueden coexistir. El problema surge cuando una pretende sustituir a la otra.

En este punto adquiere relevancia la conocida reflexión de San Agustín en La Ciudad de Dios: «La paz de todas las cosas es la tranquilidad del orden». La paz no consiste en la ausencia de violencia física; exige también un orden moral e intelectual asentado sobre la verdad. Como agustino, León XIV parece situarse en la misma línea.

Una sociedad que renuncia a la búsqueda honesta de la verdad termina debilitando los fundamentos de una paz duradera. Cuando los hechos dejan de ser objeto de investigación para convertirse en instrumentos de lucha política, el riesgo de división aumenta inevitablemente.

La experiencia histórica demuestra que muchos conflictos han sido precedidos por procesos de manipulación ideológica, deformación de los hechos o construcción de supuestos agravios colectivos. Antes de que aparezcan las armas suelen aparecer las narrativas excluyentes. Antes de los enfrentamientos bélicos suelen producirse fracturas sociales y culturales. La guerra comienza con frecuencia mucho antes del primer disparo, cuando la verdad deja de ocupar el lugar central que le corresponde en la vida pública. La paz exige una relación honesta con la realidad. La investigación histórica debe desarrollarse libremente, buscando la verdad, sin imposiciones ideológicas y sin condicionamientos que limiten el legítimo debate intelectual.

Magnifica Humanitas constituye una firme defensa de la libertad humana frente a las nuevas formas de dominación cultural. Una sociedad madura puede afrontar sus errores históricos sin falsearlos, reconocer las injusticias del pasado sin construir mitologías y honrar a las víctimas sin convertirlas en instrumentos ideológicos. Sólo desde esa actitud resulta posible el ejercicio del derecho a la verdad, tan olvidado en algunos países, base de una auténtica convivencia en paz.

La reflexión de León XIV posee una dimensión profundamente moral. La paz, la libertad y la convivencia descansan sobre la verdad. Allí donde la historia es estudiada con rigor es posible el entendimiento. Allí donde la realidad es sustituida por construcciones ideológicas destinadas a servir intereses coyunturales, se alimentan divisiones. No puede existir el verdadero orden de San Agustín donde la verdad es sustituida por el relato partidista. En su primer discurso en España, León XIV ha insistido: «Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes»

Modernas corrientes jurídicas filosóficas exponen que una democracia es incompatible con la declaración de una única verdad oficial sobre la historia. En esta línea, León XIV sitúa la verdad en el centro mismo de la sociedad democrática señalando que «la búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia» a la vez que advierte que «el desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo».

Tomas Torres Peral es Comandante de Caballería y abogado, Academia de las Ciencias y Artes Militares.