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Álex Navajas
Viaje de León XIVÁlex Navajas

León XIV pide a los obispos responder a la «plaga» de los abusos con «escucha, verdad, justicia y reparación»

El Santo Padre elogia la obra de España en América y les invita «a construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes»

Act. 08 jun. 2026 - 13:26

León XIV en la CEE

León XIV en la CEEEFE

Desde dos horas antes de que llegara León XIV a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), un centenar de obispos aguardaban en el hemiciclo donde celebran sus asambleas plenarias. Las estrictas medidas de seguridad obligan a guardar tanta antelación.

Casi simultáneamente, en otro hemiciclo -el que representa a la soberanía popular-, varios centenares de diputados y senadores ocupaban sus escaños a la espera de que el Santo Padre visitara, por primera vez en la historia, la Cámara Baja. De hecho, en el primero de los hemiciclos, los obispos consumieron el tiempo aprovechando para rezar juntos el Rosario y la hora tercia, antes de que los monitores de la sala se conectaran a la cadena autonómica madrileña para poder ver en directo la llegada de León XIV al Congreso de los Diputados.

El nuevo cuadro de León XIV, obra de la cordobesa María José Ruiz

El nuevo cuadro de León XIV, obra de la cordobesa María José RuizCEE

Pocos minutos después del mediodía, el Santo Padre hacía su entrada en su segundo hemiciclo del día: el de la Conferencia Episcopal. El centenar de obispos que representan a las 70 diócesis españolas le recibieron con una cerrada ovación. La bienvenida corrió a cargo del presidente de la CEE, monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid.

El discurso del Santo Padre ante los obispos fue largo, el más extenso de los pronunciados en sus tres días de visita a nuestro país. Se notaba que el Papa estaba a gusto entre los obispos, pero también que quería dejar unas líneas de actuación claras y precisas. León XIV evocó poéticamente el Camino de Santiago como un trasunto de la propia vida, con sus «inmensas planicies castellanas, vacías a nuestros ojos», o «grandes ciudades», donde «el silencio y la lejanía no son espaciales sino íntimos».

Este camino, ha observado el Papa, «está hecho de encuentros», algunos de ellos incluso son «momentos de oscuridad»: «Uno de los más dolorosos es con aquellos que han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero», ha reconocido, en una clara alusión a los abusos sexuales y de conciencia ocurridos en el seno de la Iglesia católica. «Ante esta plaga, la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado», ha exigido el Santo Padre. «Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación», ha subrayado.

Pero el Papa ha dirigido también su mirada a la labor desempeñada por España en América, obra que conoce bien por sus años de misionero en Perú. León XIV ha rememorado «cuando la Iglesia tuvo que reconstruir su presencia en las franjas de tierra quemada» tras la Reconquista, momentos en que «surgieron modelos de evangelización que después se exportaron a América y que pueden ayudarnos aquí en nuestra misión». «Como entonces, estamos llamados a construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes, tal como hiciera el famoso santo alfaquí de Granada, fray Hernando de Talavera, y más adelante repitiera en América santo Toribio de Mogrovejo, del que estamos celebrando el tercer centenario de la canonización, presentándolo precisamente como modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial», ha proseguido.

De Granada a América

«Aunque los lenguajes en esta era digital son distintos y las culturas que ahora componen el mosaico de nuestras realidades, con migrantes de todas las partes del mundo, también han cambiado, pero el espíritu debe permanecer», ha remarcado. «Para ello, lógicamente, hay que comenzar por aprender el lenguaje del otro, iniciar procesos e ir tejiendo vínculos donde poder sembrar la semilla del Reino», ha señalado el Santo Padre. «El segundo es la llamada a crear realidades capaces ellas mismas de comunicar la propia experiencia de fe. Capaces de llevar —como hizo Toribio— la experiencia de Granada a América, es decir, de atesorar en nuestro equipaje los recursos que nos permitan afrontar con franqueza los retos siempre nuevos de la evangelización en cada circunstancia», ha añadido.

El Santo Padre ha abordado otro tema que preocupa a los obispos: las vocaciones al sacerdocio. «La pastoral vocacional no puede reducirse a una simple búsqueda de números», ha destacado. Por el contrario, «esta nace de comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande». «Donde el Evangelio es vivido con alegría, servicio y comunión, también la llamada del Señor puede ser nuevamente escuchada como promesa de vida», ha asegurado.

La mejor formación para seminaristas

Citando a Francisco, León XIV ha subrayado que «la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación». Los seminaristas «tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados». «El criterio para que los seminarios sean auténticas casas de formación es que aseguren una adecuada experiencia de vida comunitaria; que tengan formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en el acompañamiento espiritual; y que cuenten con Centros Superiores de Teología dotados con los medios necesarios para desarrollar su función», ha detallado el Santo Padre. «Para ello es imprescindible, además de aunar fuerzas, aprender a trabajar juntos en la gestión de estos desafíos», un tema que ya trató su antecesor.

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