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El papa León XIV, durante la vigilia, al lado de la Cruz de los JóvenesEFE

Los mensajes que el Papa León XIV dejó en sus días en Madrid: «No temáis. Abrid las puertas a Cristo»

El sucesor de Pedro ha dejado grandes mensajes. El primero tuvo lugar en el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático

Hace un día León XIV abandonaba Madrid para poner rumbo a Barcelona, su nuevo destino. Aunque han sido pocos días, ha sido un encuentro muy intenso con grandes mensajes que, como ocurre después de cada encuentro con el Santo padre, hay que reposar, pensar y empezar a ejecutar. Y es que, no se trata de una visita cualquiera, como ya expresó el Sumo Pontífice en el avión a los periodistas, se trataba de una visita apostólica para «encontrar a los fieles, celebrar la fe, anunciar el mensaje de Jesucristo y saludar a todos».

El sucesor de Pedro ha dejado grandes mensajes. El primero tuvo lugar en el encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. Hizo un llamamiento a la reconciliación y al diálogo. Así, llamó a una una reconciliación y una cooperación más profundas entre las distintas fuerzas de esta Nación. Insistió en que España debe apostar por «la cultura del encuentro» y no por la confrontación.

Para explicar esta definición mencionó al Papa Francisco, ya que existe «una tensión bipolar entre la idea y la realidad». Y es que,«la realidad simplemente es, la idea se elabora». Es decir, tiene que haber un diálogo constante entre las personas con ideas diferentes para evitar que la idea se separe de la realidad y vivir en prosperidad y estabilidad.

En la misma línea, Leó XIV advirtió sobre sobre el peligro de «las narrativas divisivas y polarizantes» y de quienes buscan popularidad alimentando enfrentamientos sociales, ideológicos y atacando la dignidad humana. Por todo ello, invitó a superar las simplificaciones, a valorar la complejidad de la realidad y a recordar que la Iglesia católica está «al servicio de esta sed del corazón humano» con el testimonio evangélico respaldado por una multitud de mártires y santos. Así recordó que esto hoy es posible y está dispuesta a ponerse «al servicio del futuro de un pueblo que busca la reconciliación y la paz»

El Papa junto a los Reyes, la Princesa y la Infanta en El Palacio RealCasa del Rey

Asimismo, les animó a cambiar el rumbo de nuestro país. El Santo Padre consideró necesario dar «un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural». El Papa ve a España con un gran potencial, pero le preocupan las perspectivas de los jóvenes y los más vulnerables.

El CEDIA y la vigilia de los jóvenes

Ese primer día, el Papa también pidió mirar «a los ojos» a aquellas que personas que sufren durante su visita al centro para personas sin hogar CEDIA 24 horas de Cáritas Madrid. En un discurso más pastoral, en el que se autoproclamó madrileño, León XIV expresó que «la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos», la Iglesia es una gran familia y nadie debería quedarse solo.

Además, recordó que ayudar a los necesitados no es algo opcional ni secundario, sino el núcleo de la misión del cristianismo. Por ello, «no es posible olvidar a los pobres», si esto pasase, estaríamos fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio. Al igual que en el encuentro con las autoridades, pidió dejar atrás visiones políticas o ideológicas que desprecian la caridad o reducen a las personas a categorías abstractas. Sin embargo, vio la esperanza en el centro.

León XIV saluda a una de las personas que han pasado por el CEDIARTVE

Por la noche, durante la Vigilia en la Plaza de Lima, el Santo Padre se dirigió con dulzura, sinceridad y serenidad antes los más de 600.000 fieles que habían acudido. Allí, el Sumo Pontífice les invitó a «cambiar la historia» con «el amor».

También les invitó a buscar la verdad en todo momento e iniciarse en el aprendizaje de escuchar a Dios porque aunque es complicado hoy en día con todas las distracciones existentes: redes sociales, música, distracciones, es necesario sacar tiempo para recuperar el silencio interior y encontrarse con el Señor.

En este punto, León XIV quiso destacar que «en silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece». Además subrayó la importancia de buscar la verdad, porque somos engañados muchas veces al día: «¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si te lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!», expresó.

Otro de los puntos claves fue su llamada a la vocación. Recordando de nuevo al Papa Francisco, animó a los jóvenes a no tener miedo a la vocación. Y aclaró que la vocación puede ser muy diversa: sacerdocio, vida religiosa, matrimonio o servicio a los demás. Del mismo modo, animó a todos los jóvenes a «no tener miedo al matrimonio ni a formar una familia».

Por último, les encomendó a los jóvenes una misión, que seáis humanos, «no apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo».

Fieles asisten a la Vigilia de Oración con jóvenes presidida por el Papa León XIVEFE

La «gratitud del amor» de la Santa Misa

La emoción y la devoción continuaron el domingo 7 de junio durante la Misa del Corpus Christi en la Plaza de Cibeles, que reunió a más de 1,5 millones de asistentes. En la homilía, el Papa hizo un llamamiento a que la religiosidad histórica de España no fuera un «museo del pasado» sino una «escuela de fe» e invitó a los españoles a «comprometerse personalmente en la construcción del bien común».

«He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy. Una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano», enfatizó el sucesor de Pedro en Cibeles.

Una escuela, según precisó, que enseña «la gratitud del amor» para romper «las cadenas del egoísmo» y que llama a comprometerse en la construcción del bien común. «También nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común», añadió.

El papa León XIV oficiando la misa del Corpus ChristiEFE

Por la tarde, durante su discurso en el encuentro 'Tejer Redes con el Mundo de la Cultura, del Arte, de la Economía y del Deporte' celebrado en el Movistar Arena de Madrid, el Papa León XIV reinvindicó la fe cristiana en la identidad cultural europea y recuperó el emblemático grito de San Juan Pablo II, retomado por Benedicto XVI y Francisco, predecesores de Robert Prevost: «No temáis. ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo».

El «sí a la vida» en el Congreso

Sin duda, uno de los actos que generaba más expectación tuvo lugar este 8 de junio en Madrid, donde en el Congreso de los Diputados León XIV, que fue el primer Papa de la historia en pisar el Hemiciclo, denunció la «descalificación permanente del adversario» y aseguró que el poder tiene límites. Asimismo, puso mucho hincapié en la dignidad del ser humano, en la vida desde la concepción hasta la muerte, en la familia y la tecnología.

En este sentido, el Santo Padre aseveró que «si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?».

El Papa León XIV, durante su intervención histórica en el Congreso de los DiputadosEFE

Al hilo, defendió que la defensa de la vida humana no es «una cuestión parcial ni un interés confesional», sino que es «una meta de civilización». Esto se da porque «toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia». Por último, les invitó a alzar la mirada, no para alejarse de la realidad, sino para recordar que «toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso».

El 'rugido' de León XIV en el Bernabéu

Antes de acudir al estadio del Real Madrid, equipo de Robert Prevost, el Santo Padre se reunió con los obispos en la Conferencia Episcopal Española. Allí lo que más destacó fue su referencia a los abusos de la iglesia. «La comunidad eclesial está llamada a responder con escucha, verdad, justicia y reparación». Así, recordó que sus caminos están llenos de encuentros y en él no faltarán «quienes viven momentos de oscuridad» y les reclaman que se hagan samaritanos.

El último discurso fue dirigido a las tres diócesis de Madrid. Tras un gran y emotivo espectáculo, León XIV destacó que la Iglesia debe vivir «el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad». Las diferencias entre las personas no deben llevar a la división, sino convertirse en una riqueza para «edificar juntos» mediante «la escucha y el diálogo».

León XIV, durante su encuentro con las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá en el Santiago BernabéuEFE

Además, invitó a los cristianos a no encerrarse en ambientes cómodos, sino a llevar el Evangelio al centro de la sociedad. También subrayó la importancia del discernimiento comunitario. En este punto, afirmó que los consejos parroquiales y diocesanos deben ser «espacios de escucha recíproca» y no «meros trámites burocráticos», porque una Iglesia viva necesita dejarse guiar por el Espíritu.

Por último, se reunió con los voluntarios, donde, además de darles las gracias, presentó el pan como el gran mensaje del Evangelio, comparándola con la levadura de la parábola de Jesús: «La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad». Es decir, que han actuado sin interés y que, aunque pasasen desapercibidos, fueron esenciales y cambiaron la realidad. Por eso, agradeció el servicio de los voluntarios y afirmó que, gracias a gestos como los suyos, la sociedad «está más cerca del Reino de Dios».