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Tabla de quesos variados junto con uvas y frutos secosGetty Images

Quesos que nacieron en el silencio de los monasterios y hoy se consumen en las mesas de todo el mundo

Con su trabajo diario, los religiosos desarrollaron técnicas que transformaron la alimentación europea

Las variadísimas labores que se realizaban en los monasterios europeos nunca dejan de sorprendernos. Gracias a la dedicación de comunidades monásticas, especialmente benedictinas y cistercienses, nacieron productos que hoy forman parte de la gastronomía mundial.

Muchos de los quesos que hoy forman parte de nuestra dieta habitual fueron fabricados por monjes, los cuales crearon este alimento con sus propias técnicas autóctonas. Y es que los monasterios católicos no solo fueron centros de silencio, oración y contemplación. También se constituyeron como verdaderos centros de conocimiento, agricultura e innovación gastronómica.

Los religiosos del norte de Italia, ubicados cerca de la ciudad de Parma, crearon uno de los quesos más emblemáticos de su península: el parmesano. Cuando los cenobitas andaban buscando una forma de conservar durante largos períodos la leche producida en sus tierras, formaron un queso de larga maduración, resistente al paso del tiempo y con un sabor intenso. En el país italiano, hoy es indispensable para acompañar pastas, risottos y pizzas. Su método de elaboración, perfeccionado a lo largo de generaciones, continúa siendo uno de los grandes orgullos de la tradición gastronómica italiana.

Queso parmesano, fabricado por monjes

Queso parmesano, fabricado por monjes del norte de ItaliaTono Balaguer

Otro queso cuya historia está estrechamente ligada a la vida religiosa es el brie. La tradición sostiene que fue desarrollado por los monjes del Priorato de Rueil, en Brie. Según las crónicas, entorno al año 774 el emperador Carlomagno visitó el monasterio donde nació este queso y quedó impresionado por su sabor. Desde aquel momento pidió que se lo enviaran con frecuencia a su residencia. Hoy el brie continúa siendo uno de los quesos franceses más conocidos del mundo, apreciado por su textura cremosa y su delicado sabor, ideal para acompañar frutas, panes y galletas.

Queso Brie, creado por monjes

Queso brie, creado por monjes francesesBrent Hofacker

Otros monjes que innovaron con la creación de alimentos fueron los benedictinos ubicados en las montañas del noreste de Francia. Estos religiosos crearon el queso munster en el siglo VII. El nombre de este queso proviene del término latino monasterium, que significa precisamente monasterio, un detalle que conserva hasta nuestros días la memoria de su origen religioso. Una de sus características más distintivas de este delicioso alimento es su corteza anaranjada, obtenida mediante una técnica tradicional de lavado durante la maduración.

Queso Munster, elaborado por religiosos benedictinos

Queso munster, elaborado por religiosos benedictinosGetty Images

En la abadía de Bellelay, en Suiza, nació durante el siglo XII otro de los quesos más singulares de Europa: el Tête de Moine. Su nombre, que en francés significa «cabeza de monje», está relacionado con una curiosa tradición: en lugar de cortarse en rebanadas, este queso se raspa cuidadosamente para formar delicadas rosetas que, según algunos historiadores, recuerdan la antigua tonsura que llevaban los monjes medievales hace ochocientos años.

Queso Tête de Moine, cuyda forma recuerda a

Queso Tête de Moine, cuya forma recuerda a las tonsura de los monjes medievalesGetty Images

Estas novedosas creaciones de quesos revelan los innovadores métodos de conservación de alimentos que se llevaban a cabo en los monasterios europeos. El trabajo de estos religiosos permitió que numerosas recetas y procesos artesanales hayan sobrevivido durante siglos hasta poder llegar a nuestros días.

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