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Human hand holding a magnifying glass over open holy bible book of Exodus verses for Ten Commandments. Top view. A close-up. Studying God's righteous spiritual Law, biblical concept.

Un hombre lee en el Antiguo Testamento los Diez Mandamientos de la ley de DiosGetty Images

Cuál es el origen de los Diez Mandamientos y por qué son válidos para todo el mundo

Las normas de comportamiento más antiguas de la historia de la humanidad tienen un origen común vinculado al profeta Moisés

Existen 10 normas de comportamiento que han sido —y son— conocidas por la mayoría de la población que ha habitado en nuestro planeta: los Diez Mandamientos. Estas reglas con origen divino han moldeado las leyes, la moral y la estructura social de todo el mundo occidental. Pero, ¿cuáles son exactamente estos preceptos y cuál es el verdadero origen histórico y espiritual que los rodea?

Aunque se consideran una expresión fundamental de la ley natural —es decir, principios morales universales que cualquier ser humano puede descubrir usando la sola razón—, al buscar una respuesta sobre el origen de este decálogo son dos las explicaciones que se presentan como candidatas: la teológica y la histórica-científica. Son necesarias su mutua complementación para poder entender cómo se construyeron las 10 directrices que pusieron los cimientos de la moral a la sociedad occidental.

La explicación teológica: El pacto del Sinaí

Según los textos sagrados del Antiguo Testamento —específicamente en los libros del Éxodo (capítulo 20) y del Deuteronomio (capítulo 5)—, las tablas con los mandamientos fueron entregadas por Dios al profeta Moisés hace más de tres mil años.

El relato sitúa los hechos durante la migración del pueblo de Israel, que huía de la esclavitud en Egipto bajo el liderazgo de Moisés. Tras cruzar el Mar Rojo y adentrarse en el inhóspito desierto de la península del Sinaí, los israelitas acamparon al pie de la montaña sagrada: el Monte Sinaí. La narrativa bíblica describe un escenario sobrecogedor: entre truenos, relámpagos, una densa nube y el sonido de trompetas celestiales, Dios descendió sobre la cumbre en forma de fuego. Moisés ascendió en solitario a la montaña, donde permaneció durante cuarenta días y cuarenta noches. Allí recibió las dos tablas de piedra, las cuales, según el texto sagrado, estaban grabadas directamente por «el dedo de Dios».

Los Diez Mandamientos

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No darás falso testimonio ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos

Este momento marca el nacimiento de la Alianza: Dios prometía protección y guía a Israel, y a cambio, el pueblo se comprometía a cumplir estos mandamientos. Sin embargo, la historia contiene un giro dramático: al descender de la montaña, Moisés descubrió que el pueblo había caído en la idolatría fabricando un becerro de oro. Enfurecido por la traición al pacto, Moisés arrojó las tablas de piedra contra el suelo, destruyéndolas. Tras un proceso de purificación y arrepentimiento colectivo, el líder hebreo tuvo que subir una segunda vez al monte para tallar nuevas tablas, que posteriormente se resguardaron en el Arca de la Alianza.

El contexto histórico y arqueológico

Para complementar la explicación teológica sobre su origen, es importante añadir el contexto histórico que rodeó al acontecimiento, para evitar crear así una especie de 'vacío cultural'. Los Diez Mandamientos están profundamente conectados con las costumbres legales, políticas y literarias del antiguo Oriente Próximo.

Siglos antes del nacimiento de Moisés, otras civilizaciones ya redactaban leyes para ordenar sus sociedades. El ejemplo más claro es el Código de Hammurabi (Mesopotamia, hacia 1750 a.C.). Al igual que en la Biblia, el rey de Babilonia afirmaba haber recibido sus leyes directamente del dios de la justicia, Shamash. La idea de que la ley tiene un origen divino era el estándar de la época para garantizar que los ciudadanos la respetaran.

El Código de Hammurabi, escrito alrededor

El Código de Hammurabi, escrito alrededor del 1750 a.C.

Además, la estructura con la que se presentan los mandamientos en la Biblia copia de forma exacta el formato de los tratados de vasallaje del Imperio Hitita (siglos XIV-XII a.C.). Estos contratos políticos internacionales siempre comenzaban identificando al rey soberano, recordando los favores que el rey había hecho a su vasallo, y luego dictaban las normas obligatorias. El Éxodo sigue este mismo orden: primero identifica a Dios («Yo soy tu Dios»), recuerda que los salvó («que te saqué de la tierra de Egipto») y luego introduce las leyes.

Los historiados concluyen así que los autores de los textos bíblicos utilizaron las herramientas legales y culturales más avanzadas de su época para plasmar y formalizar la experiencia espiritual de su pueblo.

¿Para qué sirven?

Aunque fueron redactados en la Edad del Bronce para una comunidad de pastores y nómadas en el desierto, los Diez Mandamientos fueron diseñados con un propósito universal, ya que en esencia reflejan la propia ley natural humana.

Ninguna sociedad puede sobrevivir sin reglas básicas que protejan la vida y la propiedad. Los mandamientos que prohíben el asesinato (No matarás), el robo (No robarás), la mentira en juicios (No darás falso testimonio) y la infidelidad familiar (No cometerás adulterio) actúan como el armazón mínimo para evitar el caos. Su función principal en este aspecto es garantizar la seguridad y la paz interna de la comunidad.

Como se ha explicado anteriormente, estas normas están íntimamente ligadas a lo divino. Para las religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam), las primeras directrices de los Mandamientos sirven para delimitar la identidad espiritual. Al exigir la adoración a un único Dios, prohibir la fabricación de ídolos materiales y establecer un día de descanso obligatorio (el Sabbat o domingo), el Decálogo buscaba unificar el pensamiento de una nación. El día de descanso, además, cumplía una función social clave: dar un respiro a los trabajadores y esclavos de la fatiga del día a día.

A diferencia de los códigos penales modernos que solo castigan los actos cometidos, los Mandamientos introducen una innovación psicológica: prohíben la codicia («No codiciarás los bienes ajenos»). Sirven para que la persona examine sus propios pensamientos. Al frenar la envidia y el deseo desmedido antes de que se conviertan en acciones, los mandamientos actúan como un mecanismo de prevención del delito y del conflicto social desde la mente del individuo.

Hoy en día, incluso en las sociedades más laicas, los Diez Mandamientos siguen teniendo una utilidad fundamental. Dejando a un lado el aspecto puramente religioso, el Decálogo introdujo la idea de que existen ciertas leyes y derechos morales que son absolutos, superiores a cualquier rey o gobernante, y que aplican a todos los seres humanos por igual.

Conceptos actuales como los Derechos Humanos, la presunción de inocencia, el derecho al descanso laboral y la protección de la integridad familiar tienen una herencia directa de estas «diez frases» escritas hace milenios. Su origen real demuestra la capacidad humana de buscar orden en tiempos difíciles; su utilidad actual demuestra que los principios éticos básicos nunca pasan de moda.

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