«La Iglesia no es apolítica, pero tampoco es partidista»
¿Debe un obispo ir a una manifestación? Siete de ellos responden
A raíz de las concentraciones en apoyo a Ceuta, algunas voces han cuestionado la ausencia de prelados. Pero, ¿es ese el lugar donde les corresponde estar?
Su presencia en una manifestación encrespa a unos y reconforta a otros, pero a nadie deja indiferente. No son demasiadas las ocasiones en las que se ve a un obispo detrás de una pancarta reivindicando algún derecho o defendiendo algún postulado y, cuando ocurre, siempre se reabre el debate de si un prelado –o un sacerdote, o una religiosa– deberían abstenerse de asistir a cualquier concentración cívica o si, por el contrario, su presencia es más necesaria que nunca.
La última vez que se habló de este asunto fue hace apenas unos días, durante las concentraciones convocadas en apoyo de Ceuta en todas las ciudades españolas. Algunos echaron en falta que los obispos de sus respectivas diócesis acudieran a los actos, mientras que otros consideraban prudente su ausencia.
Por tanto, ¿deberían verse más frecuentemente hábitos, sotanas y clergymans en las concentraciones cívicas? Para el titular de la diócesis de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco Rouco, «el obispo representa públicamente a la Iglesia, particular y universal, también al participar en una manifestación». «Puede hacerlo, por supuesto, en la misma medida en que la Iglesia está llamada a asumir su responsabilidad en la sociedad cuando están en juego la dignidad, los derechos fundamentales de la persona, valores morales decisivos para el bien común, o la propia libertad de conciencia y religiosa», explica.
Monseñor Alfonso Carrasco Rouco
A su juicio, habría una diferencia sustancial con el sacerdote o la monja: «Aunque implican una cierta visibilidad, no representan a la Iglesia como el obispo. Significan, sin embargo, una presencia cristiana explícita y consciente, deseosa de asumir su responsabilidad social; otros miembros de la Iglesia pueden hacerlo también y con posiciones diferentes».
«El obispo puede participar en una manifestación, si considera que lo pide la misión de la Iglesia, y en ese caso representa públicamente a su Iglesia particular, implicando por tanto a la fraternidad episcopal, a la Iglesia universal», advierte monseñor Carrasco Rouco.
El sacerdote, por encima de cualquier facción política
El obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Fernando García Cadiñanos, mantiene una postura similar a la de su homólogo lucense: «La lucha por la justicia y el bien común, la denuncia profética de las estructuras de pecado y de inequidad que existen en nuestro mundo y que generan tanto dolor y sufrimiento a la dignidad de la persona, la búsqueda del bien de la ciudad y de lo que pertenece a todos es tarea de todo cristiano». «Sin embargo, cada vocación lo hace de maneras diferentes», observa. «Mientras que el laicado tiene una misión de transformación de las realidades temporales (Gaudium et Spes, 43), el ministro ordenado tiene una vocación y misión de salvaguardar y promover la unidad, especialmente en el seno de la propia comunidad cristiana. El número 33 del Directorio (Congregación para el Clero) señala expresamente que el sacerdote debe estar por encima de cualquier facción política para ser punto de unión de todos los fieles, evitando reducir su ministerio a una opción temporal o humana», señala el obispo de Mondoñedo-Ferrol.
Monseñor Fernando García Cadiñanos con su delegado de Pastoral Juvenil y colaborador de El Debate, Alberto Varela
«Es evidente que no existe una única vía en la resolución de los muchos problemas sociales: Dado que una misma fe puede dar lugar a opciones políticas o de compromiso social diversas, el ministro ordenado debe garantizar dicha comunión evitando expresar públicamente sus preferencias cuando estas se sitúan en un ámbito partidista o estrictamente político», advierte.
Monseñor Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, ofrece una consideración similar: «Lo fundamental es distinguir entre la orientación moral que corresponde ofrecer a la Iglesia y las opciones políticas concretas». «El obispo y el sacerdote tienen la misión de formar las conciencias y orientar a los fieles sobre los Diez Mandamientos de la Ley de Dios», recuerda el prelado, quien agrega que, «sin embargo, este fundamento moral no conduce necesariamente a una única solución política. Por ello, distintos católicos pueden aplicarlos de manera diferente y apoyar legítimamente partidos o propuestas políticas diversas».
No hay una sola opción política
«El ministro de la Iglesia debe, por tanto, enseñar con claridad qué considera normalmente justo o injusto, pero sin presentar una determinada opción política como si fuera la única compatible con la fe católica», resuelve el obispo de Huelva. «Este es el criterio para justificar la participación del obispo, sacerdote y religioso en una determinada manifestación, para testimoniar el compromiso de la Iglesia con la vida pública y, al mismo tiempo, el respeto a la legítima pluralidad política de los fieles», sentencia.
Monseñor Joan Planellas, arzobispo de Tarragona
En una línea similar se manifiesta el arzobispo de Tarragona, monseñor Joan Planellas, para quien «la participación de un obispo, de un sacerdote o de un/a religioso/a en una manifestación se tendría que deber a un motivo muy importante, porque la Iglesia, como institución, y especialmente la jerarquía, no tiene que entrar en la política partidista». Esto, sin embargo, «no significa que la Iglesia se tenga que desentender de los problemas sociales o que los cristianos no puedan participar activamente en la vida pública». «En alguna ocasión he dicho que es bueno que los cristianos de base militen en política, pero que la Iglesia, como institución, no puede ser partidista», aclara. «Obviamente, la jerarquía eclesiástica debe de evitar también que se identifique a la Iglesia institucional con una opción política concreta. Eso no significa neutralidad ante la injusticia, porque la Iglesia tiene el derecho y también el deber de pronunciarse sobre cuestiones sociales, la dignidad humana, la pobreza... Pero, repito, una cosa es defender principios evangélicos y otra es poner a la institución episcopal al servicio de una determinada opción política», resuelve el prelado catalán.
Para monseñor Jesús Sanz, el arzobispo de Oviedo, «los cristianos tenemos mucha experiencia en eso de caminar junto a otros. Forma parte de nuestra identidad, y bien entendido esto representa la verdadera 'sinodalidad' de la que últimamente se habla tanto». «Esta palabra griega significa precisamente caminar compartido. Lo expresamos en muchos momentos, pero quizás el más popular es el que se escenifica en nuestras peregrinaciones a algunos lugares significativos de la geografía cristiana como es Tierra Santa, Roma, Compostela, nuestros santuarios marianos y un largo etcétera», reflexiona.
Monseñor Jesús Sanz, en la redacción de El Debate
«¿Cabría pensar en una procesión laica? ¿Podríamos participar en un gesto de manifestación cívica detrás de una pancarta o desde la convocatoria de una asociación social o política? ¿Debemos formar parte de una tal comitiva los obispos y sacerdotes, los religiosos y los laicos cristianos?», se cuestiona. «No son equiparables las peregrinaciones y procesiones a este tipo de manifestaciones cívicas», puntualiza, «pero sí que podemos pensar en nuestra adhesión participativa cuando la causa de la convocatoria y el nombre o siglas de los convocantes tienen como motivo un valor en el que nuestra fe no es ni ajena ni intrusa: la vida en todas sus fases, la familia en su auténtica configuración, la libertad que se nutre de la verdad, la paz que no es un consenso interesado, la educación que nos transmite el cauce para crecer y madurar integralmente…».
«Nuestra cultura cristiana tiene voz»
Monseñor Sanz Montes, de hecho, evoca su propia experiencia: «Yo, como laico, como joven sacerdote y luego como obispo, he participado en este tipo de manifestaciones cuando en ellas se defendían, se protegían, se promocionaban estas verdades en las que nuestra conciencia y tradición cristianas entraban de lleno y adolecían de desafíos que las querían confundir o destruir». «Hay procesiones y peregrinaciones netamente católicas, y hay también concentraciones laicas en donde nuestra cultura cristiana tiene voz y con presencia nos manifestamos en nombre de la verdad que nos hace libres, de la bondad que nutre la convivencia fraterna, de la belleza que dilata nuestra mirada alzándola a lo que vale la pena», distingue el prelado. «Hay manifestaciones en las que podemos expresarnos como discípulos de Jesucristo cuya belleza, bondad y verdad testimoniamos como hermanos, siendo hijos de Dios, hijos de la Iglesia e hijos de nuestro momento histórico. Tres filiaciones distintas pero inseparables para un creyente de veras», sentencia.
Monseñor Eusebio Hernández Sola, con Francisco
Monseñor Eusebio Hernández Sola, obispo emérito de Tarazona (Zaragoza), recuerda que, «en mi vida privada, puedo tener y tengo mis apreciaciones y puntos de vista, pero como persona que represento una institución, la Iglesia, tengo que evitar que mis palabras puedan ser utilizadas y manipuladas». Por eso, «si participo o asisto a una manifestación evitaría siempre dejarme manejar por corrientes políticas o ideologías».
El obispo emérito de Tarazona establece, como primer criterio, «distinguir siempre el objeto o motivo de la manifestación y quién la promueve». «Pienso que muchas de estas propuestas o exigencias reclamadas en las manifestaciones podrían solucionarse con la escucha y el diálogo entre los dirigentes, buscando siempre el bien común, no el bien que conviene al partido al que yo pertenezco», señala. «El bien común debería ser siempre la mira y objeto de todos los que deberían ser los servidores de la sociedad. Algo de esto propuso el Papa León al Parlamento español», recuerda.
¿Y Ceuta?
Monseñor Hernández Sola es el único de los prelados que especifica que «si el motivo de la manifestación es político o social (emigración, Ceuta, etc), yo no me manifestaría, porque es fácilmente manejable por los políticos, y conducirían la manifestación a su corriente ideológica o política». Sin embargo, «si es en defensa de valores inscriptos en la misma identidad humana (la defensa de la vida, manifestaciones contra el aborto, contra la eutanasia), sí, cabría la participación, pero evitando ser manejados por extremistas, que ocultan otros objetivos», advierte.
Monseñor Xabier Gómez, OP, obispo de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona), recuerda que «el Derecho Canónico no impide a un obispo, a un sacerdote o a una persona consagrada participar en una manifestación pacífica y legítima en defensa de la dignidad humana, la justicia, la vida, la paz o el bien común». Pero señala la misma prudencia que sus hermanos en el episcopado: «Lo importante sería discernir por qué participa, qué se reivindica, quién convoca, cómo se desarrollará y qué significado tendrá públicamente su presencia». «Esa participación puede ser legítima y además evangélicamente significativa cuando expresa cercanía o solidaridad con los más vulnerables o se defiende una causa justa acorde con el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia», observa.
Monseñor Xabier Gómez García, OP con jóvenes de Sant Feliu
«Como recordó en varias ocasiones el Papa León XIV en su visita a España, cuidemos cualquier 'manipulación de la religión con fines políticos'. Esto también implica conlleva a evitar la identificación o apropiación partidista de esa participación. Por tanto, cuando la caridad y la prudencia pastoral lo aconsejen, un obispo puede caminar junto a su pueblo, procurando que su presencia sea reconocible como un gesto pastoral, profético y pacificador, no como adhesión partidista, ya que ha de ser un servidor de comunión para todos», subraya.
«La Iglesia no es apolítica»
«La Iglesia no es apolítica, pero tampoco es partidista», sostiene Ángel Martín Chapinal, Vicario de Evangelización y Pastoral de la diócesis de Coria-Cáceres. «La Iglesia tiene una palabra que decir sobre la justicia, la dignidad humana, la pobreza, la paz, el trabajo, la migración, la ecología o los derechos humanos. Eso es Doctrina Social. Muy desconocida entre los propios católicos, pero tan importante para la vida de fe como la Biblia, el Catecismo, la liturgia o los sacramentos», asevera el sacerdote.
En línea con lo expresado por los obispos anteriores, Martín Chapinal asegura que «no corresponde a un obispo, sacerdote o religiosa convertir esa presencia social en adhesión automática a un partido o a una determinada estrategia política». «Por eso, la pregunta ¿Puede un sacerdote ir a una manifestación?, tiene una respuesta sencilla: en principio, sí», sentencia. Sin embargo, a su juicio, «la pregunta realmente importante es: ¿Por qué va, en nombre de quién va, qué reivindica, cómo participa y qué mensaje transmite su presencia?»
No es una neutralidad cómoda
«La Doctrina Social habla de responsabilidad y participación, no de neutralidad ante cualquier situación. El cristiano no puede refugiarse siempre en un supuesto no nos metamos en política cuando están en juego cuestiones de justicia», agrega. Por eso, «el propio Compendio afirma que la Doctrina Social supone una responsabilidad de los miembros de la Iglesia y que la Iglesia tiene el derecho —y el deber— de hacer presente el Evangelio en la realidad social».
El Vicario de Evangelización y Pastoral añade un matiz sobre el bien común: «No es aquello que beneficia simplemente a la mayoría, sino las condiciones sociales que permiten a las personas y a los grupos alcanzar su desarrollo». «El Catecismo lo vincula expresamente con los derechos fundamentales, el bienestar social, el desarrollo y la paz», detalla.
Por eso, a su juicio, «podría ser perfectamente comprensible que un obispo participara, por ejemplo, en una concentración contra la violencia, en apoyo a las víctimas de una catástrofe, en defensa de los migrantes, contra el racismo, por la paz o ante una situación grave de injusticia».