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TRIBUNAEDUARDO TOMÁS TORO

La pornografía como amenaza social y jurídica

Explicaba el político Edmund Burke que «los hombres de mente intemperante no pueden ser libres. Sus pasiones forjan sus cadenas». ¿Y hay alguna cadena mayor que arrastre y someta a nuestra juventud que la pornografía?

La pornografía asalta a la infancia y juventud desde las pantallas al corazón. La búsqueda insaciable de placer sin sentido, sin orden, sin razón, lleva al hombre a convertirse en un animal sometido a sus impulsos más bajos. El avance de esta grave plaga pornográfica sin verdadero freno legal hace preguntarse el porqué.

He leído con perplejidad cómo Ucrania está legalizando la pornografía para poder financiar la guerra por medio de un impuesto. ¿Hacia dónde vamos? Veamos en este artículo el problema que es la pornografía partiendo del punto de vista moral y social como vía de destrucción del hombre, y acabaremos con la regulación legal actual.

¿Qué es la pornografía? Según la RAE es la «representación explícita de actos sexuales que busca producir excitación». El objetivo de este material escrito, fotográfico o audiovisual es producir excitación, placer sexual.

El acto sexual es la expresión mayor de intimidad y unión física entre un hombre y una mujer, es el lugar sagrado donde se transmite una nueva vida. La banalización de este acto como objeto de consumo efímero, genera un vacío y deshumanización sin precedentes.

Las actividades asociadas a la creación de este tipo de contenido siempre han sido perseguidas por lo que ello conllevaba. Hay muchos casos de actores y actrices que, al salir de la industria, nos han narrado sus terribles testimonios de abuso, drogadicción y maltrato. Muchos se arrepienten de haber participado en esta mercantilización de sus cuerpos, que ahora cualquier niño con dos clics puede encontrar.

Es imposible de justificar moral o racionalmente que la pornografía sea buena. ¿A quién le gustaría que cualquier persona pudiera ver a sus padres desnudos en una pantalla? ¿Hay algo más denigrante?

Este problema no es solo en cuanto a la producción, sino en cuanto al consumo. ¿Quiénes consumen pornografía? Veamos una serie de cifras de la Agencia Española de Protección de Datos en tiempos recientes. Según esta, la edad media del primer acceso se sitúa en los 12 años; además el 97,3 % de los chicos y el 78,3% de las chicas menores de 18 años reconocen consumir pornografía. Un escenario que no es solo alarmante, sino insostenible para la salud pública.

El consumo de pornografía lleva a múltiples problemas de salud mental y física. Para empezar, está asociado a la reducción de los receptores D2 de dopamina por un fenómeno conocido como la desensibilización. Se crea tal tolerancia en el sujeto que este necesita contenidos más extremos para obtener excitación. Ello provoca luego mayor probabilidad de disfunción sexual, hasta un 30% más, e insatisfacción. Es un círculo vicioso que genera más inseguridad, dependencia, depresión y ansiedad en la juventud.

El problema legal

El acto sexual como origen de la vida humana exige una tutela jurídica especial. Como bien enseña la tradición del derecho natural, la ley humana tiene el deber de prohibir aquellos vicios que dañan a terceros y comprometen la conservación de la sociedad.

Desgraciadamente, en el marco normativo español se observa una trágica paradoja, pues se persiguen los delitos cometidos contra la infancia, mientras pasivamente se permite la distribución masiva de este veneno en el entorno digital. Tenemos grandes herramientas teóricas suficientes que, si fueran aplicadas, se atajaría en gran forma este problema.

El artículo 189 del Código Penal castiga con firmeza la utilización de menores en material pornográfico, protegiendo su dignidad y desarrollo integral. También la Ley 13/2022, General de Comunicación Audiovisual, exige a los servicios audiovisuales las medidas que impidan el acceso de los menores a este contenido.

Internacionalmente, el Convenio de Lanzarote del Consejo de Europa obliga a las naciones a combatir con firmeza la explotación y el abuso sexual infantil, exigiendo medidas en el ámbito tecnológico. La Directiva de la UE 2018/1808 autoriza a los Estados miembros a aplicar controles técnicos estrictos para verificar la edad, calificando los contenidos como nocivos.

Es verdad que la pornografía es una plaga que es sensiblemente nociva para la infancia, pero no se transforma en positiva cuando se llega a la mayoría de edad. La aplicación auténtica de este panorama legislativo reduciría con creces el problema que hay en la actualidad de la juventud, pero sería aun así insuficiente. Teniendo medios técnicos y legales para poder frenar este mal que asola nuestros hogares, el no aplicarlos muestra una clara intencionalidad de nuestros gobernantes: el dominio total del ciudadano adormecido por el vicio.

En esta línea explicaba el político Edmund Burke que «los hombres de mente intemperante no pueden ser libres. Sus pasiones forjan sus cadenas». ¿Y hay alguna cadena mayor que arrastre y someta a nuestra juventud que la pornografía?

Por último escuchemos la advertencia de Tomás de Aquino, que parece escrita para nuestro tiempo: «Los tiranos intentan impedir que sus súbditos se vuelvan virtuosos y magnánimos, pues saben que los hombres de espíritu grande e ilustrado no soportan fácilmente la dominación injusta».

Volvamos a recuperar la virtud, para así defender nuestra libertad frente a la tiranía. Que no entre nunca la pornografía en nuestros hogares, pues es la puerta abierta a su destrucción.

Eduardo Tomás Toro es graduado en Derecho, Teología y Filosofía