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Algunos de los mártires de la hoy diócesis de Getafe

Algunos de los mártires de la hoy diócesis de Getafe

«Todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre»: Getafe evoca a sus mártires

Sus historias, «especialmente las de los más cercanos a nosotros, no pueden dejar de provocarnos», asegura monseñor Ginés García Beltrán

«San Cipriano acuñó en el siglo III una expresión que después utilizaría san Agustín: 'No es la pena o el sufrimiento lo que hace al mártir, sino la causa' ('Martyrem non facit poena sed causa')». El obispo de Getafe (Madrid), monseñor Ginés García Beltrán, acaba de publicar la Carta Pastoral para el curso 2026-2027 «Para que tengan vida», en la que señala que «nuestra diócesis, junto a las diócesis hermanas de Madrid y Alcalá, tendremos la gran alegría de celebrar la beatificación de un grupo de mártires vinculados al Seminario Conciliar de Madrid durante la persecución religiosa del siglo XX», prevista para el próximo 28 de noviembre en la catedral de la Almudena de Madrid. «De los 11 nuevos beatos, 4 pertenecen a lo que actualmente es la diócesis de Getafe», recuerda el prelado.

Según apunta monseñor García Beltrán, «aquellos jóvenes a quienes Dios llamó con fuerza en los primeros años de su vida», «con la radicalidad sencilla del estilo apostólico, dejaron atrás todo lo que eran y todo lo que tenían para seguir al Señor sin reservas». Y lo siguieron hasta el extremo del amor, compartiendo con Él no solo el camino, sino también el destino: la entrega total de la vida", agrega en su carta pastoral.

«Desde los primeros siglos, la Iglesia ha visto en el testimonio de los mártires la expresión más alta de esa vida recibida y ofrecida», pondera el obispo de Getafe. «Cuando san Luis, en su lecho de muerte en Túnez, dictó su testamento espiritual, recomendó a su hijo: Has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes de cometer pecado mortal». «Podrían parecer palabras del pasado, de un estilo impropio de nuestra época», apunta, «pero, sin embargo, revelan un aspecto fundamental del cristianismo: no debemos tener miedo a testimoniar a Cristo, aunque eso haga que seamos percibidos como fuera del mundo».

«El Concilio Vaticano II actualizó estas palabras, y la de tantos otros en la tradición, cuando puso de manifiesto que todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta el derramamiento de sangre (cf. Lumen Gentium 42)», recuerda el prelado, quien, posteriormente, repasa la vida de los cuatro mártires «que pertenecen a lo que actualmente es la diócesis de Getafe».

Ángel Trapero Sánchez-Real (1916-1936)

Natural de Navalcarnero, nacido el 23 de junio de 1916 en una familia acomodada. En el Seminario Conciliar de la Inmaculada y san Dámaso cursó siete años: tres de latín y humanidades, tres de filosofía y uno de teología. Sus calificaciones son sobresalientes.

El 11 de octubre de 1936, la casa familiar recibe una desagradable visita: un grupo de milicianos practica un registro en su domicilio. Se llevan consigo dinero, joyas y a Ángel por ser seminarista. Lo trasladan a la checa de García Atadell, donde está dos días, y luego a la cárcel de Porlier. El 9 de noviembre fue sacado junto a otros treinta y un reclusos y ejecutado.

En 2017, los restos del siervo de Dios fueron depositados en la capilla del Seminario de Madrid, bajo el retablo de San Dámaso.

Miguel Talavera Sevilla (1918-1936)

Nació el 29 de septiembre de 1918 en Boadilla del Monte (Madrid). Es formado en las fuertes convicciones cristianas que viven sus padres y, en el plano académico, acude a la escuela del pueblo, dedicando el tiempo libre a las tareas propias de una familia de agricultores. Tras recibir la primera comunión, Miguel comenzó a ayudar en misa como monaguillo. En septiembre de 1929 ingresa en el seminario. Hasta 1936 transcurren siete cursos, durante los que Miguel estudia cuatro de latín y tres de filosofía.

Finalizado el curso, regresó a casa, desde donde es testigo de la persecución que se sufre en la capital. En la acusación contra Miguel consta «haber sido seminarista». No se puede precisar ni el lugar ni la fecha exacta de su asesinato. Este se sitúa en torno al 9 de octubre de 1936. Miguel pudo ser llevado «al alto de la cuesta de las Perdices, antes de llegar a Aravaca», según declaración del tío de Miguel, que tuvo ocasión de preguntar sobre estos datos a un miliciano. Su cadáver no ha podido ser hallado.

Pablo Chomón Pardo (1914-1936)

Nacido en Quintanilla de Escalada (Burgos) el 25 de septiembre de 1914. Su tío sacerdote, D. Julio, fue decisivo en su vocación. Los problemas familiares, por la difícil relación entre sus progenitores, fueron insalvables. Siendo aún muy pequeños, la madre toma a sus hijos, Lorenzo y Pablo, y se va a Madrid.

Pablo estudió en el seminario 12 años, desde 1924. En julio de 1936, ya acólito, fue a Ciempozuelos para pasar las vacaciones con su madre y su tío. Pudieron vivir con cierta normalidad hasta el 2 de agosto, pero el 6 son llevados a la cárcel de la iglesia parroquial hasta que, el 7, son asesinados en Valdemoro. Fueron inhumados en una fosa común en el cementerio municipal, hasta su traslado, sin individuar, a la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Julio Pardo Pernía (1873-1936)

Fue como un padre para el anterior, Pablo Chomón. Ordenado presbítero en Burgos el 8 de junio de 1895. D. Julio se traslada a Madrid, donde es nombrado confesor de las Religiosas Hospitalarias de Ciempozuelos. La buena reputación de D. Julio, y su fama de santidad fue percibida incluso por los que le causarán la muerte más adelante, quienes lo describieron a una de las hermanas Hospitalarias diciendo: Tienen ustedes por confesor a un santo.

El resto de su vida transcurrió paralela a la de Pablo, su sobrino seminarista. Ambos entregaron su vida en Valdemoro.

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