Fallece sor Celina, el «rostro amable» de las clarisas, el día que cumplía 75 años de religiosa
Murió a los 94 años en el día de la Virgen del Pilar, tras pasar cuatro décadas atendiendo «con su constante sonrisa, sincera paciencia y dulce voz» la portería del convento
Sor Celina, el «rostro amable» de Salvatierra
Su historia pasará, como la de la mayoría de monjas de clausura, desapercibida. Hay muchas religiosas en España; muchas son muy mayores, y varias mueren cada día. Nada, aparentemente, muy noticioso.
«Fallece sor Celina, el 'rostro amable' de las clarisas de Salvatierra». Así lo anunciaba ayer martes la diócesis de Vitoria. «El mismo día en que celebraba sus bodas de brillante como religiosa, esta monja de 94 años y natural de Yécora partía tras haber dedicado más de cuatro décadas a atender la portería y confitería de la comunidad», agregaba. Un rostro amable, una portería y cuatro décadas endulzando paladares. El resumen de una vida sencilla, plena y consagrada a Dios.
Seguramente no sea fácil llegar a los 94 años y mostrar «un rostro amable». El Papa Francisco solía advertir sobre «los rostros avinagrados», que tal vez sean más frecuentes que los rostros amables. Y, si la cara es el espejo del alma, el alma de sor Celina era, por tanto, amable. Amable proviene del latín amabilis y significa, según el Diccionario de la Lengua Española, «ser digno de ser amado, así como afable, complaciente y afectuoso».
Sin duda sor Celina había descubierto, en sus serenas horas de portería y en sus atareadas horas entre pucheros, el gran secreto que transforma cualquier vida: que era digna de ser amada.
Sor Celina, en el centro, con otras hermanas de su comunidad
Este lunes cumplía sus bodas de brillante como consagrada bajo el carisma de Santa Clara y San Francisco de Asís en la comunidad de las hermanas clarisas de Salvatierra (Álava). Y fue precisamente en esas bodas cuando el Esposo la quiso plenamente para Sí. Allí había permanecido la mayor parte de su vida. Nacida en 1932 en el seno de una familia cristiana en Yécora (Rioja Alavesa), «pronto supo que quería dedicar su vida a Cristo a través de una vida de oración y servicio a los pobres», explica la diócesis en una nota. «Otra hermana suya también se sumó, uniéndose a la comunidad como clarisa, permaneciendo las dos en este mismo convento hasta el amanecer del 12 de octubre, cuando falleció», prosigue el comunicado.
A los 19 años hizo su profesión solemne como religiosa en la Orden de Santa Clara. «Le hacía ilusión ir a la Casa del Padre en el octavo centenario del Tránsito de San Francisco» que la Iglesia celebra este 2026. «Era muy de celebrar todo, siempre gozosa, entusiasta y la que nos recordaba las fechas importantes para la comunidad», destacan ahora sus hermanas en religión.
Muy querida «por su bondad», fue su cara visible del convento especialmente durante los últimos 40 años. Y es que sor Celina fue la responsable de atender a todas aquellas personas que se acercaban a la portería, bien fuera por curiosidad o para comprar algunos de los dulces elaborados de manera artesanal por estas religiosas. «Siempre con su constante sonrisa, sincera paciencia y dulce voz, fue el rostro amable que durante más de cuatro décadas, año tras año, y especialmente en Navidad, aconsejaba a todos los visitantes sobre la alegría y felicidad de llevar una vida de oración, mientras a tantos otros recomendaba la variada repostería, turrones y otros productos tradicionales hechos a mano por estas religiosas», resume su vida la diócesis vasca.
Una vida sencilla, en silencio, sin estridencias, que le valió ser «el rostro amable» de Salvatierra.