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Varios de los voluntarios, en pleno reparto de alimentosDeClausura

Los voluntarios que «les hacen la compra» a diez conventos de clausura

En plena época de Glovo y Deliveroo, miembros de Emaús de Cantabria se organizan para llevarles «la lista de la compra»: «Tenemos más personas dispuestas a colaborar que plazas disponibles para las rutas actuales»

Lo que comenzó como un sistema de aprovechamiento de excedentes alimentarios se ha convertido en una auténtica red de comunión entre empresas, voluntarios y monasterios. «Es una iniciativa que alimenta físicamente a las comunidades religiosas y nutre espiritualmente a quienes participan en ella», explican desde la fundación DeClausura, que ha impulsado la iniciativa de la mano de BM supermercados.

El proceso es sencillo: «Cada semana, las entregas llegan a diez comunidades contemplativas gracias a una red de voluntarios que recoge alimentos en once establecimientos BM repartidos por Cantabria», señalan. Todos ellos pertenecen a los grupos de Emaús y realizan esta labor de manera completamente voluntaria. «De hecho, hay más personas dispuestas a colaborar que plazas disponibles para las rutas actuales», aseguran desde DeClausura.

Pero, además de ayudar a las religiosas económicamente, ha surgido un fruto que quizás no esperaban: «Han estrechado lazos y descubierto mutuamente vocaciones y modos de vida que, hasta hace poco, permanecían desconocidos para muchos», afirman. «Estamos encantadas con el grupo de Emaús que viene los jueves a traer los alimentos. Nos habéis hecho un favor a ambos, pues es una forma de comunicarnos la gracia de Dios con el cruce de miradas llenas de luz y sonrisas», aseguran algunas de las monjas beneficiarias.

Dos voluntarios, en pleno repartoDeClausura

Para Santiago Bustillo, coordinador de los voluntarios de Emaús, «de repente tienen la oportunidad de conocer en persona a monjas de clausura, hablar con ellas y compartir unos minutos. No se trata simplemente de un reparto de alimentos. Recogemos y entregamos con alegría porque queremos disfrutar de ese encuentro. Lo más importante es que ellas vean que existen para nosotros, que las queremos y que somos conscientes de que rezan por el mundo».

«Disfrutamos de hablar unos minutos con las hermanas y de ver la alegría con la que nos reciben. Esa simpatía, esos ojos y esa expresión de agradecimiento, aunque les llevemos cuatro cosas, nos llegan al corazón», señala Bustillo. Con el tiempo, claro, la confianza y aprecio mutuo ha ido creciendo: «Les confiamos enfermedades, dificultades familiares, problemas de salud mental o preocupaciones de personas cercanas. Cariñosamente las llamo las 'profesionales de la oración'. Pones esas intenciones en manos de Dios y ellas las hacen suyas», observa el coordinador de los voluntarios de Emaús.

Bustillo recuerda incluso el caso de una persona que atravesaba una situación especialmente difícil y cuya intención fue llevada a todos los conventos participantes. Con el tiempo, aquella persona terminó acercándose personalmente a una de las comunidades para agradecer las oraciones recibidas.