La Madre María del Mar es la abadesa del monasterio cisterciense de la Encarnación en Córdoba

¿Tienes miedo a la muerte? Una monja cisterciense da la clave para superarlo

En el Día de Todos los Fieles Difuntos, la abadesa del monasterio de la Encarnación, en Córdoba, plantea: «¿Por qué esperar al último momento para decir a los nuestros que los queremos?»

«No hay manera de que se quede; quiere ir a misa. ¡No hay manera que se quede!». Madre Presentación estaba «muy mayorcita, muy anciana», rememora madre María del Mar, la abadesa del monasterio cisterciense de la Encarnación, en Córdoba. Pero ese día, el de la Ascensión, coincidía con su aniversario de profesión religiosa, y no había manera de convencerla para que se quedara en su celda. «Quería ir a misa... Bueno, pues la hermana la puso en su carrito, la tenía arregladita. La puso en su carrito. Dijo: Venga, madre, pues vamos a misa. Bajamos a misa, y murió en la misa, allí. Fue una cosa muy rápida», prosigue la abadesa.

El vídeo lo acaba de publicar la fundación DeClasura y, en apenas unos días, ha alcanzado las 20.000 visualizaciones. «Verdaderamente impresiona, ¿no? Cómo está hermana ha dado su último suspiro el día de su profesión, en la misa, con ese fervor, ¿no? Tenía que estar bien mala», prosigue la abadesa cisterciense. «Le quedaba poco rato de vida, ¿no? De esta vida, esta mini vida. Porque aquí tenemos una mini vida, que es bien pequeña», observa la religiosa contemplativa. «Pero no, la vida no termina. Eso lo dice San Pablo», recuerda.

«Nuestra nuestra vida cristiana no tiene su centro aquí», agrega la abadesa cisterciense. «Si yo creo en Dios, mi centro no puede estar aquí. Tiene que estar en en el cielo, tiene que estar en la vida eterna, tiene que estar en Él, y Él no muere, Él está vivo», subraya. La religiosa también sugiere «profundizar en esto y aprovechar para orar»: «Señor, Tú házmelo ver, Tú házmelo sentir; explícamelo Tú».

La abadesa cisterciense hace una última reflexión que está muy relacionada con el Día de Todos los Fieles Difuntos: «¿Una buena muerte? La que Dios quiera para mí, esa es la mejor para mí». «Sabemos que vamos a morir, así que yo ya la preparo con tiempo. ¿Para qué voy a esperar a saber que me voy a morir para llevarme bien, para solucionar alguna cosa o para decir a mi familia que la quiero? ¡Pues no; vamos a hacerlo ya! Y, entonces, así moriré siempre bien. Es es una cosa buena», concluye.