El arruinado claustro del monasterio de Santa María de Rioseco, en Burgos
La Desamortización de Mendizábal también arruinó siglos de cultura del vino en los conventos: «Fue devastador»
«De un día para otro, comunidades que habían cultivado sus viñedos durante siglos —en algunos casos, durante más de ochocientos años— se vieron expulsadas y sus tierras subastadas al mejor postor», denuncia una experta
Obras de arte expoliadas, extraordinarios conjuntos arquitectónicos arrasados, bibliotecas incendiadas, incunables desaparecidos, objetos de incalculable valor extraviados para siempre... El balance de la infausta Desamortización impulsada por el político masón Juan Álvarez Mendizábal en 1835 y que obligó a los religiosos a abandonar todos sus conventos no puede ser más penoso. Pero hay un factor más –quizás menos conocido– que supuso un verdadero mazazo para la maltrecha economía española de aquella época: la pérdida de la cultura vitivinícola que se custodiaba en los monasterios.
«El impacto de la Desamortización sobre la viticultura monástica fue catastrófico», explica Elena Añover, una emprendedora formada en el mundo del vino que ha impulsado Lagar de María. En un artículo publicado por la fundación DeClausura, Añover señala que, «de un día para otro, comunidades que habían cultivado sus viñedos durante siglos —en algunos casos, durante más de ochocientos años— se vieron expulsadas y sus tierras subastadas al mejor postor». «El saber acumulado, las variedades seleccionadas, los métodos de vinificación desarrollados durante generaciones: todo eso era invisible en los contratos de compraventa», lamenta.
«Algunos viñedos monásticos fueron adquiridos por propietarios privados que continuaron su explotación: es el caso de varios pagos en La Rioja, donde familias burguesas compraron las tierras de monasterios suprimidos y dieron continuidad a la producción. Pero en muchos otros casos, la ruptura fue total: los viñedos fueron abandonados, replantados con otros cultivos o, simplemente, dejados morir», agrega la experta.
Elena Añover, la impulsora de 'Lagar de María'
Su conocimiento de la cultura vitivinícola y su profunda fe fue lo que le llevó a crear 'Lagar de María', «una iniciativa que propone redescubrir la tradición monástica del vino y otros productos artesanales que se elaboran dentro de monasterios y conventos que todavía hoy mantienen viva esta herencia centenaria».
Pérdidas irreparables
«Más allá de las tierras y las bodegas, lo que la Desamortización destruyó de manera más irreparable fue el capital humano: la memoria vitícola acumulada en las comunidades monásticas», observa Añover. «Cuando los monjes abandonaron sus monasterios, se llevaron consigo siglos de observaciones, de conocimiento empírico sobre el comportamiento de las variedades en cada parcela, sobre los mejores momentos para la vendimia, sobre los métodos de vinificación apropiados para cada tipo de uva», prosigue.
Parte de ese conocimiento estaba escrito en los archivos monásticos, «que en muchos casos fueron dispersados o destruidos». «Pero gran parte residía en la memoria práctica de los propios monjes, en el saber hacer transmitido oralmente de generación en generación. Ese conocimiento, imposible de recuperar, se perdió para siempre», sentencia.
Según la experta, «algunas variedades de uva que los monjes habían seleccionado y preservado durante siglos desaparecieron también en ese proceso». La legislación tuvo también sus consecuencias ecológicas: «La biodiversidad vitícola, que los monasterios habían conservado gracias a su política de mantener múltiples variedades en los mismos viñedos, sufrió una pérdida irreversible. La viticultura del siglo XIX, orientada hacia la productividad y la uniformidad, continuó ese proceso de empobrecimiento genético».
El resurgir
Pero, poco a poco, algunos monasterios han tratado de recuperar su tradición vitivinícola. Es el caso de Santa María de Poblet (Tarragona), declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991, y uno de los monasterios cistercienses más grandes y mejor conservados del mundo. Expulsada la comunidad por la Desamortización, los monjes regresaron en 1940. «En las últimas décadas, la comunidad de Poblet ha retomado la producción vitícola, recuperando una tradición que se remonta a la fundación del monasterio en el siglo XII», explica Añover en su artículo. «Con la marca Les Masies de Poblet, los monjes elaboran vinos de la Denominación de Origen Conca de Barberà que son reconocidos como una referencia en la recuperación del patrimonio vitícola cisterciense catalán», subraya la experta.
Un monje explica las bondades del vino elaborado en su abadía
Algo similar ocurre en la abadía de Montserrat (Barcelona) y el cava monástico, o en Santa María de Huerta en Soria; en Oseira, en Galicia, o en diversas comunidades de monjas en Extremadura, La Rioja y Castilla, que «producen pequeñas cantidades de vino para uso propio y para la venta en sus tiendas monásticas».
«Estas producciones, modestas en volumen pero extraordinarias en autenticidad, son precisamente el objeto del proyecto 'Lagar de María': ponerlas en valor, darlas a conocer y crear un espacio de encuentro entre el mundo contemplativo y la sociedad contemporánea», concluye Añover.