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Ana intervino ayer en el programa 'Espejo público' de Susanna Griso

El estremecedor testimonio de Ana tras perder a su hermano en Urda: «Estaba hecho para algo mucho más grande que este mundo»

«Si no es por la fe, esto no se sostiene», reconoció ante las cámaras de 'Espejo público', a la vez que encomió la labor de la Iglesia al acoger a todos los familiares: «No tenemos vida para agradecer lo que estamos recibiendo aquí»

Con entereza, serenidad y un inmenso dolor, Ana dejó ayer prácticamente sin palabras a todos los contertulios del programa Espacio Público, que dirige Susanna Griso en las mañanas de Antena 3. Su hermano es uno de los fallecidos en el terrible accidente ferroviario del pasado miércoles en Urda (Toledo), y ella reconoció que «estoy intentando encontrar la fuerza y la entereza para sostener a los que me necesitan», refiriéndose en especial a «la mujer de mi hermano, que tiene dos niños en el mundo que son dos tesoros a los que hay que cuidar, que se merecen crecer con alegría y con amor». «Yo solamente le pido a Dios que me dé las fuerzas de, a partir de ahora, vivir al servicio de ellos, de atenderlos en sus necesidades y estar incluso sin que me lo pidan», llegó a decir Ana.

«Si no es por la fe, esto no se sostiene, Susanna. Si no es por la fe... Y me siento también muy afortunada por eso, ¿eh?», subrayó la hermana del fallecido en el accidente. «Ana, yo no sé si es la fe o vuestros propios valores, pero estáis demostrando una entereza increíble», corroboró Griso, quien reconoció que «las familias de las víctimas, es que a mí me dejan pasmada, de verdad. O sea, es que me conmociona».

La Iglesia, «institución terrible»

Otra contertulia presente en la mesa insistió en este punto: «A mí me gustaría poner en valor el papel de la fe, tanto la tuya como de otras víctimas que hemos visto. Veíamos un vídeo muy emocionante donde un herido decía: Dios es bueno. Y decir Dios es bueno en esas circunstancias, es imposible». La contertulia también ensalzó «el papel de la Iglesia, porque tú ahora mismo estás en una casa parroquial. Normalmente, solo sale en las noticias como institución terrible y me gustaría que nos contases qué papel ha tenido en estos momentos estar en una casa parroquial, la Iglesia y esa comunidad que tiene fe como tú», le preguntó.

Ana fue rotunda en su respuesta: «Yo no tengo vida, ni yo ni mi familia, y estoy convencida de que ninguna de las personas que han estado aquí, no tenemos vida para agradecer lo que nosotros estamos recibiendo aquí». «No es normal, no es normal la atención; no es normal los servicios; no es normal, de verdad, no es normal», insistió. «Y sabemos que todo es gracias a la Iglesia y a la intercesión de Dios, que lo está haciendo posible», prosiguió. «Recuerdo algunos otros accidentes que han pasado desgraciadamente, que se han habilitado carpas, o que se han habilitado pabellones, y, ¡Dios mío!, nosotros estamos aquí en el cielo con estas personas», enfatizó.

«Mi hermano, Susanna, solamente te puedo decir que estaba hecho para algo mucho más grande que este mundo injusto y egoísta. Y ayer lo decía mi tía Loli, mi tía la monja, que se ha ido él porque era el único que estaba preparado para irse. El corazón más grande que había en mi familia», agregó Ana, que mantuvo la entereza y el tono sereno a lo largo de los más de cinco minutos de entrevistas. «Su misión no está aquí, en este mundo tan pequeño, tan injusto, tan egoísta. Su misión es cuidarnos desde ahí arriba y nosotros encargarnos de multiplicar todo lo que él ha dejado aquí», sentenció, a lo que la periodista, visiblemente emocionada, respondió: «Pues bendita fe, Ana».