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16 de junio de 2024


José Luis Montero Casado de Amezúa

Qué es la vida, por qué late un corazón

Ojo al eliminar una vida, decidiéndolo quien no sabe lo que es la vida

Actualizada 13:29

¿Qué es la vida? –vaya una pregunta, todos sabemos lo que es la vida, y distinguimos cuando un ser está vivo y cuando está muerto–. Imaginemos una persona que está en un quirófano. Hoy es posible quitarle la sangre y volvérsela a inyectar. Pero supongamos que al retirarle la sangre provocamos la muerte. Y, comprobado el fallecimiento, se vuelva a inyectar toda la sangre. La persona no vuelve a la vida. ¿Por qué?, si todo está igual que antes. ¿Qué se ha roto? La vida, pero entonces, cual es su esencia, ¿qué es?

Es sabido que el decálogo se divide en dos tablas, la que contiene los tres primeros mandamientos relativos a la relación del hombre con Dios y los siete segundos sobre la relación con los hombres. Estos siete tienen un orden del que puede sacarse los tres primeros por su relación con la vida; el cuarto es honrar a los que te han transmitido la vida, no porque naciera de ellos, que también la han recibido, sino porque ellos tienen la capacidad natural de transmitirla; el quinto prohíbe quitar la vida, desde la concepción hasta la muerte; y el sexto se dirige a tener una sexualidad «pura», conforme a la naturaleza lo que da lugar a la transmisión de la vida a los descendientes.

Si ahora leemos que Jesucristo dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida», resulta que al crearnos Dios a su imagen y semejanza, además de darnos el libre albedrío y la razón, nos ha hecho partícipes de algo que sólo Él es: la vida. Dios dijo «Yo soy el que soy», es decir, el que existe por sí mismo, el que tiene la vida hasta poder decir «yo soy la resurrección y la vida», y por semejanza, aunque no podamos crear vida, sí podemos transmitirla.

Ojo, pues, al eliminar una vida decidiéndolo por quien no sabe lo que es la vida, ni sabe por qué su corazón late desde al día en que le concibieron, ni sabe por qué ha respirado desde el día que nació, ni sabe el origen del funcionamiento de todo el resto del cuerpo humano, ni ha hecho nada para que todo se mantenga vivo, por más acierto que tenga en solucionar algunos problemas médicos.

Viendo la polémica que se ha montado con el protocolo de la Junta de Castilla y León, esperaremos a que el Tribunal Constitucional nos diga quién tiene competencia para hacerle una ecografía al bebé antes de matarlo, pero no debemos olvidar a Teresa de Calcuta cuando en la Asamblea de la ONU pidió que le dieran a todos los niños concebidos, para que vivan una vida natural hasta que les llegue la muerte y aceptándola puedan decir con Jorge Manrique: «Dio el alma a quien se la dio, el cual la ponga en el cielo y en su gloria; y aunque la vida murió, nos dejó harto consuelo: su memoria».

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